Alejandra Martínez nació el 19 de mayo de 1978 en Córdoba. Luego de terminar el secundario incursionó en el modelaje al tiempo que estudiaba Ciencias Económicas. En 2002, tomó la decisión de participar en Gran Hermano, en los primeros tiempos del reality, que era un verdadero boom televisivo.
Su llegada a Buenos Aires para unirse a GH fue el disparador para iniciar una carrera en los medios. Alejandra completó su formación estudiando periodismo y comenzó con la conducción de un programa de deportes extremos para luego ponerse al frente de El Garage durante siete temporadas.
Se consolidó como referente de ciclos deportivos, pero sobre todo ligados al automovilismo y en los últimos tiempos se afianzó como especialista en la Fórmula 1. Trabajó, entre otros en DirecTV y ESPN.

-Hoy tener una carrera en los medios y no tener un quilombo es una gran virtud, ¿sentís que lograste algo difícil de conseguir?
-Obviamente que sí. También eso hace que muchas veces yo sienta que me perdí oportunidades, quizás más grandes, por no estar tan involucrada con el medio. Por esa realidad de que hay que pertenecer un poquito, ¿no? Pero hay cosas que por ahí no iban tanto con mi personalidad. Y hoy que yo esté en el medio y que haya construido una carrera, para mí fue como descubrir algo en mí que nunca había imaginado y proyectado. Yo soy como muy Tauro, como muy de tener los pies sobre la tierra, cuadradita, que necesito del proyecto, de la certeza de saber hacia dónde voy. Siempre tuve como una dualidad, porque estudié Ciencias Económicas, pero siempre me gustó la publicidad. Yo cuando empecé mi carrera era porque a mí me gustaba la publicidad, la moda, soñaba con ser modelo. Era baja, claramente. Entonces, ahí era como que sabía que tenía como una contra, digamos. En mi época, las modelos eran uno setenta y cinco para arriba, uno setenta mínimo. Era “sino ni vengas a Buenos Aires”, porque yo soy de Córdoba.
-¿Igual apuntaste para ese lado, no?
-A los quince años mi abuela me regaló el curso de modelo. Me dijo: “¿Qué querés?”. Y le respondí: “El curso de modelo, abuela”. En ese momento estaban las escuelas de las modelos, las agencias en Córdoba, en esa época, Mannequins, que era como una sede de Doto acá. Y empecé a hacer publicidad y a trabajar mucho en publicidad en Córdoba. Estaba en el cole y mi abuela me acompañaba a todos lados. Cuando en los castings me preguntaban “¿qué vas a estudiar?" y yo les decía “Ciencias Económicas”, me respondían: “¿¿Qué??”. ¿Números en el mundo de la publicidad? Odian los números. Yo tenía como esas dos pasiones. Lo que pasa es que necesitaba lo seguro, la carrera, lo que me diera un futuro. En ese momento era así. De chica hubiera querido hacer danza, mis viejos nunca me pudieron mandar por una situación económica. También me gustaba el tenis, el deporte. Bueno, estaba todo eso ahí, latente, pero nunca lo había podido desarrollar. Y cuando empecé a crecer, como que empecé a probar eso y cuando terminé el cole, la facultad y qué sé yo, tenía veintidós años, me anoté en Gran Hermano. Eso fue como lo primero disruptivo que hice. Para mi sociedad y mi vínculo cerradito, yo, que era buena alumna, abanderada en el colegio siempre, medalla de honor, que en la facultad terminaba Ciencias Económicas en cinco años en la Nacional, que no lo hace todo el mundo, me quedaban cuatro materias para recibirme, que me haya anotado en Gran Hermano, la gente no me entendía, me decían: “¿Qué le pasó a esta piba?”. Decían: “¿En qué momento enloqueció?" Y de hecho, mi familia no estaba de acuerdo.
-¿La pasaste mal ahí con tu familia?
-Sí, les mentí. Nunca les dije que me había anotado. Yo tenía mi trabajo, que era la oficina, dentro del Consejo de Ciencias Económicas, yo trabajaba en la oficina de eventos, para los contadores, las olimpiadas deportivas. Mi jefe era como fanático de Gran Hermano. Yo no veía el programa, pero él todo el tiempo me decía: “¿Cuándo lo vas a ver? Así podemos charlar de Gran Hermano”.

-¿Eso fue en la primera edición de Gran Hermano?
