Anna Pasternak: “Wallis Simpson no se merecía ser la mujer más odiada de Inglaterra”

2026/09/27

El 11 de diciembre de 1936, la mayoría de los británicos sintonizó la BBC: Eduardo VIII, su flamante rey, quería explicar a sus súbditos las razones de su abdicación. “Me resulta imposible seguir con la pesada carga de la responsabilidad y cumplir con mis obligaciones como rey sin la ayuda y el apoyo de la mujer a la que amo”, dijo en un discurso que la nación escuchó estupefacta.

De ese modo, se ponía punto y final a una crisis constitucional sin precedentes. El heredero de Jorge V y María de Teck no llegó a reinar ni un año ni a coronarse, como sus ancestros, en la abadía de Westminster. Tras su alocución, abandonó Inglaterra en un destructor de la Armada rumbo “al continente”, convertido por su sucesor (su hermano, Jorge VI) en duque de Windsor.

Eduardo VIII

Eduardo VIIIOtras Fuentes

Wallis Simpson, la socialite americana doblemente divorciada por la que había abdicado la Corona, se convirtió, como explica Anna Pasternak, biógrafa de la duquesa, “en la mujer más odiada del país”. Se la acusó de hechicera, ninfómana y manipuladora. También, de espía nazi. Estas etiquetas la acompañaron hasta su muerte, en París, en 1986. Era viuda desde hacía años y, como explica Pasternak, estaba senil y enferma y a merced de su abogada, Suzanne Blum. Todo ello se documenta en The American Duchess. The real Wallis Simpson (ed. William Collins).

¿Por qué decidió escribir un libro sobre Wallis Simpson? ¿Qué más puede contarse?

Todo se debió a mi libro anterior sobre Lara, la musa de Borís Pasternak –el autor de Doctor Zhivago y mi tío abuelo–. La crítica dijo que había rehabilitado a una mujer a la que la historia había tratado injustamente, y pensé que era una descripción maravillosa y que debía volver a hacerlo.

La figura de Wallis Simpson surgió mientras veía la escena del discurso de abdicación de Eduardo VIII en The Crown. Desde el punto de vista histórico era completamente errónea: en la serie, él está en el palacio de Buckingham, con su madre, la reina María, y con Wallis. Era ridículo, porque la reina nunca aceptó a Wallis y la retransmisión fue en Windsor. ¡Y Wallis tampoco estuvo ahí! Así que decidí rehabilitar también a la duquesa de Windsor. Se han dicho tantas cosas erróneas sobre ella que había que hacerlo.

Eduardo y Wallis procedían de entornos muy diferentes, pero ¿qué tenían en común que hizo de su unión algo indestructible?

Nunca llegaron a superar ese sentimiento de culpa que ambos arrastraban por la abdicación. Ella se sentía increíblemente culpable, porque se decía que le había robado al pueblo un rey muy querido, y él se echaba la culpa por haberla convertido en la mujer más odiada del mundo. Así que vivían con ese sentimiento como base, sobre el que habían ido acumulando otras capas.

Y sí, procedían de entornos diferentes, pero Wallis venía de una familia muy respetable de Baltimore. Tenía una excelente educación, se expresaba con elocuencia. Era mucho más inteligente que él y tenía una formación superior a la suya. Poseía una dignidad tremenda: si tuviera que elegir una palabra para describir a la duquesa sería “digna”. Nunca alzó la voz ni se quejó del horrible trato que recibió por parte de la familia real.

Eduardo VIII y Wallis Simpson posan el día de su boda 

Eduardo VIII y Wallis Simpson posan el día de su boda Propias

También les unía la pasión por vestir de forma impecable y la obsesión por las dietas…

Sí, les unía su amor por la moda, las joyas y las cosas bellas. Él le regaló piezas muy importantes, sus “joyas de la Corona”. Quisieron legarlas a Inglaterra, pero debido a las manipulaciones de su abogada, Suzanne Blum, se quedaron en Francia [fueron subastadas en 1987; las ganancias se destinaron al Instituto Pasteur]. Otra cosa que creo que los unía es que ambos tenían una enorme inseguridad respecto a su sexualidad: él no se sentía plenamente viril y ella no se sentía plenamente femenina. Y la razón por la que se mantenían tan delgados también era por inseguridad y el deseo de parecer siempre atractivos. Es algo irónico, porque él era el más guapo del reino.

Un príncipe apuesto, que quizá nunca había escuchado la palabra “no” en su vida. ¿En parte por eso se empeñó en casarse con Wallis, contra viento y marea?

