Carito es influencer y crea contenido digital. En sus redes muestra episodios de su vida cotidiana, episodios sencillos casi todos. Pero también se anima a compartir situaciones complejas que atravesó a lo largo de sus 26 años. Hace pocos meses publicó un libro. “Esta es mi historia”. Todo lo cuenta con muchísima frescura, desde el día que se peleó con una señora en un colectivo a los 19 años hasta hoy que compartió los últimos detalles de su segundo embarazo. ¿Por qué decidió que quería contar su vida públicamente? ¿Cómo nació esa profunda necesidad de hablar?
– Me haces reír, lo del colectivo me va a perseguir hasta el último día.
– Ese episodio fue viral. En el colectivo la señora hacía ruido, se escuchaba la música a través de los auriculares.
– Yo era chica, le había pedido amablemente a la señora si podía no golpearme el asiento. La señora no se lo tomó bien, me empezó a insultar, a decir de todo y yo la filmé.
– Te resulta fácil contar, hablar de lo que te pasa.
– Lo de las redes sociales se me dio de una manera muy natural. Cuando empecé a usar las redes sociales tenía 16 años, no las usaba para poder trabajar de eso. Siempre fui cara rota, me gusta filmarme, sacarme fotos. Era bastante brava en mi adolescencia, no entendía de los límites, para mí todo era válido, filmaba todo. Y cuando digo todo, es todo. Me filmaba jugando a la pelota, pero también me filmaba haciendo cosas que no me enorgullecen, me cagaba a piñas con alguien, lo filmaba y lo subía a redes. Y se fue armando el camino de mostrar siempre toda mi vida.
– Mucha gente crea contenido digital, pero no hay tantos que cuenten toda su vida.
– Hubo una parte que la guardé hasta ahora, hasta este año. Yo empecé hace diez años en las redes, en mi vida estaban pasando un montón de cosas. El año que falleció mi mamá biológica es el año en que empecé a usar un montón las redes sociales, me entretenía, escapaba un poco de lo que me pasaba. Esta parte de mi historia no la conté porque siempre fui muy consciente que era también la historia de mi papá y de mi hermano mayor también, era exponerlos. Ahora es mi trabajo. Yo no soy una gran consumidora de las redes sociales. Cuando tengo tiempo libre trato de hacer otras cosas, no de scrollear en TikTok.
– Hace poco decidiste contar que tenes dos mamás, una madre biológica y una madre del corazón.
– Siempre mostré a mi mamá del corazón como mi mamá. Esto sale a la luz en una pelea de Twitter en el año 2023, una chica que era conocida mía del colegio puso en redes que mi mamá no era mi mamá y que mi mamá biológica estaba internada en un psiquiátrico. Era mentira, mi mamá biológica había fallecido. Yo simplemente expliqué en ese momento que era algo que tenía que ver con mi familia, con mi historia familiar, y que yo no estaba para exponerlo en ese momento.
“A LOS 16 AÑOS NO TENÍA GANAS DE VIVIR, NO TENÍA UN MOTIVO PARA LEVANTARME DE LA CAMA”
– Un día sentiste que lo tenías que contar.
– Desde 2024 tenía ganas de escribir un libro sobre mi historia. Yo tengo mucho público femenino, tengo nenas de nueve años, tengo chicas de 20 y tengo chicas de 50 que también me siguen. Pero tengo un gran público adolescente de 15, 16, 17 años, y a esa edad fue cuando peor la pasé, hubo muchas cosas que me marcaron. Recuerdo esa etapa de mi vida como un momento en el que yo no tenía ganas de vivir. “No tengo ganas de vivir, no tengo un motivo, no tengo algo que me haga levantarme de la cama”.
“ME DECÍAN QUE EL PSICÓLOGO ERA PARA LOS LOCOS Y YO NO TENÍA HERRAMIENTAS”
– ¿Qué edad tenías?
– 16. El año que falleció mi mamá biológica me afectó sobremedida, fue el detonante de muchas cosas que venían pasando. Mi papá, mi hermano más grande y yo éramos los tres más involucrados y cuando falleció mi mamá para ellos fue como “cerramos el libro, ya está”.
