“Bolívar y yo no cabemos en el Perú”: los secretos de la entrevista de Guayaquil y la decisión de San Martín de abandonar América

2026/07/26

Entrevista de Guayaquil.

Histórica entrevista de Guayaquil, donde San Martín decidió abandonar Perú y dejarle a Bolívar la dirección militar de la campaña libertadora

José de San Martín estaba convencido de que uniendo fuerzas con Simón Bolívar terminarían derrotando mucho más rápido a los españoles y evitar el desgaste de una guerra prolongada. Arrastraba una larga campaña que había comenzado con el cruce de los Andes, con la derrota de los españoles en Chile y con una expedición que lo llevó al Perú, donde quería terminar con el dominio español.

Por su parte, Bolívar había derrotado a los españoles en Carabobo el 24 de junio de 1821, determinando la liberación de Venezuela y continuó su campaña por el sur de Colombia. Como Antonio José de Sucre, su general y amigo, necesitaba refuerzos de tropas veteranas para encarar lo que quedaba de la campaña, acudió a la ayuda de San Martín, que le mandó 1.300 hombres a las órdenes de Andrés Santa Cruz.

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Proclamación de la Independencia del Perú (cuadro del pintor Juan Lipiani)
Cuando San Martín proclamó la independencia del Perú (Cuadro de Juan Lipiani)

Luego vino la hazaña de Juan Lavalle en Ríobamba, donde 96 granaderos provocaron la fuga de 420 enemigos y el 24 de mayo de 1822 se produjo el combate al pie del volcán Pichincha y Quito fue incorporado a la República de Colombia. Había que continuar la guerra un poco más al sur, donde parte del territorio peruano aún estaba en poder de los realistas.

El 25 de julio de 1822 San Martín se embarcó en la goleta Macedonia para entrevistarse con Bolívar. Iba acompañado por sus ayudantes de campo y por una escolta de 25 húsares.

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Llevaba las de perder: de Chile poca ayuda podía esperar porque la posición de su amigo Bernardo O’Higgins no era la mejor; sabía que tenía en contra a la dirigencia porteña por lo que ninguna ayuda vendría de Buenos Aires, más aún cuando se había negado a bajar para luchar contra los caudillos del interior.

Simón Bolívar estaba desarrollando su campaña militar al norte de América del sur cuando se reunió con San Martín
Simón Bolívar estaba desarrollando su campaña militar al norte de América del sur cuando se reunió con San Martín

Solo no podría vencer a las fuerzas realistas. Unirse a Bolívar era la solución, lo que no era descabellado. En más de una oportunidad aquel había hecho ofrecimientos en ese sentido.

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San Martín era el Protector del Perú. Enfrascado en la guerra, había dejado el manejo político y de relaciones exteriores en su mano derecha, el tucumano Bernardo de Monteagudo, que ya ejercía el cargo de ministro de Guerra y Marina. La cuestión interna peruana tampoco le sonreía: el partido Republicano no veía con buenos ojos sus ideas monárquicas y que buscase ayuda en Bolívar.

En definitiva, fue a la famosa entrevista en inferioridad de condiciones.

Llegó a la isla de Puná, y fue saludado por los cañonazos de convención disparados por la escuadra peruana. Su capitán le entregó una carta de Bolívar y lo puso al tanto de las novedades: el venezolano había tomado el mando militar y político de Colombia.

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Bernardo de Monteagudo quedó a cargo del gobierno en el Perú cuando San Martín viajó a Guayaquil
Bernardo de Monteagudo quedó a cargo del gobierno en el Perú cuando San Martín viajó a Guayaquil

Guayaquil estaba tironeada por dos posturas: unos, partidarios de San Martín, buscaban la protección del Perú y otros, identificados con Bolívar, preferían anexarse a Colombia.

El 26 al mediodía San Martín arribó a Guayaquil. Dos ayudantes de Bolívar subieron a bordo a recibirlo. Enfrente del muelle, donde estaba el edificio de la gobernación, se le rindió honores militares. Acompañado por su escolta caminó cuatro cuadras hasta una casa de dos pisos, que sería su alojamiento. En la puerta lo esperaba Bolívar, con uniforme de gala, rodeado por su estado mayor. Se adelantó con su mano extendida: “Al fin se cumplieron mis deseos de conocer y estrechar la mano del renombrado general San Martín”.