Su obsesión por ella se debía a la sensación de haber encontrado a alguien que le hacía sentirse valorado, y no estaba dispuesto a renunciar a eso. Una cosa que admiro de Eduardo VIII es que cuando sus asesores le aconsejaron que mantuviera a Wallis como amante, él se negó: “No me coronaré con las aguas sagradas del Jordán con una mentira en los labios”, dijo. Eso demuestra fuerza de carácter. Sin embargo, coincido en que nunca había escuchado un “no” en su vida y que, cuando le dijeron “o el trono o Wallis”, no se lo podía creer. Y se empeñó en casarse, cuando el verdadero acto de amor habría sido dejarla marchar.

La pareja durante unas vacaciones en 1936

La pareja durante unas vacaciones en 1936Terceros

Que es lo que, como cuenta en su libro, Wallis le pedía: que no abdicara y la dejara. ¿Fue realmente así?

Sí, lo último que quería Wallis Simpson era ser reina y que él abdicara, aunque lo que ha quedado en el imaginario popular es una narrativa falsa, según la cual ella era una mujer intrigante que ansiaba convertirse en reina de Inglaterra y que sedujo a ese hombre con prácticas sexuales exóticas –cosa que no hizo, porque en realidad era muy mojigata–. Pero él, simplemente, no iba a dejarla, así que Wallis se encontró en una situación insostenible.

Escribe que en la víspera de la boda un ayudante del ya exrey le dijo: “El pueblo te odia, pero si amas a este hombre y le haces feliz, te perdonarán”. ¿Lo hicieron?

No. Durante treinta y cinco años estuvo al lado de Eduardo y le hizo muy feliz, pero nadie la perdonó: ¡solo se le rindieron los honores como miembro de la familia real el día de su funeral! La clase dirigente y la familia real británica controlaban la narrativa; exactamente igual que lo hacen hoy. Isabel [la reina consorte] sentía envidia de Wallis, y con el cortesano Tommy Lascelles tejieron una red de mentiras contra ella.

Isabel Bowes-Lyon, su cuñada, la culpó de la muerte de su marido, el rey Jorge VI. ¿Tenía razón?

No, en absoluto. Él fue fumador empedernido y murió de cáncer de pulmón. Podemos culpar a Wallis de muchas cosas, ¡pero no de eso! Otra cosa que me parece realmente despreciable de Isabel es que dijera que no había sitio para dos reyes en este país. La razón por la que querían que Eduardo se exiliara era porque era muy popular. Habría hecho palidecer al tartamudo Bertie [Jorge VI], que, sí, tenía sentido de la responsabilidad y cumplió con su deber, pero no era muy carismático.

La coronación de Jorge VI

La coronación de Jorge VIGetty

Otro enemigo de la pareja fue el primer ministro, el conservador Stanley Baldwin, que boicoteó cualquier solución, como el matrimonio morganático. ¿Por qué se oponía tan activamente a la unión?

Muchos de los que contaban con el favor de Jorge VI, el padre de Eduardo, desaprobaban profundamente a su hijo. Pensaban que no se tomaba en serio su responsabilidad, y, en cierto modo, tenían razón. Así que no hay duda de que, dentro de la clase dirigente, tenía detractores que querían deshacerse de él. Y Wallis fue la cabeza de turco perfecta para ello.

¿Cree que Eduardo VIII tenía madera de rey?

Habría sido un buen rey, pero con Wallis a su lado. Churchill dijo que ella era el “oxígeno” de Eduardo. Por ejemplo, cuando los enviaron a Bahamas, durante la Segunda Guerra Mundial, nadie pensó que iba a ser un buen gobernador, pero lo fue gracias a Wallis, que era muy disciplinada. Sin ella, habría sido un rey diletante, mediocre: no se habría ocupado de sus “cajas rojas”, ni de cosas por el estilo.

Churchill junto al príncipe de Gales (futuro Eduardo VIII)

Churchill junto al príncipe de Gales (futuro Eduardo VIII)Terceros

Si se hubieran casado, le hubiera ocurrido lo mismo que a Carlos, que es mucho mejor rey gracias a Camila. Hay enormes paralelismos entre las dos parejas: uno renunció al trono, mientras que Carlos dijo que Camila era “innegociable”. Y fíjate cómo ha pasado de ser la enemiga pública número uno a convertirse en un tesoro nacional. ¡Lo mismo podría haberle sucedido a Wallis! Aunque en el caso de Camila, hubo una campaña de diez años para lograrlo.

En el libro cuenta el papel relevante que tuvo la prensa en toda la crisis; tanto para ocultar el romance como para contribuir a cambiar el curso de la historia. ¿La monarquía británica sigue necesitando a la prensa para sobrevivir?