– Algo que terminaba.
– Algo que terminaba y a mi fue algo que me dejó…
– Te dejó a la intemperie y muy deprimida.
– Muy, muy deprimida, muy incomprendida. Cada uno desde su dolor prefería no hablar ni mi papá, ni mi hermano y yo todo lo contrario, necesitaba hablar con alguien, necesitaba sacarlo de adentro. No me mandaron al psicólogo porque decían que era para los locos, yo no tenía herramientas.
– Te deprimiste.
– Me deprimí muchísimo y llegué al punto de decir no tengo ganas de vivir. Hoy ya pasé todas esas situaciones, me convertí en mamá, mi vida cambió completamente. Tengo dos razones de vivir que son mis hijas, pero recuerdo mucho esa etapa de mi vida. Hoy las redes sociales están llenas de chicas y chicos que consumen influencers y dicen “mirá la vida que tiene este”, pero esta no es la vida perfecta. Siempre pensé, ¿cuánta gente no sabe de donde yo salí? ¿De dónde vengo? ¿Las cosas que yo pasé? Si una nena de 16 años en la casa vive violencia y tiene algún familiar con drogadicción y alcoholismo como mi mamá o está deprimida, por ahí me ve como una inalcanzable y esto es traerla a la realidad. “Si esta piba está ahí con todo lo que pasó también yo podría llegar a hacer eso que tanto anhelo”.
“TERMINÉ EN UN HOSPITAL Y SE BARAJÓ LA IDEA DE INTERNARME EN UN PSIQUIÁTRICO”
– Contar además que en un momento no tuviste ganas de vivir y que lo pudiste atravesar.
– Sí, fueron dos veces en la adolescencia, con dos años de diferencia. En 2016 fue la primera vez y en 2018 fue la segunda que fue más heavy, terminé internada y se barajó la opción de internarme en un psiquiátrico. Fue fuerte esa vez, después pude salir adelante y empecé terapia. Mi mamá falleció en febrero y el primer intento lo tuve en agosto del 2016, hice terapia y dejé. Después del segundo intento tuve que empezar psicólogo, psiquiatra, medicación, había sido fuerte, no solo para mí, sino para todos.
– ¿Cuál es el mensaje que les querés dejar a las chicas que te siguen de tu depresión, de no querer vivir más?
– Lo principal es buscar ayuda en profesionales. En su momento lo encontraba en padres de mis amigos, con mi papá tenía una relación en la que no fluía la confianza. Hoy es todo lo contrario, hoy yo me golpeo el dedo chiquito y voy corriendo a la casa de mis papás a contárselos. Cuando uno atraviesa una situación de depresión y de intentos de suicidio es clave buscar ayuda profesional. Yo creo que no me fui ninguna de esas dos veces porque yo tenía que ser mamá. Hay que buscar algo, pensar en algo que motive.
“YO TENÍA MUCHAS GANAS DE HABLAR PERO ERA PALABRA PROHIBIDA EL TEMA DE MI MAMÁ”
– ¿No podías conversar con tu papá o con tu hermano abiertamente de todo lo que pasó en tu familia y te deprimiste?
– Para mí hablar es todo. Hoy en día no hay algo que no pueda hablar, me pasa algo y lo hablo. Guardarse las cosas hace que hasta el cuerpo hable después. Más allá de una depresión, tu cuerpo empieza a manifestarlo. Yo tenía muchas ganas de hablar, buscaba por todos los medios alguien para hablar, pero era palabra prohibida el tema de mi mamá, no se podía.
– Tenés 26 años y hace pocos meses publicaste el libro “Está en mi historia”, seguís teniendo necesidad de hablar.
– Sí, es más, esta semana arranqué con una psicóloga y una psiquiatra perinatal, porque me pasaron muchas cosas en este embarazo, entre ellas haber escrito mi historia. Yo hice muchos años de terapia después de todo esto que me permitieron sanar y salir adelante. Pero mi psicóloga me había dicho que escribir un libro es revolver y de sanación también, terminás de sanar, pero traés de vuelta muchas cosas a la cancha que quizás estaban guardadas. Fue un proceso muy fuerte porque ahora sí pude hablar con mi papá y mi hermano, pude preguntarle cosas a mi papá, preguntarle cosas a mi hermano, juntos reconstruir recuerdos.
