Ángel Correa, el talento que acaba de llegar a cambio de 15 millones de dólares, conserva su físico intacto apenas diez minutos y termina reemplazado, mirando desde el banco de suplentes con hielo en la pierna derecha. Nicolás Otamendi, ese campeón del mundo en Qatar y subcampeón de la gran España en el reciente Mundial 2026, especialista en el cabezazo y de personalidad inmensa, es arrasado en una pelota área por Alexis Steimbach, un futbolista que casi nadie reconocería en la calle y que con ese salto convierte de cabeza el gol de la victoria de Gimnasia.

En el bosque platense, en ese estadio donde Diego Maradona recorrió sus últimos partidos como entrenador antes de su trágica muerte, Ángel Correa y Nicolás Otamendi sintieron en carne propia el rigor de la crisis que envuelve al River que ahora defienden y también el de la mediocre liga argentina, en la que sobra músculo y falta jerarquía.

Correa y Otamendi son los dos refuerzos-estrella de un River que cada vez juega peor y pierde muy seguido. Ahora cayó contra Gimnasia en La Plata por 1-0, en la segunda jornada de la liga argentina. Ya venía de perder en la primera jornada contra Barracas Central en el mismísimo Monumental y por el mismo resultado. Ahí el marcador central también había sido titular, mientras que el ex Atlético de Madrid había ingresado en el segundo tiempo. Y antes de que ellos debuten, este River de Eduardo Coudet además había sido eliminado de la Copa Argentina por el modesto Aldosivi con una derrota por 1-3. Peor no podría haber arrancado el segundo semestre para los millonarios.
Todo es producto de una confusión generalizada en un club con una dirigencia que marginó a 11 futbolistas con un comunicado oficial sin precedentes, prometiendo una revolución en el mercado que por ahora no se traduce en el campo de juego ni en los resultados. Y el ex técnico del Alavés y del Celta pide tres o cuatro incorporaciones más.
De todos modos, más que los intérpretes, existe un problema de identidad. No se percibe a qué quiere jugar River. Tiene mucho la pelota, pero casi no genera situaciones. No exhibe dinámica ni cambio de ritmo, déficits que hace tiempo no resuelve. Y lo sorprenden con facilidad a pesar de que en la defensa abundan los jugadores con experiencia y recorrido internacional y también de Selección: Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Nicolás Otamendi y Marcos Acuña, otro que salió con una lesión muscular.
La liga argentina, con sus mediocridades, no perdona. La mayoría de los equipos, como no tienen jerarquía individual, juegan a friccionar, corren, traban y apuestan a sorprender con réplicas a los espacios vacíos. En este escenario, los grandes que cargan con la responsabilidad de protagonizar padecen al extremo. Y las estrellas que vuelven después de sus experiencias internacionales también lo sufren. Angelito Correa y Nico Otamendi lo pueden contar.