No creo que la familia real esté a merced de los medios. ¡Al contrario! Son ellos quienes mueven los hilos, porque la prensa los necesita para vender ejemplares. Por ejemplo, yo no puedo escribir un artículo a favor de Meghan Markle en el Times ni el Telegraph. ¡No lo van a publicar! En el Telegraph existe un acuerdo tácito según el cual solo se puede escribir de forma positiva sobre Guillermo y Catalina y de forma negativa sobre Meghan y Harry. ¡A veces creo que estoy en la Rusia estalinista de mi tío abuelo!

Ha mencionado varias veces a los duques de Sussex, Harry y Meghan. ¿Cuáles son las similitudes entre ellos y los Windsor?

Obviamente, las diferencias radican en que, cuando Harry se casó con Meghan, ella consiguió todo lo que Wallis no tuvo: el título de alteza real, la boda real… Pero cuando Harry habla de una campaña contra ellos, orquestada desde el palacio de Buckingham, sé que dice la verdad: cuando aparecieron en escena, eran sexys, dinámicos, ella tenía ese brillo hollywoodiense… Hacían que Guillermo y Catalina parecieran un poco provincianos y algo aburridos.

El príncipe Harry y Meghan Markle durante la ceremonia de su boda

El príncipe Harry y Meghan Markle durante la ceremonia de su bodaAFP

Y en la monarquía británica hay dinámica: para que la Corona sobreviva, el foco de atención tiene que estar en el monarca y en el heredero. Y cualquiera que acapare demasiado protagonismo es expulsado. Eso es lo que ha pasado con Enrique y Meghan, lo que pasó con Diana de Gales y lo que pasa con los duques de Windsor.

Sostiene que Wallis no fue una espía alemana y que el matrimonio no confabuló con los nazis, pero hay imágenes suyas siendo recibidos por Hitler. ¿Acercarse a los nazis fue su mayor error?

Una cosa cierta es que Eduardo quería mucho a sus parientes alemanes, y lo único en lo que destacaba era en hablar alemán. Cuando en 1937 Charles Bedaux, el empresario que les prestó su castillo para la boda, le sugirió que fuera a Alemania, él lo vio como una oportunidad para que Wallis disfrutara de una gira real, y para que, como le aseguraron, la trataran como alteza real. Así que dijo que sí… ¡Pero es que no tenía a nadie que le dijera que era mala idea!

Se pasa por alto que el duque de Windsor era un hombre débil y que, tras la abdicación, la Casa Real –exactamente igual que con Meghan y Harry– le dio la espalda: no le proporcionaron asesores, ni apoyo, ¡nada! Literalmente, se subió a ese destructor de la Armada, abandonó el país y ya está. Nadie intentó ayudarle a desenvolverse en la vida civil.

Adolf Hitler, fotografiado junto a los duques de Windsor durante la visita de estos últimos a la Alemania nazi, 1937

Adolf Hitler, fotografiado junto a los duques de Windsor durante la visita de estos últimos a la Alemania nazi, 1937Dominio público

Por otro lado, estamos viendo esta visita desde nuestra perspectiva, pero en aquellos años previos al conflicto estaba de moda entre la aristocracia inglesa ir al Berghof [la residencia de Hitler en los Alpes] a visitar al Führer. El propio hijo de Winston Churchill acompañó a los Windsor en esa visita.

No tuvieron hijos. Vivieron en el exilio. Eran odiados por millones de personas. ¿La abdicación mereció la pena?

Sí, mereció la pena en el sentido de que tuvimos a Isabel II como reina y eso fue fantástico, porque fue una monarca increíble (aunque hubiera reinado de todos modos, ya que los Windsor no tuvieron descendencia). También creo que a él le mereció la pena, porque nunca vaciló en su amor y adoración por la duquesa y pasó treinta y cinco años con la mujer de la que estaba locamente enamorado.

Para ella, sin embargo, fue una situación agridulce: cuando se casaron, creo que estaba más enamorada del estilo de vida del rey que de la persona. Pero al final de su vida en común eran, literalmente, “nosotros”. Así que, al final, creo que fue una historia de amor realmente extraordinaria, pero no un cuento de hadas.

Por cierto, ¿Wallis dijo realmente la famosa frase: “Nunca se es lo suficientemente rica ni lo suficientemente delgada”?

[Ríe]. No sé la respuesta, pero me imagino que probablemente sí, teniendo en cuenta que estaba flaquísima y que tenía un sentido del humor maravilloso. Wallis fue una persona brillante; todos querían sentarse a su lado en las cenas. Era cariñosa, divertida y leal. Estaba entregada a él, pero también fue muy amiga de sus amigas. No se merecía ser la mujer más odiada de Inglaterra.