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Todos subieron al primer piso a un salón acondicionado para la reunión. Luego de las presentaciones de rigor, quedaron a solas.

Cuando Bolívar se retiró, San Martín permaneció en su habitación. Por la tarde, visitó a Bolívar en su residencia.

José de San Martín
Desde 1817, cuando cruzó la cordillera de los Andes y liberó Chile, San Martín llevaba con mucho esfuerzo su campaña libertadora

Al día siguiente volvieron a encontrarse. Se encerraron durante cuatro horas. La posición de poder de Bolívar impidió que acordaran cuestiones políticas y estratégicas sobre lo que hoy es Ecuador; tampoco sobre cómo encarar la última etapa de la guerra y menos sobre la forma de gobierno a implementar.

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Al salir, participaron de un banquete para cincuenta personas. “Brindo, señores, por los dos hombres más grandes de la América del Sur, el general San Martín y yo”, dijo Bolívar levantando su copa. El libertador respondió: “Por la pronta terminación de la guerra, por la organización de las nuevas Repúblicas del Continente y por la salud del Libertador”.

Más tarde, la ciudad ofreció un baile. Contrastaba la alegría de Bolívar bailando con la de San Martín con aire de preocupado. En un momento de la velada le pidió a Tomás Guido: “Llame usted al coronel Soyer: ya no puedo soportar este bullicio”.

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Se despidió de su anfitrión y, sin que nadie lo notara, se retiró. Fue directo al Macedonia y esa madrugada del 28 volvió a Lima. “La opinión que había formado del general Bolívar, es decir, una ligereza extrema, inconsecuencia en sus principios y una vanidad pueril”.

Estaba defraudado. Al parecer Bolívar solo se mostró dispuesto a devolverle los hombres que en su momento le había enviado. San Martín demoró un mes en escribirle. Le confesaba que los resultados del encuentro no eran los que esperaba. Dijo estar convencido de no haber sido lo suficientemente sincero en su ofrecimiento de servir bajo sus órdenes o que le incomodaba su presencia.

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Luego de describirle la delicada situación en el terreno de la guerra, le informó que convocaría al primer congreso del Perú y que al día siguiente se embarcaría a Chile, ya que sostenía que su presencia era un obstáculo para que entrase con su ejército en Perú. “Para mi hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo y es preciso conformarse”.

Cuando pisó el muelle de El Callao, le dieron noticias aún peores: habían logrado hacer renunciar a Monteagudo, quien debió exiliarse. Encontró que los peruanos habían tomado muy mal la anexión de Guayaquil a Colombia y muchos de sus jefes militares también estaban descontentos. Llegaron a tildarlo de cobarde.

El 20 de septiembre, ante el primer Congreso Constituyente celebrado en la Universidad de San Marcos, presentó su renuncia irrevocable. Después de que le insistieran, aceptó el título de Fundador de la Libertad del Perú. Se sintió aliviado del peso que se sacaba de encima. Le confesó a O’Higgins su intención de ir a Buenos Aires: “a ver a mi chiquilla”.

A las nueve de la noche del 20 de septiembre, sorprendió a Guido: le dijo que dejaría el país, que partiría a Chile. Le dolía separarse de sus camaradas y de aquellos que lo habían ayudado, pero estaba convencido de que su presencia era perjudicial para el Perú. Tanto insistía Guido en convencerlo que lo cortó: “Le diré a usted sin doblez, Bolívar y yo no cabemos en el Perú”. El 12 de octubre de 1822 llegó a Valparaíso. No volvería nunca más al Perú.

Antes de dejar Ecuador, le habían regalado un perro, al que bautizó con el nombre de Guayaquil. Lo acompañó en su estancia en Chile, en Mendoza, en Buenos Aires cuando fue a buscar a su hija Mercedes. Y también compartió el exilio en Francia. El anciano general deleitaba a las visitas mostrándole lo que le había enseñado: simulaba someter a una corte marcial al animal, que era declarado culpable y condenado a morir fusilado. San Martín blandía su bastón y usándolo como un fusil, le disparaba, y el perro fingía morir.

Cuando murió, fue enterrado en los jardines de la residencia de Grand Bourg. En la lápida, mandó poner “Aquí duerme Guayaquil”, el de la entrevista con demasiados secretos.