Un estudio internacional liderado por el INTA, el CONICET y Embrapa demostró que la defoliación tardía altera el contenido de aceite, proteína y compuestos clave. Alertan por el impacto de plagas, enfermedades y granizo durante el llenado.
10 de agosto 2026, 19:54hs

La investigadora Constanza Carrera evalúa el estado foliar y el desarrollo del canopeo en un ensayo de soja durante la etapa de llenado de granos. (Foto: INTA).
La calidad del grano de soja ya no puede atribuirse exclusivamente a la genética de la semilla o al clima que acompaña al lote durante el ciclo.
El manejo agronómico en la recta final de la campaña se consolidó como un factor determinante para definir el valor industrial y nutracéutico del principal cultivo de exportación de la región.
Así lo reveló una reciente investigación desarrollada en conjunto por especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Embrapa Soja de Brasil.
El trabajo científico analizó con lupa qué ocurre dentro de la arquitectura de la planta cuando se produce una pérdida de área foliar en la etapa crítica del llenado de grano.
Los especialistas comprobaron que una defoliación tardía no solo le resta kilogramos a la cosecha, sino que además degrada los componentes químicos esenciales que le otorgan valor comercial y nutricional al grano.
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La investigación estuvo encabezada por Constanza Carrera, especialista en Ecofisiología Vegetal del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales del Centro de Investigaciones Agropecuarias del INTA en Córdoba.

Análisis de laboratorio en Embrapa Soja, donde se cuantificó el impacto de la defoliación sobre el contenido de proteína, aceite y compuestos nutracéuticos del grano. (Foto: INTA).
La fotosíntesis en riesgo
El equipo midió el impacto de distintos niveles y momentos de defoliación en todos los estratos que componen el canopeo de la soja: el superior, el medio y el inferior.
Durante el llenado de grano, la planta necesita operar a máxima capacidad fotosintética.
En ese período, la generación de fotoasimilados resulta fundamental. No se trata únicamente de abastecer el crecimiento en tamaño y peso, sino de sostener la síntesis de las proteínas y los aceites que demandan los mercados internacionales, junto con compuestos de alto valor agregado para la industria alimentaria y farmacéutica.
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La soja es la mayor fuente global de aceite vegetal y de proteína destinada a la alimentación animal.
Sin embargo, su valor va más allá de la harina o el aceite crudo: contiene ácidos grasos esenciales insaturados como el linoleico (omega-6) y el linolénico (omega-3), así como isoflavonoides en la harina, reconocidos por su capacidad antioxidante.
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Al evaluar las defoliaciones a nivel de planta entera, los investigadores observaron que la reducción del follaje afectó a todos los estratos por igual.
Al achicarse la “fuente” fotosintética, cayó drásticamente la producción de compuestos destinados a los granos en formación, provocando un menor peso general y una alteración directa en la concentración final de sus componentes.
No todos los nutrientes responden de la misma manera ante el estrés. El estudio detectó que el contenido de aceite es uno de los componentes más sensibles a la falta de área foliar.
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Debido a que la acumulación de materia grasa depende de manera directa de la fotosíntesis activa en el momento exacto del llenado, cualquier interrupción en la intercepción de luz genera un impacto inmediato y desproporcionado sobre el rinde aceitero.
A diferencia de otros cereales u oleaginosas, la soja presenta una fructificación modular: florece y forma vainas de manera escalonada desde la base hasta la punta de la planta.
Esta estructura crea microambientes heterogéneos a lo largo del canopeo, lo que exige comprender cómo responde cada estrato ante imprevistos sanitarios o climáticos. La investigación permitió descifrar estos mecanismos fisiológicos, echando luz sobre cómo varía la calidad del grano según su posición en la planta.
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Desde la perspectiva del manejo en el lote, las conclusiones entregan una advertencia concreta para los productores y asesores técnicos.
La pérdida de hojas causada por ataques de orugas o chinches, el avance de enfermedades de fin de ciclo o los daños mecánicos provocados por granizadas no deben evaluarse únicamente bajo la métrica del volumen cosechado.
Proteger la fábrica foliar hasta el último día del ciclo es indispensable para preservar la calidad comercial de la producción.
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El rigor técnico del ensayo obtuvo un importante respaldo académico internacional.
La investigación fue galardonada con el premio al mejor trabajo en la categoría profesional durante el X Congreso Brasileño de Soja y Mercosoja 2025, celebrado en la ciudad de Campinas, donde compitió contra más de 300 trabajos presentados por especialistas de toda la región.