Atropella un corzo y enferma una semana después: el caso del hombre que se contagió de la “fiebre del conejo”

2026/08/31

Un corzo permanece en el centro de una carretera pavimentada de noche, rodeado de árboles y vegetación.

Un corzo cruza una carretera iluminada por luces de un vehículo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un hombre de 39 años iba conduciendo por una carretera en Alemania cuando atropelló a un corzo. Parece que el animal primero fue golpeado por otro vehículo que venía en sentido contrario antes de impactar contra el parabrisas del paciente, que resultó herido por los cristales rotos y por el impacto del cuerpo del corzo.

Sin embargo, no fueron los cortes que sufrió en la cara lo extraordinario de su caso, sino una enfermedad que desarrolló una semana después del accidente. Junto con fiebre y una lesión alrededor del ojo izquierdo, un bulto en el cuello comenzó a crecer. La ecografía reveló que los ganglios linfáticos estaban inflamados y le recetaron antibióticos, pero la hinchazón solo empeoraba.

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Un mes después, el paciente se sometió a más pruebas que terminaron por revelar múltiples abscesos en la cara que requería de un drenaje quirúrgico. Tras analizar el líquido, el equipo médico reveló la patología: la fiebre del conejo, una grave infección bacteriana.

(A) Fotografía tomada el día del accidente que muestra la exposición facial a sangre del ciervo, otros fluidos corporales del animal y tierra. (B) Fotografía tomada el día 24 tras el accidente; la flecha inferior señala una inflamación cervical cerca del ángulo mandibular izquierdo y la flecha superior indica una lesión periorbitaria. (C) Tomografía computarizada (TC) cervical axial con contraste realizada el día 30 tras el accidente; la flecha señala un absceso representativo de múltiples lesiones en el lado izquierdo.
(A) Fotografía tomada el día del accidente que muestra la exposición facial a sangre del ciervo, otros fluidos corporales del animal y tierra. (B) Fotografía tomada el día 24 tras el accidente; la flecha inferior señala una inflamación cervical cerca del ángulo mandibular izquierdo y la flecha superior indica una lesión periorbitaria. (C) Tomografía computarizada (TC) cervical axial con contraste realizada el día 30 tras el accidente; la flecha señala un absceso representativo de múltiples lesiones en el lado izquierdo.

La tularemia o fiebre del conejo es un enfermedad provocada por la bacteria Francisella tularensis, una bacteria que afecta principalmente a animales y roedores salvajes. Sin embargo, los seres humanos pueden contraerla mediante la picadura de garrapatas, tábanos o mosquitos, al inhalar tierra o material vegetal infectado, o por el contacto directo de una herida con un animal infectado o su cadáver.

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En el caso de este alemán, “sus heridas estaban contaminadas con sangre animal, fluidos corporales procedentes de órganos eviscerados (por ejemplo, intestinos) y tierra”, recoge el equipo médico en la revista The Lancet Infectious Diseases.

De acuerdo con MedlinePlus, la enfermedad se presenta principalmente en América del Norte y algunas regiones de Europa y Asia. Los síntomas suelen aparecer entre 3 y 5 días después de la exposición e incluyen fiebre, escalofríos, sudoración, dolor de cabeza, dolores musculares y articulares y lesiones en la piel. En algunos casos, especialmente después de inhalar material contaminado, puede producir neumonía.

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El diagnóstico de la tularemia puede realizarse mediante análisis de sangre, cultivos, pruebas de anticuerpos, radiografías de tórax y pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (RCP). Por su parte, el tratamiento tiene como objetivo eliminar la infección mediante antibióticos, entre ellos la estreptomicina, la tetraciclina y, como alternativa, la gentamicina.

Sin tratamiento, la enfermedad puede ser mortal en aproximadamente el 10 % de los casos, mientras que con tratamiento la mortalidad es inferior al 1 %. Entre las posibles complicaciones se encuentran la neumonía, la meningitis, la pericarditis y la osteomielitis. Para prevenirla, se recomienda utilizar guantes al manipular o preparar animales salvajes y evitar el contacto con animales enfermos o muertos.

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Una vez que llegó el diagnóstico de la patología, el hombre recibió el tratamiento correspondiente (el antibiótico de la ciprofloxacina) y su estado de salud mejoró rápidamente. De hecho, tres meses después del siniestro, sus abscesos ya habían disminuidos, aunque aún sufría una tensión facial leve.

El equipo médico concluyó que el animal estaba infectado de la bacteria y que fue el contacto con su sangre al traspasar el cristal lo que infectó a este hombre. En 2025, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) publicaron un informe en el que alertaban del aumento de la incidencia en Estados Unidos. No obstante, sigue siendo una enfermedad poco común, con menos de 2.500 casos en el país documentados entre 2011 y 2022.

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