Cáncer de cabeza y cuello: por qué la evaluación nutricional es clave para el tratamiento y la calidad de vida

2026/07/27

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El cáncer de cabeza y cuello incluye en su mayoría carcinomas de células escamosas que se desarrollan en las capas internas húmedas de la boca, la nariz y la garganta (Freepik)

Este lunes 27 de julio es el Día Mundial del Cáncer de Cabeza y Cuello.

Según datos de la Mayo Clinic, estos tumores forman parte de una categoría amplia que incluye diferentes tipos de cáncer originados en la región de cabeza y cuello, siendo la mayoría carcinomas de células escamosas. Es decir, se desarrollan en las capas internas húmedas de la boca, la nariz y la garganta.

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En la Argentina, cerca de 3.000 personas reciben cada año un diagnóstico. Estos cánceres no solo ponen en riesgo la vida sino que también alteran funciones básicas como masticar y tragar, aumentando el riesgo de desnutrición y complicaciones durante el tratamiento. Las proyecciones indican que la incidencia podría crecer un 30% para 2030, lo que plantea un desafío sanitario y nutricional urgente.

Un médico con guardapolvo y estetoscopio conversa con una pareja adulta sentada en un consultorio moderno y luminoso. Hay paredes blancas y una camilla azul.
El dolor al tragar, la dificultad para masticar, las úlceras en la boca y la pérdida de apetito figuran entre los síntomas del cáncer de cabeza y cuello (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cáncer de cabeza y cuello representa uno de los grandes retos para los equipos de salud por su impacto directo en funciones esenciales. Estos tumores suelen presentarse sobre todo en mayores de 50 años y afectan de dos a cuatro veces más a los hombres que a las mujeres.

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La enfermedad puede manifestarse a través de dolor al tragar, dificultad para masticar, alteraciones del gusto o sensación de obstrucción. Muchos pacientes experimentan úlceras en la boca, sequedad o inflamación bucal y pérdida de apetito debido tanto al avance del tumor como a los efectos de la cirugía, la radioterapia o la quimioterapia.

La desnutrición se consolida como uno de los principales problemas en estos pacientes. “Cuando una persona deja de alimentarse adecuadamente durante varias semanas baja de peso, pero también pierde masa muscular, fuerza y capacidad funcional. Esto puede afectar su autonomía, su calidad de vida e incluso la posibilidad de completar los tratamientos según lo planificado”, explicó Agustina Senese, jefa de Cuidados Paliativos del Hospital General de Agudos ‘Dr. Cosme Argerich’ y coordinadora del área de Nutrición de la asociación civil SOSTÉN.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los tumores de cabeza y cuello se desarrollan principalmente en las capas internas húmedas de la boca, la nariz y la garganta (Imagen Ilustrativa Infobae)

La evidencia científica muestra que la prevalencia de desnutrición en el cáncer de cabeza y cuello es una de las más altas entre los distintos tipos de tumores. Es decir, no solo se trata de perder peso, sino de perder masa muscular y capacidad funcional, una condición que puede pasar inadvertida en pacientes con peso aparentemente normal.

Un aspecto crítico es la aparición de sarcopenia, la pérdida progresiva de masa y función muscular. Aunque suele asociarse al envejecimiento, en oncología puede presentarse en cualquier paciente y agrava el pronóstico. A esto se suma la disfagia o dificultad para tragar, que limita la hidratación y la ingesta de alimentos, y aumenta el riesgo de complicaciones respiratorias.

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Detectar estas condiciones desde el inicio permite intervenir antes de que aparezcan complicaciones graves. “Detectar precozmente las dificultades para alimentarse permite actuar antes de que aparezcan complicaciones severas”, remarcó Senese.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La sarcopenia y la disfagia agravan el pronóstico del cáncer de cabeza y cuello al limitar la alimentación, la hidratación y la capacidad funcional del paciente (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según los expertos, la atención nutricional debe formar parte de un abordaje integral. El equipo debe incluir oncólogos, cirujanos, fonoaudiólogos, psicólogos y nutricionistas.

“La nutrición deja de ser únicamente una recomendación general de hábitos saludables para convertirse en una intervención terapéutica concreta”, planteó Senese. Esto implica evaluar el estado nutricional desde el diagnóstico y ajustar la alimentación a las necesidades y limitaciones de cada paciente. La Mayo Clinic y la Cleveland Clinic coinciden en que la integración temprana de la nutrición en el tratamiento mejora la tolerancia a las terapias, reduce las complicaciones y preserva la calidad de vida.

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El consumo de tabaco y alcohol son los principales factores de riesgo para el cáncer de cabeza y cuello. En los últimos años, la infección por el virus del papiloma humano (VPH) ha adquirido un papel relevante, especialmente en los tumores de garganta. Otras causas incluyen la exposición a sustancias químicas y la radiación ultravioleta. Prevenir la enfermedad implica dejar de fumar, beber alcohol con moderación, protegerse del sol y consultar por la vacuna contra el VPH.

En un contexto donde más personas sobreviven o conviven con el cáncer durante períodos prolongados, los especialistas remarcan la importancia de acompañar a los pacientes desde el inicio. “La nutrición sigue siendo una dimensión subestimada dentro del cuidado oncológico, a pesar de que influye directamente en la evolución clínica del paciente y en su bienestar”, afirmó María Alejandra Iglesias, presidenta de SOSTÉN.

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Dar visibilidad a las dificultades cotidianas, como alimentarse o compartir una comida en familia, es tan necesario como cualquier otro componente del tratamiento. Incorporar la evaluación nutricional desde las primeras etapas es una oportunidad concreta para mejorar los resultados clínicos y preservar la calidad de vida de quienes atraviesan este tipo de cáncer.