Catalejo
Los guatemaltecos, en general, tenemos clara la posibilidad de terremotos como un hecho histórico.


Comienzo este Catalejo con un mensaje de apoyo solidario personal para los hermanos de Colombia, un país hermano similar a Guatemala en muchos temas, entre ellos estar localizados en complicadas y peligrosas zonas sísmicas, donde los movimientos telúricos han sido comunes desde hace cientos de miles de años. El terremoto del lunes, de grado 7.4, con epicentro en Chocó, al oeste de Bogotá, e hipocentro de cien kilómetros debajo de la superficie, aún no ha mostrado la verdadera suma de víctimas mortales o personas soterradas entre los escombros, porque esta se irá conociendo según actúen los rescatistas nacionales y quienes vendrán de fuera para realizar esa dolorosa y peligrosa tarea. Es el terremoto más fuerte de este siglo en esa zona.
Los videos ya conocidos internacionalmente impresionan a cualquiera al observar el terreno moviéndose y el derrumbe de casas de habitación, pero sobre todo de edificios de varios pisos, en algunos casos de mucha edad. Pero en casi todos los casos, verlos derrumbándose y aplastar a personas, al ver el ancho de las columnas, no dejan duda de graves errores de construcción, por causas tan variadas e irresponsables como corrupción, de efectos criminales, cálculos estructurales mal hechos, con intención o no. Un viejo dicho entre los ingenieros señala a los terremotos como las pruebas imposibles de borrar, con la excepción de los casos de magnitudes sísmicas muy superiores a aquellas registradas por años en los sismógrafos de las entidades encargadas.
Es importante el conocimiento público del significado de palabras relacionadas con los movimientos sísmicos, todos definidos gramaticalmente como terremotos, aunque en la realidad tienen diferencias referidas a su magnitud y efectos. Un temblor es un terremoto de baja intensidad, mientras un sismo es uno de una intensidad mayor pero con efectos destructivos y mortales menores. El término terremoto implica daños graves y por eso es la manera como se le debe identificar. A veces, el término oficial empleado por los gobiernos es temblor y nunca me he explicado la razón, pero tal vez tiene relación con motivaciones políticas. Estas no tan sutiles diferencias deben estar en el lenguaje coloquial de Guatemala y de todos los países mesoamericanos y del Caribe.
Los guatemaltecos, en general, tenemos clara la posibilidad de terremotos como un hecho histórico. El último, 4 de febrero de 1976, dejó 25 000 muertos y un millón de damnificados. A causa de las tres fallas tectónicas donde se encuentra: Cocos, del Caribe y Norteamericana, el siguiente ya está cercano, aunque no se puede saber cuándo ni dónde. Por esa realidad, la práctica de salida ordenada de escuelas, edificios y casas ya debe comenzar a realizarse constantemente, junto con constantes divulgaciones acerca de cómo actuar cuando un terremoto está ocurriendo, y sobre todo cómo no actuar, cómo estar preparado con comida enlatada, ropa, lámparas, pues no hacerlo es imprudencia criminal, a fin de evitar muertes por aglomeraciones humanas y acciones equivocadas.
En Colombia hay un detalle estrictamente político. El terremoto ocurrió a pocas horas de la toma de posesión del nuevo presidente De la Espriella, para quien lo ocurrido le permite actuar con toda seriedad constante y fuera de consideraciones ideológicas, en este momento de ninguna importancia. Esa actitud le permitirá ampliar el mínimo 0.6% de votos de diferencia con su adversario electoral. La seriedad implica no colocarse en el centro de todo, primero porque no es rey, y segundo porque necesita la colaboración de todos los colombianos y para eso llamar a simpatizantes y dirigentes de todos los partidos, obligados a actuar de la misma forma. La actuación en las tragedias le ha permitido a mandatarios crear apoyo, importantísimo en países partidos en dos políticamente.
ESCRITO POR:
