3 de agosto, 2026 - 07h00
Es probable que Ecuador atraviese el infierno que ya vivió Colombia. Con el agravante que aquí no se busca a un solo capo. Cada vez que capturan al cabecilla de una organización, surgen de inmediato reemplazos. Las estructuras criminales funcionan como redes flexibles con células locales y varios líderes.
En este conflicto armado interno, el drama parece inevitable. La violencia ya habita nuestras calles: desaparecidos, sicariatos, extorsiones y asesinatos nos recuerdan que el narcotráfico no solo mata, también corrompe. Aunque se lo combata como lo está haciendo el Gobierno.
Esta es una guerra sin retorno. Un día, donde ya me ofuscó la violencia y donde un detalle se une a otro y cobra sentido un hecho, llamé a un amigo, alguien que junto con su gente ya pasó la crueldad de la violencia. Además, en este camino muchos nos enamoraremos y también nos diremos adiós. Y claro que dolerá.
“Hola, Jorge. ¿Sabes que recién entiendo la frase de Rosario Tijeras: ‘Amar es más difícil que matar’? Cuando leí la novela me pasó de largo; hoy, con un Ecuador atravesado por la violencia, la siento en el alma”. Así inicié mi conversación con el escritor Jorge Franco, cuya obra retrata con valentía las consecuencias del narcotráfico, pero también las distintas formas del amor. En El vacío en el que flotas, refleja el dolor de unos padres marcados por la desaparición de su hijo; en El mundo de afuera, aborda un secuestro; y en Rosario Tijeras, llevada al cine y la televisión, muestra la irrupción del narcotráfico en una Medellín carente de todo, donde los vacíos se cubrían con droga. Jorge me confesó que incluso a él se le había escapado la frase. Fue cuando la novela llegó al cine que los directores la resaltaron.
“En los años 80, en Medellín era muy fácil matar. Se mataba por dinero, por poder, por ascender, por demostrar fidelidad o incluso solo para probar si un arma funcionaba. En cambio, amar era difícil; abrir el alma y mostrar los sentimientos no tenía espacio en un mundo violento”, recordó Jorge. Añadí que en esta lucha contra el crimen organizado que enfrenta el Ecuador, todo cambia en segundos y que el amor necesita tiempo y las personas se tienen que marchar y el amor como la vida, es física.
Existe nostalgia cuando se dice que Ecuador fue un país de paz. Jorge recordó que Medellín fue conocida como la Tacita de Plata, hasta que el narcotráfico la cambió. “Ana, pero lo importante es que sepan que los violentos no pueden quedarse con la victoria. Los muertos deben convertirse en memoria y no en trofeos del crimen. La violencia puede llenarnos de miedo, ponernos en pausa, pero debemos seguir nadando contra la corriente”.
Jorge también señaló que el narcotráfico no solo destruye con armas; también corrompe, compra silencios y encuentra espacios en instituciones y sectores de la sociedad. Por eso “Ecuador no puede caer en la depresión colectiva. Debe apostar por la empatía, con todo el entorno, empezando con los animales”. Terminamos la conversación que sentí como una guía para sobrevivir. Espero que pronto pueda visitar el Ecuador y encontrarse con sus lectores. “Ana, en estos contextos, amar siempre será más difícil que matar…”.(O)