Las recientes declaraciones del presidente de la República, Abelardo de la Espriella, en las que anunció una “lucha abierta, total, decidida y patriótica contra el wokismo” durante una visita al Ministerio de Cultura, encabezado por Paola Holguín, han generado una fuerte controversia en el espectro político nacional y alimentado una intensa discusión en las plataformas digitales.
El término, usado de formas muy distintas según el debate político, pasó a ser uno de los ejes de la llamada “contrarrevolución cultural” que plantea su Gobierno: en contraste con la apertura que tuvo este concepto durante la administración de Gustavo Petro, que sí impulsó y priorizó agendas fuertemente ligadas a lo que en el exterior se conoce de esta forma.
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En su origen, el concepto woke es una palabra inglesa que, en su significado literal, puede traducirse como “despierto”. Pero que en Estados Unidos se ha empleado para aludir a la conciencia sobre el racismo, la discriminación y otras desigualdades. Con el tiempo, su uso se amplió y adquirió una dimensión política más amplia, abarcando otras causas progresistas.

Durante su intervención, el primer mandatario presentó una definición propia del término y lo vinculó con asuntos culturales, educativos e identitarios. “El wokismo desconoce las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, falsifica la historia reduciéndola a una sucesión de pugnas entre opresores y oprimidos”, afirmó el presidente colombiano.
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En su intervención, el mandatario también sostuvo que esa corriente “impone, a través de la violencia física y verbal, sus postulados en la educación, el lenguaje inclusivo y, como se ha dicho, en la cultura”. Con esto, reiteró que su administración no admitirá posiciones diferentes dentro de la estructura oficial, lo que fue catalogado por sus críticos como censura.
“No hay ambigüedad en esa materia y no voy a permitir que ningún funcionario la tenga”, dijo. Luego agregó que quienes integren su Gobierno deberán compartir los “principios y valores fundacionales” que defiende su proyecto político, lo que abrió pie a un debate sobre el papel del Estado en cultura, la educación y la memoria histórica de la nación.
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Para el Gobierno de De la Espriella, esos espacios deben reforzar una idea de patrimonio nacional, tradición familiar, libertad individual y valores religiosos; lo anterior, en medio de la discusión por el retiro de los objetos que se exhibían del excomandante de la guerrilla del M-19 y excandidato presidencia, Carlos Pizarro Leongómez, en el Museo Nacional.
En 2022, Elijah Watson, editor de noticias y cultura del sitio estadounidense Okayplayer, señaló a la BBC que el novelista William Melvin Kelley es considerado como el que acuñó este calificativo, en 1962, cuando publicó en The New York Times el ensayo If You’re Woke, You Dig It (Si estás despierto, lo entiendes), en principio dirigido para la comunidad afroamericana.
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En la actualidad, el “wokismo” suele ser una etiqueta utilizada por sus críticos, sobre todo en sectores conservadores y liberales, para cuestionar políticas o posturas vinculadas con la identidad de género, el lenguaje inclusivo, las demandas de minorías y las revisiones históricas centradas en desigualdades entre grupos sociales, originadas en EE. UU., pero ya expandidas.
En ese sentido, uno de sus críticos es Agustín Laje, politólogo y escritor argentino, que explica desde una perspectiva conservadora que el término representa la “máxima expresión de la batalla cultural de la nueva izquierda”. En sus ensayos, plantea que esta corriente reemplaza la lucha de clases propia del marxismo clásico por una agenda basada en identidades.
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se refirió en reiteradas ocasiones al término woke. El republicano, con quien ha mostrado cercanía y alineamiento en algunas políticas, como el traslado de la embajada colombiana ante Israel a Jerusalén, hizo de la confrontación con los llamados woke lefties uno de los ejes de su campaña en 2020 y 2024.
Ante el Congreso, tras asumir el mandato el 20 de enero de 2025, proclamó de manera enérgica. “Estados Unidos ha dejado de ser un país woke”. La frase en su momento fue presentada como una señal de cambio hacia posiciones tradicionales y de revisión de las políticas de diversidad, pero también el inicio de su batalla contra universidades.
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En su pronunciamiento, De la Espriella planteó que la cartera vuelva a llamarse Ministerio de Cultura y Patrimonio, en reemplazo de la denominación promovida durante el cuatrienio anterior: Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. El presidente afirmó que el objetivo será conservar y transmitir el legado histórico del país frente a las decisiones anteriores.
También ordenó revisar expresiones culturales que, según su criterio, hagan apología del terrorismo. “No acepto la apología al terrorismo. En este Gobierno se acabó”, sostuvo al referirse a contenidos y figuras presentes en espacios públicos; en específico frente a lo mencionado en el caso de Pizarro Leongómez, que fue líder insurgente a finales de los 80.
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Al calificar el wokismo como “uno de los grandes cánceres que amenazan la unidad nacional y a la sociedad colombiana”, el presidente dejó claro que el término será una referencia central de su agenda cultural. La discusión, sin embargo, abarca interpretaciones contrapuestas sobre igualdad, libertad de expresión, identidad y el papel de las instituciones.

Los que defienden las posiciones que sus críticos llaman “woke” suelen rechazar esa denominación. Plantean que reconocer discriminaciones históricas por raza, género, orientación sexual o identidad de género permite diseñar políticas públicas más inclusivas, como se ha visto con movimientos como Black Lives Matter en territorio norteamericano.
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Sus detractores sostienen que esas corrientes pueden dividir a la sociedad entre víctimas y opresores, limitar la libertad de expresión o trasladar debates ideológicos a ámbitos como la educación, las instituciones y las empresas. En síntesis, el concepto no designa de oor sí una doctrina única ni una organización, sino que depende del contexto y de quien lo utilice.