Publicidad
18 de julio, 2026 - 19h00
La Copa del Mundo que este domingo 19 de julio levantará España o Argentina en Nueva York no solo representa la máxima conquista del fútbol, sino que también es considerada el trofeo deportivo más valioso y codiciado del planeta. Elaborada con 6,175 kilogramos de oro de 18 quilates, su valor por el precio del metal se estima entre 250.000 y 300.000 dólares. Sin embargo, especialistas coinciden en que, por tratarse de una pieza única y de enorme importancia cultural, en una eventual subasta alcanzaría una cifra millonaria.
Más allá de su brillo, el trofeo guarda una historia marcada por cambios de diseño, robos, episodios de guerra y hasta la inesperada participación de un perro que terminó convertido en héroe nacional.
La primera Copa del Mundo fue entregada en 1930 y recibió el nombre de Trofeo Jules Rimet. Diseñada por el escultor francés Abel Lafleur, representaba a Niké, la diosa griega de la victoria. Estaba fabricada en plata esterlina recubierta de oro, con una base de lapislázuli, medía 35 centímetros y pesaba 3,8 kilogramos. Con el paso de los años, la base tuvo que ampliarse para poder colocar las placas con los nombres de los nuevos campeones.
Publicidad
Uno de los capítulos más recordados ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial. Italia era la campeona vigente tras conquistar el Mundial de 1938 y el vicepresidente de la FIFA, Ottorino Barassi, temía que las tropas nazis o fascistas se apoderaran del trofeo. Para evitarlo, lo retiró en secreto de un banco en Roma y lo escondió debajo de su cama dentro de una vieja caja de zapatos. Aunque soldados alemanes registraron su vivienda, nunca descubrieron el escondite.
Décadas después, en 1966, la copa volvió a ocupar los titulares cuando fue robada en Londres meses antes del Mundial de Inglaterra. El caso provocó un gran revuelo e incluso Scotland Yard recibió exigencias anónimas de rescate. La historia dio un giro inesperado cuando David Corbett salió a pasear a su perro Pickles. El border collie encontró un paquete envuelto en periódicos junto a un automóvil y, al abrirlo, apareció el trofeo. Pickles fue reconocido como héroe nacional, recibió alimento gratuito durante el resto de su vida y asistió como invitado de honor a la celebración del título inglés.
En 1970, Brasil conquistó su tercer Mundial y obtuvo el derecho de conservar para siempre el Trofeo Jules Rimet. La Confederación Brasileña de Fútbol lo exhibió en Río de Janeiro protegido por un cristal antibalas en la parte frontal, aunque la estructura trasera era de madera. Esa vulnerabilidad fue aprovechada en diciembre de 1983 por unos ladrones que sustrajeron la copa utilizando una palanca.
Publicidad
Publicidad
Según la investigación policial de la época, el trofeo habría sido fundido por el joyero argentino Juan Carlos Hernández, quien fue detenido e investigado. Sin embargo, nunca se encontraron restos de oro con la pureza correspondiente al de la Jules Rimet. Con el paso del tiempo, historiadores y especialistas han puesto en duda esa versión y consideran más probable que la copa haya sido vendida en el mercado negro a un coleccionista privado, donde permanecería oculta hasta la actualidad. Si algún día apareciera y fuera subastada, se calcula que podría superar los 10 millones de dólares. Desde 1984, la Confederación Brasileña de Fútbol conserva una réplica exacta entregada por la FIFA.
Tras la desaparición del histórico trofeo, la FIFA organizó un concurso internacional que reunió 53 propuestas para crear una nueva copa. El diseño ganador fue el del escultor italiano Silvio Gazzaniga, cuya obra comenzó a entregarse en 1974. El trofeo mide 36,5 centímetros, incorpora dos anillos de malaquita verde en la base y está fabricado con 6,175 kilogramos de oro macizo de 18 quilates.
Aunque suele pensarse que es completamente sólido, en realidad es hueco. Esa característica evita que alcance un peso de entre 70 y 80 kilogramos, lo que haría prácticamente imposible que los jugadores del equipo campeón pudieran levantarlo durante la celebración.
En la base del trofeo se graban los nombres de las selecciones campeonas en su idioma original, como “Deutschland” para el título de 1974 o “Argentina” para la conquista de 2022. En la final de este domingo, España buscará volver a inscribir su nombre por primera vez desde el Mundial de Sudáfrica, mientras que Argentina intentará sumar una nueva conquista a las obtenidas en 1978, 1986 y Catar 2022.
La actual estructura, sin embargo, tiene un límite. Los cálculos indican que solo habrá espacio para añadir los nombres de los campeones hasta la edición de 2038. Después de ese Mundial, la FIFA deberá modificar el diseño actual o crear el tercer trofeo en la historia de la Copa del Mundo. (E)
Publicidad