Cuando China más tensaba la cuerda, Apple tomó una decisión “extrema”: invertir 275.000 millones

2026/10/03

Hace diez años, en mayo de 2016, Tim Cook llegó a uno de los centros de mayor poder político en China. Lo hacía con una de esas ofertas que El Padrino describiría como "irrechazable". Prometía invertir 275.000 millones de dólares en China durante los siguientes cinco años. Cook, que era CEO de Apple de aquellas, quería demostrar que no solo les interesaba el país para fabricar productos a bajo precio.

El momento elegido tampoco era casual. Sus ventas en el país habían caído alrededor de un 26% y el gobierno acababa de cerrar iTunes Movies y iBooks. Cook, junto a otros ejecutivos de Apple, viajó a Pekín para recomponer las relaciones con el gobierno. Allí comenzó uno de los episodios más llamativos de la relación de la compañía con el país.

Los 275.000 millones que no eran realmente un cheque

Apple China

El éxito comercial de Apple en China empezaba a ser un problema. Tal y como retrataban en The Information, que el gobierno les cerrase iTunes Movies y iBooks les empujó a buscar una solución diplomática para reconstruir los lazos de la compañía con los máximos estamentos del país. Ahí nació el viaje a Pekín.

Una vez allí, en lugar de limitarse a explicar cuantísimo vendía Apple en China, Tim Cook optó por poner sobre la mesa cuánto estaba ayudando al desarrollo tecnológico del país. Indicaba que sus proveedores no recibían solo pedidos, sino que Apple también les formaba, pagaba maquinaria o trazaba estrategias con las que mejorar todos los procesos.

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Apple incluso tenía equipos especializados en localizar nuevas tecnologías y procesos fuera de China. Patrick McGee, en su libro 'Apple en China', contaba que llegaron a buscar tecnología en industrias como la relojería y la joyería de Suiza, Alemania y Austria. Todo para adaptar después esas máquinas a la fabricación de iPhone, iPad o Mac en China.

Y Apple tenía una ventaja que un programa gubernamental difícilmente podía replicar, y es que además de formar a los proveedores, les compraba enormes cantidades de productos. Les daba una cartera de pedidos con la que podían crecer, aprender a escalar la producción y desarrollar procesos que después podían utilizar con otros clientes.

Y Apple se convirtió en un aliado

La maniobra de Apple terminó con aquel memorando. Solo unos días antes de la reunión, Apple había anunciado una inversión de 1.000 millones de dólares en Didi Chuxing, el gran rival chino de Uber. La operación encajaba perfectamente con aquello de fortalecer relaciones con China y acercarse al gobierno.

Y ahí estaba precisamente la clave de los 275.000 millones. Como explica McGee en el citado libro, Apple no había diseñado su cadena de suministro para impulsar la industria china, pero el resultado había terminado sido ese. Y no era del todo malo.

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La compañía llevaba años ofreciendo conocimientos, maquinaria y procesos a sus proveedores. Lo que hizo Cook en 2016 fue ponerle una cifra a todo aquello y presentárselo al gobierno como una contribución económica que, por sus dimensiones, le generaría una muy buena imagen. Es decir, anunciar lo que ya tenían previsto hacer. Algo similar a lo que ocurrió hace año y medio con una inversión de 500.000 millones en Estados Unidos.

Eso sí, aquella cifra no era para una única cosa. Era una proyección de inversión a cinco años vista. De fondo, la lección de que Apple y Tim Cook comprendieron que para seguir operando en China no bastaba con vender mucho allí. Debían contribuir al desarrollo y esos 275.000 millones ayudaban (y mucho) a ello.

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