-Sí, que era un boom. Si bien no lo veía, cuando llega la final y reparten la plata que reparten y el premio, yo dije: “Chau, esta es mi oportunidad”, porque era un montón de plata.
-Una fortuna, eran como doscientos mil dólares en esa época.
-Claro, entonces digo: “Si me anoto y gano, me puedo ir a probar suerte a Buenos Aires”. Todo estratégico, cien por ciento. Y bueno, me anoté. Para ese momento mandabas un email. Imaginate lo que es, un email sin fotos, sin nada. Acostumbrada a hacer castings de publicidad, ni una foto me pidieron, dije “esto qué raro, ¿qué es?”. Pero bueno, al tiempo me mandaron un email, me dijeron que iba a hacer el casting en Córdoba. Fui, pero a mí me daba vergüenza que me vieran. O sea, yo fui, eran unas siete mil personas en Córdoba, fue medio una locura. Ese día se cortó la fila, entramos de casualidad del otro lado de la reja, nos dieron un número, ¿viste cuando todo tiene que ser? Fue todo enredado, pero se fue dando para avanzar. A las únicas que les había contado era a dos amigas mías de la facultad, pero que me conocían y como las que no te van a decir que no. También a mi hermana más grande.
-¿Y cuando quedaste tuviste que contarlo?
-Ahí tuve que viajar a Buenos Aires una vez por un casting y a mi jefe le digo: “¿Ahora cómo le digo a mi mamá? Ella no sabe”. Entonces, en el consejo saqué por la oficina de turismo en cuotas un pasaje y mi jefe me dijo: “Bueno, decile que vas a rendir un evento que hubo en la oficina”.
-Una mentirita
-Una mentira, porque yo estaba en pareja en ese momento, con mi novio de toda la vida. Que no quería saber nada con que yo estuviera en Gran Hermano, ni le gustaba que yo fuera modelo ni nada de todo eso. Era como todo lo contrario. Y mi vieja, tampoco, mi familia era como conservadora. No era fácil en ese momento para mí tomar esa decisión.
-Y te la jugaste
-Y me la jugué. Me fui con las carpetas del consejo, actuando. Y vine a Buenos Aires a hacer el casting. Me volví a la noche, en bondi, porque no tenía para el avión las dos oportunidades. Ahí me empezaron a hacer el seguimiento hasta que tuve que volver a Buenos Aires para el último casting, que a mí me habían dicho que era medio como de suplente, una cosa así. Yo no sabía qué hacer, porque era volver a pagar otro pasaje y no tenía nada garantizado. Me decía “me estoy fundiendo y esto a dónde me va a llevar”. Y una amiga, una con las que hablaba del tema, me dice: “Mirá, ya llegaste hasta acá. Si no vas, chau. Por lo menos hace lo último”.
-El último tiro...
-Otra cuota más en el consejo, otro crédito más para el pasaje, y me vine. Cuando me vine, en realidad ya había quedado. Yo no lo sabía, claramente. Pero me vuelvo de Buenos Aires, y ahí ya forma parte la producción y ellos tenían que hablar con mi vieja y contarle esto. Ella no sabía nada. Yo llegué y tenían que hacer como el video con la familia, todos mis hermanos, todos ellos. Yo digo: “No, no se vayan, porque van a venir a grabar, porque me anoté”. Mi mamá me mira como diciendo: “¿Qué estás diciendo?”. Quizás acá en Buenos Aires es diferente, pero en Córdoba, al ser de una familia conservadora, es diferente. Incluso mis compañeros de facultad me negaban. No era un honor, al contrario, era como medio una deshonra. Después llegué a la final y se fue revirtiendo todo, porque los amigos del campeón están siempre (risas).
-Llegaste a la final y el rating era tremendo.
-Cuarenta puntos de rating.
-Y yendo al presente, con toda tu carrera, cubriendo Fórmula 1, programas del Mundial y tantos programas que has hecho, ¿te costó el mote de “Che, la de Gran Hermano”?
-Sí, un montón. Un montón. Sobre todo al principio. De hecho, me costó hasta en la vida personal. Porque, por ejemplo, me pasaba de salir a un boliche y de estar hablando con un flaco y que me dijera: “Ah, pensás”. Y yo decía: “Bueno, chau, vos no pensás, correte”. Me pasó de cruzarme con un profesor de la facultad en Córdoba, el de Derecho Laboral. Me lo cruzo una vez en el centro, yo ya había salido de Gran Hermano, y me dice: “¿Sabés qué? Cuando te vi dije: ¿qué le pasó a esta chica?”. Le digo: “Bueno, fue Derecho Laboral”, le decía yo (risas). Estaba eso de que si tenías inteligencia para una carrera, que me hubiera anotado en Gran Hermano... en realidad lo que yo buscaba era esta oportunidad de probarme desde otro lugar, de hacer algo que me gustara, pero que no sentía como seguro y como profesión.