“MI MAMÁ PORQUE ERA DROGADICTA Y ERA ALCOHÓLICA, UNA COSA LA LLEVÓ A LA OTRA Y ERA PROSTITUTA, LABURABA DE NOCHE”
– Vos creciste en la casa de tus abuelos.
– Pasé muchos años en la casa de mis abuelos, por parte de mi papá y de mi mamá biológica. Un ida y vuelta constante.
– ¿Qué pasaba en tu casa? ¿Por qué no podías estar con un papá y una mamá?
– Mis dos familias, la de mi mamá biológica y la de mi papá, eran familias muy humildes. Mi viejo tenía 25 años, nos tenía a mi hermano y a mí, y lo dabas vuelta y no se le caía pelusa del bolsillo. Laburaba de sol a sol, mi papá labura desde que tiene cinco años repartiendo diarios.
– O sea que él no estaba en tu casa.
– No estaba porque laburaba de sol a sol, literalmente, y nosotros vivíamos con mis abuelos. No podíamos contar con mi mamá porque ella tenía drogadicción, era alcohólica. Una cosa llevó a la otra y era prostituta, laburaba de noche.
“UNO DE LOS PRIMEROS RECUERDOS DE MI MAMÁ FUE CUANDO INTENTÓ AHORCARME CON UN PAÑUELO”
– ¿Desde qué edad tuviste esa imagen de tu mamá?
– Desde los tres. En el libro cuento muchas situaciones que recuerdo con lujo de detalle, como si hubiesen pasado ayer, como si fuesen una película en mi cabeza. Uno de mis primeros recuerdos de mi mamá fue cuando ella intentó ahorcarme con un pañuelo, ese recuerdo lo tengo grabado, es el epílogo de mi libro.
– ¿Estaba drogada?
– Estaba drogadísima. Yo me acuerdo de la cara de mi mamá con todos los ojos rojos, los pelos, el olor a vino, el calor que hacía ese día. Yo dormía en bombacha y en cuero en la cama de mi abuela, tenía tres o cuatro años, no más que eso. Sentí el colchón cuando mi mamá se tiró porque se movió, me levanté y la vi a ella en cuclillas arriba de la cama con un pañuelo y con el aura que ella tenía cuando estaba en este estado. Me dijo: vení, vení que te va a quedar lindo en el cuello. Salí corriendo, mi mamá no me pudo agarrar, agarré la llave y salí en bombacha. A todo esto mi abuela estaba frenando a mi mamá, gritándole, mi abuela tenía miedo. Es el primer recuerdo que tengo de tener miedo.
“YO SENTÍA QUE ME IBA A MATAR”
– ¿De qué tenías miedo?
– Yo sentía que me iba a matar, porque ella hizo el gesto, “vení que te va a quedar lindo en el cuello”.
– Vos veías situaciones muy violentas de su parte.
– Violencia con todos. De pegarle a mi abuela, a mi abuelo, a mi hermano, a mí, a mis perros, ella era una persona muy violenta. Tenía denuncias, pero ella era indomable. Si te tengo que poner una palabra era indomable, no había manera.
“MI MAMÁ FUE HIJA DE DESAPARECIDOS DE LA DICTADURA, CUANDO SE ENTERÓ A LOS 13 AÑOS EMPEZÓ A TRATAR MUY MAL A SUS PAPÁS”
– ¿Había alguna explicación?
– Ella terminó siendo una persona psiquiátrica. De hecho, cuando cayó presa fue al pabellón psiquiátrico del penal. Lo que a ella le detonó todo fue enterarse que era adoptada, mi mamá fue hija de desaparecidos de la dictadura. Se enteró a los 13 años y empezó desde ese momento a tratar muy mal a sus papás.
“A MIS ABUELOS SE LA DIERON EN UN HOSPITAL, UN MÉDICO AMIGO, SE LA DIERON SIN PAPELES, SIN NADA”
– ¿No buscó a sus familiares biológicos?
