Así empuja la soledad al cerebro masculino hacia el alcohol

2026/08/25

María Sánchez-Monge Madrid

Actualizado Miércoles, 26 agosto 2026 - 01:58

La soledad puede reprogramar el cerebro de forma que favorezca el consumo de alcohol, según un estudio preclínico que se publica hoy en Nature Neuroscience, liderado por la Universidad Northwestern y el Instituto Salk de Estudios Biológicos. Los investigadores han identificado un mecanismo cerebral mediante el cual el aislamiento social lleva a un aumento de la ingesta de alcohol en ratones macho, mientras que la reduce en las hembras.

El alcohol y otras sustancias de abuso funcionan como ansiolíticos o vías de escape frente a la soledad y el aislamiento social. "El hombre es un animal social y como tal necesita obligatoriamente poder contactar con miembros de su propia especie", resalta Fernando Rodríguez de Fonseca, investigador del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) y miembro de Socidrogalcohol. "A medida que la sociedad ha ido avanzando -en el sentido de que se han facilitado tanto las cosas que se requiere cada vez menos presencia del grupo para poder obtener lo necesario para la supervivencia-, hemos construido un sistema social en el cual el aislamiento es la norma". Sin embargo, esa forma de vivir no está codificada en nuestro "acervo genético" ni se corresponde con nuestro "sistema evolutivo", lo que lleva a que, al final, "nuestro sistema adaptativo sufra un estrés", que puede conducir a una "respuesta anómala ante lo que interpretamos como una amenaza o un riesgo futuro".

El vínculo entre aislamiento social y mayor consumo de alcohol está bien establecido, pero hay muchas lagunas en el conocimiento de los mecanismos cerebrales implicados. "Este es el primer estudio que identifica un circuito cerebral específico capaz de explicar cómo el aislamiento social puede impulsar un mayor consumo de alcohol en los machos", señala en un comunicado Reesha Patel, profesora de Psiquiatría General y Neurociencia en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern. Según la investigadora, los resultados aportan una nueva diana biológica para comprender y, en el futuro, abordar el abuso de alcohol asociado al aislamiento social.

La investigación se llevó a cabo con machos y hembras de ratón que inicialmente convivían en grupo. Posteriormente, algunos fueron alojados de forma individual para reproducir una situación de aislamiento social, mientras que otros permanecieron en grupo y sirvieron como controles.

Durante un periodo de dos semanas, los animales dispusieron de una hora al día para elegir entre agua y una solución con un 15% de alcohol. A lo largo del experimento, los machos fueron aumentando progresivamente su consumo de alcohol, mientras que las hembras lo redujeron.

Mediante microscopios miniaturizados, los científicos registraron la actividad de las neuronas que forman un circuito que conecta la amígdala basolateral -implicada en el procesamiento de señales emocionales y de estrés- con la corteza prefrontal medial, una región relacionada con la toma de decisiones.

Los resultados mostraron que este circuito se vuelve hiperactivo durante el aislamiento y contribuye directamente al incremento del consumo de alcohol. Además, los datos indican que machos y hembras utilizan estrategias neuronales distintas para responder a la soledad, lo que podría ayudar a entender las diferencias observadas entre hombres y mujeres en diversos trastornos neuropsiquiátricos.

Para comprobar si este circuito cerebral era una consecuencia o una causa del aumento del consumo, el equipo utilizó optogenética, una técnica que permite activar o silenciar circuitos neuronales mediante pulsos de luz. Al activar artificialmente el circuito en machos no aislados, el cerebro de estos animales respondió al alcohol como si hubieran estado sometidos a aislamiento social. Por el contrario, al inhibir el circuito en machos aislados, la ingesta de alcohol disminuyó.

La investigadora reconoce que su estudio no ha podido determinar con certeza por qué el aislamiento incrementó el consumo de alcohol en los machos y lo redujo en las hembras, aunque apunta que las diferencias observadas coinciden con patrones descritos en algunos estudios realizados en humanos.

Papel de las hormonas sexuales

Rodríguez de Fonseca considera que los resultados de este estudio son muy esclarecedores, pero advierte de la necesidad de tener en cuenta "el salto entre especies", si bien hay mecanismos neurobiológicos comunes entre ratones y humanos. "Lo que ocurre es que la conceptualización del aislamiento en humanos y en roedores no es comparable".

Teniendo siempre en mente el escollo de la extrapolación, el neurocientífico corrobora que las diferencias en función del sexo apreciadas en la investigación también se producen en las personas. "En humanos, el aislamiento promueve más el consumo de alcohol en los hombres", expone. En cambio, en las mujeres esto ocurre en mucha menor medida, ya que en ellas, en términos generales, "para que el aislamiento conduzca al consumo de alcohol tiene que haber, además, un trastorno ya establecido del estado de ánimo".

La explicación hay que buscarla en la existencia de "variables dependientes del sexo, que tienen que ver con las hormonas sexuales y cómo estas organizan el cableado cerebral y favorecen en el hombre el aprendizaje de buscar una solución al estrés impuesto por la soledad a través de un reforzador que, además de ser ansiolítico, promueve un estado de bienestar, como puede ser una droga de abuso; en este caso, el alcohol".