-Y te salió bien
-Sí, y con el correr del tiempo fui encontrando el tema del periodismo y la conducción, que no fue algo que yo supiera de mí misma. Al inicio me decías a los dieciocho estudiar periodismo y te decía “ni loca”, porque no me gustaban las letras, me gustaban los números.
-De Gran Hermano pasaste a ser una referente de la Fórmula 1, ¿cómo fue que pasó, la verdad?, ¿te acordás ese gancho?
-En la vida a veces hay cosas que tienen que suceder y el automovilismo en mi vida viene siendo como un hilo conductor, un hilo rojo que no sabía que tenía en mi vida. La realidad que yo no sabía manejar cuando me vine a Buenos Aires y el primer programa que a mí me ofrecen después de Gran Hermano, como conductora, que yo no sabía lo que era conducir un programa, pero me llaman de Fox, un productor que había conocido en equis circunstancias, me dice: “Ale, mirá, están buscando una conductora para un programa de deportes extremos. Hicieron el piloto, aprobaron el piloto y no la conductora. ¿Te animás?”. Veintidós tres años, me animo a todo. No tenía problema con nada. Bueno, listo. Le digo: “Nunca conduje nada”. “No, no pasa nada, qué sé yo, andá a hacer el casting”. Fui a hacer el casting a Fox, Torneos.
-¿Programa de autos?
-De un programa de deportes extremos, que el productor era fanático de los autos y era un poco de todo, carreras, cubrían a veces el TC, iban al TC, estaba Marquitos Di Palma en ese momento. Quedé. Empecé a hacer ese programa que mutó, mutaba, en el invierno era deporte de nieve y qué sé yo. La cuestión es que empecé ahí, pero para la apertura de ese programa, por ejemplo, yo no sabía manejar, entonces era como en una cantera, un auto que derrapaba y todo, y lo hacía otro, tenía un doble. Y después me bajaba yo espléndida (risas). Ese fue mi primer contacto con los autos. Después hice siete años El Garage.

-Ahí aprendiste mucho
-Creo que soy la conductora que más tiempo y temporadas estuvo en El Garage en Canal Trece. No había tantas mujeres vinculadas al deporte motor. Entonces cuando empiezan a buscar y era como un poco eso. Me termino casando con mi marido (Juan Pablo Rossotti), que lo conozco, todo el mundo dice trabajando, no, cero, nada que ver, fue por amigos en común. Sí corrió autos de carrera, que hoy sigue ahí trabajando en la Comisión del Turismo Nacional, en Clase Tres y demás, como muy vinculado al deporte motor. Y yo estuve siete años en DirecTV trabajando, época del Mundial 2018, pero no terminaba de sentir que tenía el lugar y la posición. Por ahí uno busca crecer, desarrollarse, que te valoren. Dije: “Yo necesito un cambio”. Y me fui en diciembre de 2021, muy jugado, porque al año siguiente era el Mundial. Ya había ido al Mundial 2018 y no sentía que había sido lo que yo soñaba en cuanto a cobertura. Y seguía buscando como ahí un lugar y yo dije: “Bueno, a mí me encantaría trabajar en ESPN”. Y me fui sin tener nada fijo. Estaba haciendo noticias en IP, que eso me ayudó a tener otro laburo fijo y decir: “Bueno, dejo este y veo a ver qué pasa”. Y en febrero me llaman de ESPN, que necesitaban sumar una mujer. Por eso digo también esto de muchas veces hablamos del cupo, del rol de la mujer, del periodismo, y en la Fórmula 1, como en la mayoría de los deportes, empezó a pasar también eso, de la apertura, de la necesidad también de la presencia femenina. Y me llegó la propuesta y dije: “Bueno, sí”, obviamente, ni lo dudé. Yo no era, y siempre lo digo, no era una especialista en Fórmula 1. Cuando me vinieron a buscar les dije: “Me encantan los desafíos”. Cuando arranqué, hice fútbol, básquet, golf, todo tipo de deportes. El desafío como periodista está justamente en poder estar a la altura, en profundizar lo que estás haciendo. Y además Franco (Colapinto) me dio el tiempo suficiente, porque yo siempre digo lo mismo, cuando explotó Franco, si hubiera sido quizás mi primer año en Fórmula 1 no lo hubiera podido capitalizar, hubiera terminado estrellada contra la pared, porque no estaba quizás preparada. Pero tuve la posibilidad de estar en un gran equipo de trabajo, que me recibió, que son muy generosos, que tengo confianza, que trabajo cómoda y que me permitieron ir de menos a más. También ellos se fueron dando cuenta un poco esto de que vos vas respondiendo. Y cuando llega lo de Franco, yo ya estaba parada de otra manera.
