Para un conejo, una cobaya o una chinchilla, comer heno no consiste únicamente en llenar el estómago. La necesidad de arrancar, triturar y masticar durante largos periodos mantiene en funcionamiento dos sistemas estrechamente relacionados: la dentición y el aparato digestivo.
Por un lado, los conejos poseen dos pares de incisivos superiores de crecimiento continuo; y por el otro, cobayas y chinchillas pertenecen al grupo de los roedores histricomorfos, son herbívoras y presentan crecimiento continuo de toda su dentición.
Los dientes no se mantienen cortos simplemente porque el alimento sea duro. La clave está en el movimiento de masticación prolongado que exige la fibra. El heno y la hierba obligan a realizar numerosos ciclos laterales de la mandíbula, lo que favorece un desgaste más uniforme de los molares y premolares. Los alimentos concentrados se consumen con rapidez y requieren mucho menos tiempo de masticación.
El Royal Veterinary College recuerda que la enfermedad dental es extremadamente frecuente en los conejos y recomienda facilitar de forma constante alimentos ricos en fibra, como el heno o la hierba. La institución también aconseja controles dentales periódicos, porque los problemas de las piezas posteriores pueden avanzar sin que sean visibles al levantar los labios y observar únicamente los incisivos.
En las cobayas ocurre algo similar. El Colegio señala que sus dientes crecen continuamente y que el heno y la hierba proporcionan el desgaste que necesitan. Una alimentación en la que predominan los productos secos concentrados puede hacer que el animal ingiera suficientes calorías antes de haber masticado durante el tiempo necesario.
Las chinchillas, por su parte, también presentan una especial predisposición a las maloclusiones. Los estudios sobre enfermedad dental en pequeños mamíferos relacionan las dietas pobres en fibra con alteraciones del desgaste y elongación de las piezas dentales. La enfermedad puede afectar a incisivos y molares, modificar su orientación y producir lesiones en la lengua o en la cara interna de las mejillas.
El segundo efecto fundamental del heno se produce en el intestino. Conejos y cobayas son fermentadores de intestino posterior. Su ciego alberga una comunidad de microorganismos capaz de procesar parte de la materia vegetal y producir nutrientes que posteriormente pueden aprovecharse mediante la cecotrofia (una estrategia alimenticia propia de estos animales).
No toda la fibra cumple la misma función. Los expertos del Royal Veterinary College explican que la fibra indigerible del heno y la hierba estimula mecanismos que favorecen el movimiento normal del aparato digestivo. Cuando disminuye la ingesta de fibra o el animal deja de comer por dolor, estrés o enfermedad, aumenta el riesgo de estasis gastrointestinal.
La conexión entre la boca y el intestino puede crear un círculo peligroso. Un molar que crece en una dirección incorrecta causa dolor y hace que el animal coma menos heno. Al masticar menos, disminuye el desgaste dental y el problema empeora.
La reducción de la ingesta también afecta a la motilidad intestinal, por lo que una enfermedad aparentemente localizada en la boca puede acabar convirtiéndose en una urgencia digestiva.
Los signos no siempre consisten en dientes visibles demasiado largos. El animal puede acercarse al alimento y dejarlo caer, seleccionar únicamente piezas blandas, masticar de manera extraña, salivar, perder peso o ensuciarse la barbilla.
También pueden disminuir el tamaño y la cantidad de las heces. En algunos casos aparecen lagrimeo, inflamación facial o abscesos debido a la proximidad entre las raíces dentales, el cráneo y el conducto nasolagrimal.
Las barritas, las piedras minerales y los objetos de madera no sustituyen al heno. Pueden utilizarse como enriquecimiento cuando son seguros, pero no proporcionan el mismo tiempo de masticación ni la misma cantidad de fibra. El heno debe estar seco, libre de polvo y moho, oler fresco y encontrarse siempre accesible.
Cuando un animal rechaza sistemáticamente el heno, no debe asumirse que es simplemente caprichoso. Puede no estar acostumbrado, preferir otra variedad o sufrir dolor dental. La corrección de la dieta debe hacerse de manera gradual y, si existe una reducción del apetito o de las heces, con valoración veterinaria.