Así funciona el cerebro de un perro cuando le dicen que ’no’ y se reprime

2026/09/18

No siempre podemos complacer a nuestro perro o directamente toca regañarlo porque no se ha portado bien. En esos casos, resuena una de las órdenes básicas: “No”. Pero, ¿qué ocurre en ese momento en el cerebro del can? Una nueva investigación del Departamento de Etología de la ELTE de la Universidad Eötvös Loránd (Budapest) y del Centro de Investigación de Ciencias Naturales HUN-REN aborda esta cuestión.

El estudio, publicado en la revista Animal Cognition, sugiere que los perros pueden hacer algo más que responder automáticamente: cuando reprimen su comportamiento, sus cerebros muestran un patrón de actividad similar a la huella neuronal humana del autocontrol. 

Similar a la respuesta humana

No siempre podemos hacer lo que nos apetece, ni humanos ni animales. Toca reprimirse y esta posición se adopta en muchos casos para garantizar nuestra supervivencia. En el caso de los humanos, este tipo de autocontrol depende de la parte más joven del sistema de autocontrol del cerebro: los lóbulos frontales. Cuando se mide la actividad neuronal mediante electroencefalografía (EEG), su implicación se refleja en un aumento de las ondas theta frontales.

Pero, ¿qué ocurre en el cerebro de los perros cuando sus dueños les ordenan que se detengan y se contengan? ¿Resuelven sus cerebros este problema de forma automática o deliberada? Investigadores húngaros decidieron abordar esta cuestión utilizando mediciones de EEG no invasivas en perros despiertos.

Perro sentado

Realizamos 226 registros cortos de EEG, de aproximadamente medio minuto de duración cada uno, de 14 perros que, durante la grabación, estaban obedeciendo una orden o inactivos”, explica Ivaylo Borislavov Iotchev, del Centro de Investigación de Ciencias Naturales HUN-REN.

Se observó si las ondas theta eran más pronunciadas en las grabaciones en las que los animales obedecían la orden de sujeción. La ausencia de dicho efecto habría dejado abierta la posibilidad de que los perros obedecieran órdenes automáticamente, pero no fue así. Al contrario, se registró una actividad EEG que se asemejaba a la actividad theta humana tanto en frecuencia como en localización.

Es decir, los cerebros de los perros evaluados mostraron un patrón de actividad similar a la huella neuronal humana del autocontrol cuando reprimían sus comportamientos. 

Los investigadores ponen en valor los hallazgos, aunque también los sitúan en un contexto más amplio, haciendo énfasis en los lóbulos frontales de los canes: “Dado que hemos demostrado que la electroencefalografía no invasiva, que es más económica y fácil de implementar que la resonancia magnética funcional, también puede ser útil, esto abre la puerta a muchos más estudios futuros sobre los procesos mentales y su sustrato neural en perros”.