-Tuviste la oportunidad de entrevistarlo a Messi en el circuito de Miami, que estaba con la familia y muchos decían “¿cómo va a ponerle el micrófono si está con la familia?”, entonces sufriste hateo, ¿cómo fue esa situación?
-Creo que los periodistas tenemos esta función y esta misión de tratar de conseguir la nota y es la nota de tu vida. La realidad es que a Messi no lo tenés en muchas oportunidades. A mí me pasó, de hecho, que cubrí la Copa América 2024, la Selección salió campeona y ese día no hablaron. Se fueron y no pasaron por la zona mixta. Nosotros todos ahí esperando hasta último momento. Obviamente hablaron con la prensa oficial, hicieron las notas oficiales. Entonces, la realidad es que hay muchas veces que vos vas buscando como el momento. Messi es de esos deportistas que querés tener en tu lista de tener la oportunidad de hablar con él. Estás ahí y decís: “Yo quiero estar ahí, hacerle la nota”. Este era el quinto año de la Fórmula 1 en Miami. Messi no había ido nunca y sinceramente pensé que tampoco iba a ir ese fin de semana, porque donde pone un pie es una revolución. Entonces pensamos que ya se había encontrado con Franco previamente, ahí dijimos: “Bueno, ya está”. Nuestro set de ESPN estaba a la entrada del circuito, enfrente del box de Mercedes, que también es sponsor Adidas, entonces por eso lo habían llevado a Messi. Yo voy a hacerle una nota a Manuel Turizo, que estaba ahí también. Vuelvo de Manuel Turizo y toda la producción diciendo: “Está Messi, llegó Messi, tenemos la foto de Messi, el video de Messi”. O sea, me fui a hacer a Manuel Turizo y entró Messi adelante nuestro, y yo me lo perdí. Estaban todos felices, y yo decía “me perdí ese segundo”. Bueno, entra al box de Mercedes, nosotros ya empezábamos con la transmisión, con la previa de la carrera, y obviamente Fosa (Juan Fossaroli), que siempre se encargaba de hacer todas las notas, estaba ahí apostadísimo. Dijeron: “Sale por esta puerta”. Quedó ahí con la cámara y todo, y nosotros teníamos que hacer la previa. Le digo a los chicos: “Vamos del otro lado, por lo menos vamos a tener las imágenes”, porque siempre que va una figura y que van invitados les muestran los autos de cerca. Él estaba con todos sus hijos, todo es como un mundo nuevo. Llegamos al pit lane, estaban los periodistas de DAZN y dicen: “Che, se acaba de ir Messi”. Dije: “Na, dale, me están jodiendo”. No puede ser esto. Le digo a los chicos: “No puedo creerlo, siempre llego tarde”. Nos quedamos ahí y en un momento miro hacia el garage y veo que hay alguien sentado en el auto de Antonelli, pero que no era el piloto. Les digo: “Chicos, volvamos que está Messi sentado en el auto”. Bueno, volvimos y justo empiezan a hacer pruebas de pit stop, entonces tenés una cinta que no podés acercarte al garage como habitualmente, si sos medio oficial sí podés. Empezamos a relatar la situación, Messi se baja y por la cucaracha era “!quédense ahí, quédense ahí, quédense ahí“. Además ahí en esa situación también los productores decían ”tratá de preguntarle a Antonella”.
-¿Y le pudiste preguntar?
