Atrapados a 40 grados en el aeropuerto de El Prat: la “bienvenida” a los italianos por el pulso entre Sánchez y Meloni

2026/08/09

Actualizado Domingo, 9 agosto 2026 - 12:54

Aquí estamos, convertidos en víctimas colaterales de la pugna entre Pedro Sánchez y Giorgia Meloni: atrapados en un "finger" hirviente bajo el sol de Barcelona. Nosotros, los italianos que veníamos pensando en la playa, en las Ramblas y en la movida, nos encontramos encerrados por cuatro guardias civiles incapaces de abrir la puerta de cristal. Haría falta una azafata, pero aún no han movilizado al personal de tierra para esta contramedida con mucho tufo político y poca necesidad real. Un operario de limpieza detiene un instante su carro repleto de cubos y fregonas: "¿Otro avión de Italia?". Parece el recurso fácil de un anuncio antiguo.

Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, el segundo con más tráfico de España tras Madrid-Barajas. Hace un minuto estábamos al fresco dentro del avión, mimados como clientes de primera clase; ahora nos hallamos sin aire acondicionado y con cuatro agentes uniformados bloqueando nuestras merecidas vacaciones sin explicación alguna. Puros ciudadanos de segunda.

Cuestión de hipótesis

"Habrán tenido un soplo", se aventura a decir uno que ha visto demasiadas películas de acción, drogas y espías. "Será por el asunto de Ceuta", atina otro. El comentario más repetido entre los españoles que regresan a casa coincide con el de los italianos que venimos de vacaciones: "¡No me jodas!".

Se activan los controles en los aeropuertos españoles: la policía da el alto a los pasajeros del vuelo procedente de Italia. Los niños empiezan a llorar. Uno de ellos sortea la cola estancada y pega su nariz al cristal. Las chicas en ropa veraniega son las que mejor sobrellevan el bochorno. "Pero bueno, ¿qué está pasando?". Lo que pasa es que el Espacio Schengen, esa gran conquista de la Europa unida, ha saltado por los aires. Al menos entre España e Italia. Luego, si un inmigrante irregular entra desde España pasando primero por Francia para llegar después a nuestro país, a ese nadie lo fiscaliza.

Tres turistas estadounidenses atrapadas en el pasadizo hacen lo que pueden con abanicos a pilas. "No pensaba que en Europa también existiera el ICE", comenta una, en referencia a la policía migratoria estadounidense. Tienen tez mestiza y el pánico empieza a asomar en sus rostros. "No os hacéis una idea de las barbaridades que hace el ICE allí", explica una de ellas antes de preguntar: "¿Aquí también hacen 'racial profiling'?".

Según fuentes policiales, la Guardia Civil tiene órdenes de inspeccionar de forma aleatoria a los pasajeros procedentes de Italia, ya sea por mar o por aire. Se exige la documentación a cerca del 10% del pasaje. El despliegue antiinmigración está cubierto por un muro de 400 agentes movilizados en cuestión de horas por el Gobierno. Los primeros controles sorpresa se realizaron de madrugada en los principales aeropuertos para luego extenderse a Málaga, Sevilla y Alicante. Finalmente, esta inédita barrera entre España e Italia ha alcanzado también a las Islas Baleares, no vaya a ser que las mafias inventen nuevas rutas. Las molestias, aseguran desde el Ministerio del Interior, serán mínimas gracias al despliegue de patrullas de entre dos y cuatro agentes según el tamaño de la aeronave.

Documentos a la vista

Nuestro vuelo, el VY6343 Malpensa-Barcelona, ha tenido suerte: contaba con cuatro agentes asignados. Cuando las puertas han cedido, la revisión de documentos ha sido rápida y sin histeria: nada de perfiles raciales ni tratos humillantes. Cotejo de la foto y adelante. Un agente miraba los pasaportes al trasluz mientras que los DNI apenas requerían atención.

Mientras Italia ha optado por encauzar a los pasajeros procedentes de España en colas específicas, y más lentas, en los controles habituales, en España la Ley aguarda a pie de escalerilla, en el autobús o en el propio "finger". No hay mezcla posible con viajeros de otros vuelos sin pasar antes por el filtro. Los ciudadanos comunitarios no deberían tener problemas; los nacionales de terceros países deben demostrar que cuentan con los permisos en regla.

De todo el pasaje, solo una mujer muy alta con maleta y bolso rosas ha sido retenida. Hablaba un español perfecto, pero había volado desde Milán sin documento físico. La foto en el teléfono móvil no ha bastado. El pulso entre Meloni y Sánchez que resquebraja la libertad de movimiento en Europa se mide en cuestión de minutos. Aquí, por fortuna, no hay concertinas ni torres de vigilancia, solo esa pizca de inquietud que resulta desagradable volver a sentir.

Conservadores y socialistas atrincherados, como si alguien estuviera realmente a favor de la inmigración irregular. Una farsa más que una tragedia. Unos simulan olvidar y otros callan por temor a ser tildados de racistas. La inmensa mayoría de los extranjeros regularizados en España son hispanoamericanos: la antigua metrópoli los acoge porque comparten idioma y, sobre todo, porque trabajan. Hacen falta en un país que crece a buen ritmo.

"Las fronteras abiertas son la prueba de que los europeos han decidido compartir un destino común y tratarse como hermanos", decía Jacques Delors. Pero ya se sabe: entre hermanos, a veces, sobran los cuchillos.