Amalia Andrade, diez años después del libro que redefinió el duelo amoroso: la perfeccionista que se negó a corregir a la persona que fue

2026/10/23

Amalia Andrade conmemora diez años de 'Uno siempre cambia al amor de su vida' con una edición ampliada que supera las veinte reimpresiones - (Cortesía Editorial Planeta)

Amalia Andrade conmemora diez años de ‘Uno siempre cambia al amor de su vida’ con una edición ampliada que supera las veinte reimpresiones - (Cortesía Editorial Planeta)

“El desamor sigue funcionando igual”, así resumió Amalia Andrade una de las certezas que encontró al releer, diez años después, Uno siempre cambia al amor de su vida (por otro amor o por otra vida), el libro con el que la escritora colombiana se convirtió en una de las voces más leídas sobre el duelo amoroso en América Latina. La obra acaba de cumplir una década con una edición conmemorativa revisada y ampliada, que ya suma más de veinte reimpresiones desde su publicación original.

Pese al propósito confeso de acompañar a sus lectores, Andrade evita que el libro sea catalogado dentro del género de autoayuda. “No me gustan los libros de autoayuda porque siento que hay una industria del bienestar y una industria de la autoactualización que no se acaba nunca”, explicó en una entrevista con Infobae, en referencia a una lógica que, a su juicio, impide a las personas aceptarse tal como son. “Si yo todo el tiempo estoy intentando ser mejor, mejorar, mejorar, mejorar, ¿qué día voy a estar feliz con lo que yo soy?”, planteó la autora, nacida en Cali, periodista e ilustradora antes de convertirse en una figura viral en redes sociales.

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La escritora colombiana rechaza la etiqueta de autoayuda para su obra y cuestiona las exigencias de la industria del bienestar - (Cortesía Editorial Planeta)
La escritora colombiana rechaza la etiqueta de autoayuda para su obra y cuestiona las exigencias de la industria del bienestar - (Cortesía Editorial Planeta)

Frente a esa lógica de mejora constante, la autora sostuvo que su libro propone un camino distinto, el de celebrar el error en lugar de corregirlo. “Esa Amalia de hace diez años tenía algo muy claro y era celebrar el error”, afirmó, en referencia al criterio que guio la escritura original y que decidió preservar en la nueva edición, cargada de tachones y anotaciones al margen que no buscan enmendar el texto sino exhibir el proceso detrás de él.

El proceso creativo del libro partió de una pregunta formal antes que temática. Andrade contó que, en un país con bajos índices de lectura como Colombia, se propuso escribir algo que derribara la distancia entre el lector común y la literatura. “A la gente le da miedo la literatura, siente que eso está reservado para ciertas personas o ciertos niveles educativos”, explicó, y agregó que decidió “tumbar todo eso” para construir un texto que funcionara como compañía antes que como objeto literario inaccesible.

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Amalia Andrade
Andrade diseñó el texto para derribar las barreras hacia la literatura en un país con bajos índices de lectura como Colombia - (Editorial Planeta)

Esa búsqueda derivó en una decisión poco habitual en la industria editorial, la de escribir el libro completo a mano, sin ningún tipo de intervención digital. “Este libro está hecho enteramente a mano y por cada página del libro era una página en la vida real”, detalló la autora, que explicó que cada hoja fue escaneada tal cual existía en el papel original. Según su descripción, esa elección respondió también a una inquietud artística, la de tratar la palabra escrita como un dibujo y no solo como información textual.

Esa misma concepción del proceso creativo llevó a Andrade a repensar la relación entre autor y lector. El libro, dijo, fue diseñado para que ambos se vincularan de manera horizontal y no vertical, una decisión que se tradujo en un texto deliberadamente inconcluso. “Terminemos este libro entre los dos, esto yo no lo sé, contame vos en tu experiencia”, resumió sobre la invitación que atraviesa sus páginas y que, según explicó, buscaba correrse del lugar de autoridad que suele ocupar quien escribe.

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La narradora caleña incorporó disciplinas como el teatro y la fotografía para concebir la escritura ligada al cuerpo - (Cortesía Editorial Planeta)
La narradora caleña incorporó disciplinas como el teatro y la fotografía para concebir la escritura ligada al cuerpo - (Cortesía Editorial Planeta)

El décimo aniversario obligó a la autora a confrontarse con ese proceso desde una distancia inédita. Andrade se describió como una persona “muy crítica” y “muy perfeccionista”, y contó que no suele releer sus textos después de publicarlos. Revisar la obra completa para la nueva edición implicó, según relató, un ejercicio de humildad que la llevó a no intentar corregir a la escritora que fue hace diez años, sino a dialogar con ella desde el margen de cada página. “No intentar corregir la persona que fui, sino escribir en las márgenes de esa persona que fui y abrazarla con todo lo que fue”, explicó sobre el criterio que aplicó durante la revisión.

Ese mismo proceso también implicó señalar errores puntuales que hoy juzga equivocados, como una referencia mal traducida a una canción de Cher, corregida en la edición actual sin alterar el espíritu original del texto. Para Andrade, ese gesto de honestidad resultó coherente con el propósito que guio la escritura desde el inicio, el de ofrecer al lector un relato despojado de pretensión de perfección, incluso al costo de exhibir las propias contradicciones.

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Amalia Andrade
Andrade prepara la publicación de un nuevo libro dedicado al amor que permanece, en contraste con el duelo afectivo de su primer título - (Editorial Planeta)

La reflexión sobre el proceso creativo se extendió también a No sé cómo mostrar dónde me duele, otro de sus libros, donde la autora dijo haber profundizado una idea que atraviesa toda su obra: la escritura no se limita al acto de poner palabras sobre el papel. “No escribir también es escribir. Tomar fotos también es escribir, para mí. Dibujar también es escribir”, explicó Andrade, que contó haber incorporado durante los últimos diez años otras disciplinas a su trabajo, entre ellas el teatro, como una forma de ampliar los recursos desde los cuales construye sus textos. Para la escritora, ese enfoque responde a una convicción personal más amplia, la de que escribir a mano “es pasar las palabras por el cuerpo”, y que ese vínculo entre escritura y cuerpo resulta central en su proceso creativo.

Sobre el futuro de su obra, la autora adelantó que trabaja en un nuevo libro, ya casi terminado, que espera publicar el año próximo y que abordará, según sus palabras, “el amor que se queda”, en contraste con el duelo amoroso que atraviesa su título más conocido. Andrade describió esa coincidencia temporal con el aniversario como algo no planificado, surgido del propio proceso de escritura.

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