-Si estas ahí es como que tenés que intentarlo. Entonces yo estaba intentando preguntarle a Antonella, que no sé qué, que no sé cuánto, se cruzaban todos. En un momento se bajan y digo: “Ah, listo, se fueron”. Y había alguien de ahí que los acompañaba, alguien muy alto con una gorra amarilla. Nos fuimos al box de al lado porque dijimos: “Bueno, listo, se fue para adentro del garage”. Juan estaba del otro lado esperando. Nos vamos al lado, pensando que se habían ido. Y de repente vuelvo a mirar para el costado y veo al de gorra amarilla como ordenando. Entonces les digo: “Volvamos, porque seguro volvió Messi”. Volvemos y ahí era cuando se estaba armando la foto de Franco, que viene a Mercedes, porque obviamente Messi no iba a ir hasta la otra punta del box, donde estaba el de Alpine. Lo traen a Franco ahí, empiezan a hacer la foto. Entonces ahí de vuelta, me empiezo a meter. Estábamos Albert y yo. Entonces el productor me dice: “Preguntale a Franco, lo conoció Messi”, entonces, como que le iba a preguntar y Franco me mira como diciendo: “Che, Ale, te estás metiendo en la foto”. Yo intenté seguir preguntando, seguíamos corriendo, seguíamos relatando. Antonella viste que siempre te mira, sonriente, pero no contestaba nada. Y veo que Messi se va al costado a firmar camisetas. Entonces, dije: “Bueno, tuqui, me fui para el otro lado, pesada”.
-¿Ahí ya sentías que eras una pesada (risas)?
-Sí, Droopy, ¿viste cuando decís “pesaaada”?. Pero bueno, estaba ahí, y le digo: “Leo, ¿qué se siente estar en la Fórmula 1?” Nada, el chabón firmaba camisetas. Le digo: “Leo, unas palabras para ESPN, ESPN, mundial”. Y entonces me dice: “No, es que no te escuché”. Cuando me dijo así, te juro, ¿viste que se te paraliza todo? No sé cómo explicar lo que realmente genera, la humildad que tiene el chabón. Entonces, cuando me dijo así, yo le digo: “No, no, que cómo estás viendo la Fórmula 1”. “No, rebien, vinimos con los nenes, querían conocer a Franco, nos había quedado lejos el road...”
-Ahí bajaste
-Bueno, le quise hacer una repregunta, obviamente no, se fue para arriba, pero nos dimos vuelta con los chicos, que estaban todos revolucionados, imaginate, Tuvimos la palabra de Messi y cuando cortó la cámara, yo dije: “Ya está chicos, me quieren echar mañana, terminar mi carrera, no me importa, ya está, lo conseguí”. Realmente lo que él genera, la humildad, es el mejor del mundo, viste ese reparo de decir: “Che, no te escuché, perdón”. Me podría haber dejado repagando y no lo hizo.
-¿Cómo te llevaste con los mensajes negativos posteriores? ¿Esos que decían “que densa, que pesada”?
-En realidad, fue como un mix. Gracias a Dios tengo una comunidad recontrasana en mis redes sociales. Siempre está el hateo, siempre está el: “¿Por qué estás ahí? Hay tantos periodistas y vos ahí”. Y yo: “Bueno, chicos, estudié Periodismo Deportivo. No sé, capaz que no lo sabés, pero si querés te muestro el título”. Pero de paso les digo: “Estudié”. Y justamente estudié para que vos no me digas y muchos no me digan esto. Yo ya trabajaba, hacía diez años que trabajaba, empecé en 2014. Después me explotó el celular con mensajes de gente que se alegraba porque sabían de tu esfuerzo, lo que la remás, lo que cuesta llegar a este lugar, a una carrera profesional... Entonces como que explotó el teléfono en ese sentido y obviamente no faltaron los que decían: “Che, pero qué desubicada, periodista pesada, estaban en la foto familiar, en la intimidad”. Bueno, el periodismo un poco es eso, es buscar la nota. Buscarla, buscarla, buscarla y no darte por vencido. Y la conseguí. Entonces, y si por ahí no lo hubiera podido conseguir, seguramente el final de la historia hubiera sido ese, de “qué pesada la periodista que no lo dejó en paz”. Pero habiendo conseguido la respuesta de él y con la naturalidad y la sencillez que me contestó y no me sacó, encima que hizo referencia a esto, a que los hijos querían conocer a Franco. Qué importante, ¿no? Porque muchas veces nuestros hijos te pueden. Messi en cuatro años jamás fue a la Fórmula 1 y creo que si no hubiera estado Franco, probablemente no sé si hubiera ido. Pero los hijos lo querían conocer y él dijo: “Voy, vamos en familia, me expongo por ellos”. Estaban todos felices. Lo que toca Messi lo convierte en oro.