– A mis abuelos se la dieron en Lanús, en un hospital, un médico amigo, porque mis abuelos no podían tener hijos. Se la dieron así, sin papeles, sin nada.
– Con un análisis de sangre hubiera podido saber.
– Cuando yo conté mi historia mucha gente me preguntó si no fui al banco de sangre, de Abuelas y demás, y sinceramente es algo que por el momento que estoy transitando ahora no siento tener la fortaleza de poder hacerlo.
– Ella sabía que podía hacerlo, es público.
– Yo supongo que sí, con mi mamá nunca lo pude hablar, yo tenía ocho años la última vez que la vi. Creo que ella estaba tan perdida que su cabeza no razonaba como una persona normal, coherente.
“MI MAMÁ NO TUVO A NADIE A SU ALREDEDOR CON LAS HERRAMIENTAS PARA ACOMPAÑARLA Y TERMINÓ DE LA MANERA QUE TERMINÓ”
– Ella tampoco pudo hablar.
– No, mi mamá no. Yo lo veo como una historia de dolor también, de no poder hablar, de no tener herramientas. El psicólogo, el psiquiatra, está ahora muy naturalizado y en ese momento, no. Mi mamá no tuvo nadie a su alrededor con las herramientas para acompañarla y terminó de la manera que terminó.
– ¿Recordás varios episodios en los que sentías que iba a matarte?
– Tengo unos cuantos, sí. Tengo también otros recuerdos donde había mucha violencia, de todos los tipos que te puedas imaginar. Además era una persona que ejercía mucha violencia psicológica. De chiquita me decía que mi papá no era mi papá, yo lloraba y le decía que sí era, porque yo tengo de este lado de la cara un porotito y mi papá tiene el mismo porotito en el mismo lugar. Me decía cualquier cantidad de cosas, lo que pasaba no lo podíamos contar en las otras casas porque iba a matar a mi abuela...
– ¿Así fue toda tu infancia?
– Toda mi infancia, hasta los ocho en que nos vamos de ahí. Me preguntaban mucho, ¿y tu papá? ¿Por qué no los sacaba de ahí? Nosotros no contábamos, mi papá se enteró de grande, no sabía lo que pasaba porque nosotros teníamos el secreto de que no se podía hablar.
– Tu hermano es un poco más grande, ¿pidieron ayuda en algún momento?
– Nahuel tuvo que crecer mucho, a Nahuel yo lo veía como mi papá, era mi figura paterna, y él estaba tan en ese rol que él cuidaba también de mis abuelos. Era el único que más o menos podía controlar a mi mamá, yo tenía ocho y él tenía 13, era un nene.
– ¿Fuera del ámbito familiar nunca pidieron ayuda?
– No, porque mi mamá nos amenazaba.
– ¿A algún vecino? ¿A la policía?
– Eso sí. El día que me quiso ahorcar y yo salí corriendo terminé en la casa de un vecino. Los vecinos la denunciaron, denunciaban los maltratos, denunciaban las noches de quilombo, gritos, platos rotos, pero la policía la metía en el calabozo y salía. Me contó mi abuela cuando escribí el libro que papá o mi abuelo la iban a buscar al calabozo y los policías le decían “flaco, te compadezco”. Se la pasaba gritando, se la pasaba puteando a todo el mundo. Entraba y volvía a salir, caía y salía. Han tratado de internarla, se escapaba, no había manera.
– Tu papá trabajaba.
– Mi papá se enteró de los detalles cuando yo tenía 16, 17 años. Empecé a tener las primeras charlas con mi papá con mi rebeldía, “loco, necesito que me ayudes, yo viví todo esto.” Mi papá se quedaba blanco.
“CUANDO YO TENÍA 17 AÑOS MI PAPÁ SE ENTERÓ QUE MI MAMÁ ME HABÍA QUERIDO MATAR VARIAS VECES”
– ¿Qué es lo que no sabía?
– Mi papá se enteró, cuando yo tenía 17 años, que mi mamá me había querido matar un par de veces. Me quiso ahogar en una pelopincho, me quiso ahorcar con un pañuelo, me quiso acuchillar. A los 17 yo explotaba cada tanto y se lo conté.
