Cientos de personas se congregaron este jueves en Plymouth, Massachusetts, para manifestar su apoyo a Lindsay Clancy, quien enfrenta un juicio por el asesinato de sus tres hijos. La movilización frente al tribunal busca visibilizar las deficiencias en el sistema de salud mental, mientras la defensa argumenta que la acusada padecía psicosis posparto al momento de los hechos.

Cerca de 300 mujeres y algunos hombres se reunieron durante la jornada del 20 de agosto en las inmediaciones del Tribunal Superior de Plymouth. Los asistentes portaron prendas de color rosa con lemas como “Believe” (Creer), “She Needed Help” (Ella necesitaba ayuda) y “Peace For Lindsay” (Paz para Lindsay), según informó AP.
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El grupo permaneció en silencio durante más de una hora antes de que iniciaran los procedimientos judiciales. Al finalizar el acto, los manifestantes formaron un círculo para rezar, alzaron sus brazos y realizaron gestos de corazones con sus manos.


Se exhibieron incluso banderas de distintos países para demostrar el alcance global de su respaldo.
La acusada, de 36 años, se declaró inocente de los cargos de asesinato tras la muerte de sus hijos Callan, Dawson y Cora, cuyas edades oscilaban entre los ocho meses y los cinco años. El abogado defensor, Kevin Reddington, no niega la autoría material de los fallecimientos, pero sostiene que Clancy carece de responsabilidad penal debido a su estado mental.
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De acuerdo con AP, el letrado afirma que la mujer, quien trabajaba como enfermera de parto, sufría de trastorno bipolar y psicosis posparto, condición vinculada al estrés, la privación de sueño y los cambios hormonales posteriores al alumbramiento.
Reddington sostuvo que su clienta solicitó asistencia de forma constante al acudir a múltiples proveedores ambulatorios, llamar a una línea de prevención del suicidio, visitar un servicio de urgencias y realizar un internamiento voluntario en un hospital psiquiátrico.
Tras el suceso ocurrido el 24 de enero de 2023, Clancy saltó desde una ventana de un segundo piso, razón por la que permanece paralizada de la cintura hacia abajo. Los fiscales sostienen que la mujer planificó el acto y envió a su esposo a realizar recados para quedarse sola con los menores, además de cuestionar la severidad de su intento de suicidio y el cumplimiento con sus tratamientos médicos.
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Durante la audiencia del jueves, la capellana del hospital Brigham and Women’s, Sheila Cavanaugh, brindó su testimonio ante el estrado. La religiosa, quien ha visitado a Clancy en más de 200 ocasiones, describió el estado emocional de la acusada como “muy neutral” y con un “afecto plano” durante sus primeros encuentros.
Cavanaugh relató que, al despertar en el hospital, Clancy le expresó su alivio por considerar que sus hijos estaban a salvo. “Lindsay, tus hijos están a salvo. Están a salvo en el cielo con Dios”, recordó la capellana haberle respondido, según reportó AP.
La testigo también reveló que la acusada mencionó haber escuchado una voz que le ordenaba seguir ciertos mandatos para garantizar la seguridad de su familia. Ante los cuestionamientos de la fiscalía sobre la ausencia de este relato en los registros médicos, Cavanaugh aclaró que su labor es acompañar el sufrimiento y no realizar evaluaciones clínicas.
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Los participantes de la protesta expresaron su preocupación por el trato que reciben las mujeres dentro del sistema sanitario. April Vincent, una asistente legal de 52 años, declaró a AP que existe un temor generalizado ante la percepción de que las pacientes son desatendidas cuando manifiestan sus padecimientos.
Jeanne Zaborski, una enfermera jubilada de 72 años, manifestó su esperanza de que este proceso judicial impulse una mayor atención sobre la salud posparto. La mujer, quien sigue el juicio de manera cotidiana, subrayó que muchas personas se sienten identificadas con la historia de Clancy y abogan por que reciba la atención médica necesaria.
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La psicosis posparto representa una enfermedad mental grave que, aunque poco frecuente, requiere atención inmediata. Según datos citados por AP, los investigadores estiman que esta condición afecta a entre una y dos de cada 1.000 mujeres tras el parto.
Este diagnóstico se distingue de la depresión posparto por su mayor severidad y riesgo clínico. El juicio, que se transmite en vivo, ha generado un intenso debate público sobre la complejidad de estos trastornos y la responsabilidad del sistema de salud al abordar las crisis de las madres.