Cada verano es más caliente. ¿Por qué seguimos comiendo igual?

2026/07/11

Jessica González Castro, Directora Ejecutiva de Generación Vegana

Jessica González Castro, Directora Ejecutiva de Generación Vegana

“¡Qué calor está haciendo!”

Es definitivamente una de las frases más repetidas durante las últimas semanas. Prendemos el aire acondicionado, buscamos la sombra, compramos un ventilador. Hemos aprendido a adaptarnos a temperaturas que, hace apenas unos años, habrían parecido extraordinarias. Lo preocupante no es solamente el calor. Lo verdaderamente preocupante es la rapidez con la que nos estamos acostumbrando a él.

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Cada verano se rompe un nuevo récord. Las olas de calor son más intensas, las sequías más prolongadas y los incendios forestales más frecuentes. Aun así, cuando hablamos de cambio climático, solemos pensar en autos eléctricos, paneles solares o reciclaje. Casi nunca hablamos de algo que hacemos todos los días, tres veces al día: comer.

Recuerdo una entrevista que realizamos en 2019 con el doctor Joseph Poore, investigador de la Universidad de Oxford y autor de uno de los estudios más importantes sobre alimentación y medio ambiente, publicado en la revista Science. Después de analizar cerca de 40 mil granjas en 119 países, su investigación llegó a una conclusión contundente: adoptar una alimentación basada en plantas es una de las acciones individuales más efectivas para reducir nuestro impacto ambiental. Los alimentos de origen animal concentran la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción de alimentos, además de requerir mucha más tierra y agua que los alimentos de origen vegetal.

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Salmón cocido, pollo en rebanadas, pimientos asados, brócoli, quinoa, batata, ensalada de espinacas, limón, perejil, platos, cubiertos, vaso de agua en mesa de madera.
Una mesa de madera presenta una selección de platos con proteínas magras, carbohidratos complejos y vegetales, conformando una comida equilibrada y nutritiva. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Han pasado seis años desde aquella conversación y, sin embargo, seguimos hablando del cambio climático como si lo que ponemos en nuestro plato fuera un tema secundario. Las cifras ayudan a entender por qué no debería ser así. Producir un solo kilogramo de carne de res requiere, en promedio, alrededor de 15 mil litros de agua, de acuerdo con la Water Footprint Network. Además, genera cerca de 60 kilogramos de dióxido de carbono equivalente, mientras que producir un kilogramo de legumbres genera aproximadamente un kilogramo. No todos los alimentos tienen el mismo impacto sobre el planeta.

Mientras buscamos maneras de soportar el calor de este verano, vale la pena recordar que la producción de alimentos también forma parte de la conversación climática. Lo que elegimos comer tiene un impacto en las emisiones, en el uso del agua, en la deforestación y en la biodiversidad. Y, al mismo tiempo, es una de las pocas decisiones ambientales que están completamente en nuestras manos todos los días.

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Fotografía cenital de una mesa dividida. A la izquierda, platos de comida saludable: salmón, ensaladas, verduras, nueces. A la derecha, comida rápida: hamburguesa, papas fritas, dulces y refrescos.
Esta imagen editorial compara visualmente dos estilos de alimentación en una mesa dividida: la izquierda presenta opciones frescas y nutritivas, mientras la derecha exhibe alimentos ultraprocesados y de consumo rápido. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Quizá el verdadero reto no sea sobrevivir a otro verano extremo. Quizá el reto sea dejar de comportarnos como si las olas de calor fueran una nueva normalidad sobre la que no podemos hacer nada. Porque el cambio climático ya no es una advertencia para las próximas generaciones. Es el calor que sentimos hoy cuando salimos de casa. Y cada decisión, incluso la que tomamos frente a un plato de comida, puede acercarnos un poco más al problema o a la solución.