– ¿Qué suponés que hace que seas una persona tan entera, tan armada, con tu propia actividad, que seas madre, que hayas logrado todo eso? ¿Qué suponés que en ese recorrido te sostuvo y te contuvo?
– Yo supongo que mi fortaleza viene de todos los errores y aciertos que tuve en la vida. Hoy tengo 26 años, soy mamá, estoy por ser mamá de vuelta y hoy estoy plenamente orgullosa de la mujer que soy. Pero me equivoqué mucho, mucho. Fallé como hija, fallé como nieta, fallé como hermana, fallé como amiga.
– ¿Por qué decís“fallé”?
– Hice sufrir mucha gente dentro de mi dolor, soy muy consciente que le causé mucho dolor a mi familia, cosas que trabajé en terapia y me perdoné porque soy humana. Hice cosas de las que no me enorgullezco, en mi adolescencia me agarraba a las piñas como si fuese nada, me equivoqué mucho. Pero de todas las veces que me equivoqué, pude aprender, pude ir creciendo, agarrando fortaleza de esas situaciones. Siento que llegue a ser la mujer que soy hoy en un camino lleno de tierra, de piedras, saqué mucha fuerza de las cosas que viví de chica. Me costó mucho porque mi adolescencia me tumbó, supe lo que era estar tumbada y levantarme.
– Lo estás contando como si hubieras hecho cosas gravísimas y no lo son. ¡Vos veías a tu mamá cuando se drogaba!
– Se drogaba delante mío con todo lo que te imagines, también chupaba. Hoy en día no puedo oler el vino en caja, mamá se chupaba 40 cartones y me hacía hacerle torzadas en el pelo mientras tanto.
– Y estuviste años viendo episodios violentos.
– Muchísimos, con todos. Mi percepción de chiquita era que el ensañamiento era conmigo, pero la violencia física era con mis abuelos, con mi hermano, con mi perro, con todos. Fue un episodio de mucha violencia el que hizo que nosotros nos fuéramos de ahí y no volviéramos más. Mi papá sabía lo que era mi vieja, ella levantaba el teléfono y le decía a mi papá: Sergio, vení a buscarlos, no los quiero más. Mi papá dejaba lo que estaba haciendo, nos buscaba y nos llevaba a la casa de mis otros abuelos, pero cuando mi mamá quería que volviéramos teníamos que volver, porque si a ella se le ocurría ir a hacer una denuncia, mi papá perdía. No me gustaría haber estado en los zapatos de mi papá porque era muy difícil la situación.
“YO TENÍA OCHO AÑOS, ENTENDÍA LO QUE SIGNIFICABA VERLA EN TANGA, EN TETAS, CON UN TAPADO Y RECONTRA DROGADA, VENÍA DE LABURAR”
– ¿Cuando te enteraste que tu mamá había matado a tu abuela?
– La situación de violencia más grande que viví fue el día que le partió un palo de escoba en la cabeza a mi abuelo delante mío. Yo tenía ocho años, preguntaba, estaba más atenta. Mi hermano y mi abuelo se desvivían para que no me diera cuenta de las cosas, pero yo ya entendía que mi mamá era prostituta y que laburaba adelante, ya entendía lo que significaba verla venir en tanga, tetas, un tapado y las botas hasta acá recontra re drogada. Venía de laburar, de bailar, yo ya entendía. Un día mi mamá había vuelto de la calle desatada, nunca supimos cuál fue el motivo de tanta ira y mi hermano me encerró como siempre con mi perro en la pieza y me dijo: no salgas. Yo escuchaba y era un quilombo diferente, era mucho. Cuando abrí la puerta vi que mi mamá le dio un palazo en la cabeza a mi abuelo y mi abuelo se me cayó en los pies. Me acuerdo del grito de mi abuelo, me acuerdo del golpe seco, mi abuelo era un tipo de 70 y pico de años. Llamé a la policía y mi hermano dijo: esto no da para más.
– Tenías ocho años y llamaste a la policía.
– Ocho años, “vengan que mi mamá va a matar a mi abuelo”. Al otro día mi hermano llamó a mi papá y le dijo “sacanos de acá, esto no da para más”. Mi hermano me dijo, “tomé la decisión de que nos vayamos para cuidarte a vos, yo no quería dejar a los abuelos solos”.
– Tu hermano tenía 13.
– 13. Él tomaba decisiones como un adulto. Mi hermano hoy tiene 31 años, pero parece que tiene 60 en vivencias. Es un tipazo.
“MI ABUELA NO HABÍA FALLECIDO DE VIEJITA, LA HABÍA MATADO MI MAMÁ”
– ¿Cómo te enteraste que después tu mamá había atacado a tu abuela?
– En 2012 falleció mi abuela, yo ya vivía una vida nueva en San Justo, donde vivo ahora. Mi papá me dijo que mi abuela había fallecido de viejita, yo lloré porque mi abuela era mi vida también y yo no la veía desde los ocho. Y pasó. Yo tengo una prima de mi edad, un día le dije que estaba soñando con mi abuela, que la extrañaba. Mi prima me terminó contando que mi abuela no había fallecido viejita, sino que la había matado mi mamá. Me encontré con esta noticia a los 12 años. Ella me dijo que había salido en los noticieros, entré a Internet y empecé a ver todas las notas con detalle, las quemaduras de segundo y tercer grado en todo el cuerpo de mi abuela, que estuvo agonizando dos días en la propiedad, que después estuvo agonizando en el hospital y que falleció en el hospital. Todo esto lo sabía toda mi familia menos yo. Cuando me enteré no quise mandar en cana a mi prima y por esos códigos de lealtad lo tuve que procesar sola, llorando, gritando en una almohada. Lo procesé como pude, mi ilusión era que mi papá me lo contara... Me enteré también que mi mamá estaba presa, seguí esperando que mi papá en algún momento me lo confesara y ese momento no llegó. Me empecé a poner brava en la adolescencia y un día se lo dije. Lo reputeé de arriba a abajo, le dije todo lo que te puedas imaginar. ¿Por qué no me contaste y tuve que llorar en una almohada en lugar de llorar con mi familia?
– Debés haber recibido mucho amor de otras personas desde chica porque hoy se te ve bien.
– De mis abuelos, mi hermano, mi papá a su manera. Mi papá hoy es mi número uno, cambió mucho, antes era un tipo muy frío. Yo tuve siempre a mis abuelos, a mis abuelos Jorge y Mirta que fallecieron en 2010 y 2012, me fui en 2008 y no los vi más. A mi abuelo Roberto, que falleció en 2014, y tengo a mi abuela Irma, le voy a mandar un beso enorme porque no debe poder creer que estoy acá con vos.
– ¿Por qué dejaste de ver a tus abuelos?
– Cuando nosotros nos fuimos por esa situación de violencia, nadie me avisó que no volvíamos. No se hablaba, no se preguntaba. Mi papá no quería saber más nada y mi hermano tampoco, querían resguardarme.
– Viviste mucho siendo muy chica. Viviste muy rápido, incluso ya pasaste por un matrimonio.
“TENGO UNA HIJA, EN SU MOMENTO FORMÉ UNA FAMILIA CON SU PAPÁ. A LOS TRES MESES DE CASARME ME SEPARÉ”
– Y un divorcio.
– Un divorcio además a los cuatro meses de casada y después de mucha fiesta.
– De todo. Yo viví muy rápido y sigo viviendo muy rápido. A mí siempre el amor me atravesó de una manera completa y absolutamente. Hay gente que puede vivir sin amor y que dice “para mí es secundario”, para mí el amor es primordial. Siempre me critican: te casaste, ¿cómo te separaste? Y cómo te enamoraste de vuelta y vas a formar familia? Yo me permito vivir el amor. Yo siento que viví tantas cosas, tanto desapego, tantas situaciones feas de chica, que poder amar, poder estar acompañada y poder soñar con formar una familia… Yo tengo a mi hija, en su momento formé mi familia con su papá. Todo el mundo se separa, no soy ni la primera ni la última. A los tres meses de casarme me separé.
– Fue una linda fiesta.
– ¡Fue espectacular! Siempre digo que lo volvería a vivir 10.000 veces, fue una noche soñada. También me han dicho, ¿por qué te casaste si las cosas no estaban bien? Porque aposté a mi familia.
– ¿Estás hablando de lo que dicen en las redes?
- Si, los comentarios abundan y me han dado con un palo, “te quisiste casar para pretender la familia ideal.”
– ¿Los leés todos?
– Sí, ahora ya no tanto. Aprendí, tengo un moderador que borra los comentarios que son de hate y bloquea a la gente, tiene todas mis redes y bloquea a la gente que me insulta. Entonces yo no leo nada, pero en su momento me han dado. Hice lo que yo creo que haría cualquier mujer cuando proyecta una familia, va a haber momentos donde nos encontremos y donde el otro haga cosas que a mí no me parezcan. Estas cosas sucedieron. Teníamos fecha de casamiento en febrero, y en octubre, noviembre, empezaron a suceder ciertas cosas que movieron un poco la estantería, pero yo dije, voy a apostar a mi familia. Aposté, aguanté lo que pude aguantar y cuando ya no daba para más nos separamos.
– Ahora estás esperando una nena con el novio futbolista.
– Con mi novio futbolista, no creí que iba a ser novia de un futbolista en la vida.
– Ser botinera.
– Ser botinera. ¡Ay, Dios!
– ¿Con él te vas a casar?
– Santi ya me tiró a la cancha un par de veces el tema. Nos vamos a casar, yo le digo que sí, pero quiero esperar un poquito más de tiempo. Ya estamos formando familia, no me puedo casar por iglesia porque estoy casada por iglesia pero nos casaremos de otra manera. El quiere hacer una fiesta así y asá y reventar todo. Festejaremos el amor, pero un poquito más adelante.
– ¿Cómo hacemos con el papá de Mía, de tu primera hija? ¿Lo incorporamos? ¿Son amigos?
– Con Martín tenemos un vínculo bastante cambiante, depende para dónde vaya el viento, pero a grandes rasgos tenemos un excelente vínculo. Siempre priorizamos a Mía, nunca se la toma como rehén, como objeto de negociación. Hubo momentos en que le he querido arrancar la cabeza, pero viene a buscar a la nena, se la doy y chau. Después lo hablamos.
“VIVÍ CINCO VIDAS. TENGO 26, UN CASAMIENTO, UN DIVORCIO, UNA HIJA, OTRA HIJA EN CAMINO, ESCRIBÍ UN LIBRO”
– Sos una señora, como tu hermano parece que ya viviste 60 años.
– Yo viví cinco vidas. Tengo 26, un casamiento, un divorcio, una hija, otra hija en camino, escribí un libro, me falta plantar el árbol. Pero sí, nos llevamos bien, tenemos siempre diálogo, ya nos divorciamos. Mía va a tener una hermana, hablamos mucho sobre la conducta de ella, hoy tuvimos una charla sobre cómo la notamos, si cambia la conducta, estamos muy pendientes, hacemos muy buen equipo.
– Tu vida es un gran vértigo. ¿En algún momento pudiste estudiar?
– Estudié. Me considero una persona muy inteligente, a mí me da el bocho. Hice abogacía un año entero, en todas las materias nueve, diez. Me trabé en derecho político, la recursé y me tocó el mismo profesor y dejé. Después estudié Periodismo deportivo, los profesores me decían “no dejes porque tenés toda la madera”. Y dejé. Estudié Marketing digital, un cursito que terminé, después nada más. Soy influencer, es el cartel que tengo, pero me gusta mucho cuando se dirigen a mí como comunicadora. Me gusta mucho cuando puedo en redes dar mensajes sobre lo que considero importante. En cuanto me enteré que tenía que arrancar psiquiatra y medicación lo conté, es darle el espacio que se merece y no hacerlo tabú. Mucha gente dice, ¿estás psiquiátrica? ¿Estás loca? No, no estoy loca, hay algo químico que está pasando en mi cerebro que tiene una explicación, estoy buscando herramientas para poder controlarlo y estar bien yo, que esté bien mi bebé, mis padres, mi familia. Esas son cosas que me gusta contar.