¿Cuánto cuesta menstruar? Una mujer puede usar hasta 9.100 toallas sanitarias durante su vida

2026/08/19

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18 de agosto, 2026 - 19h30

La gestión menstrual no es solo un proceso fisiológico, sino un factor económico determinante en la vida de las mujeres. Salomé Parreño, asesora nacional de género de Plan Internacional Ecuador, explica que este es un desembolso constante que varía drásticamente, según la realidad de cada persona.

De acuerdo a una encuesta de Unicef aplicada a 3.605 adolescentes y jóvenes en el país, el gasto mensual es significativo: el 33,37 % gasta hasta $ 15; el 27,15 % entre $ 5 a $ 10; el 20,09 % entre $ 10 a 15; y un 19,39 % debe destinar más de $ 20 cada mes.

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Para Parreño, establecer una cifra única es complejo porque “gestionar la menstruación representa un gasto recurrente y variable”. Si se considera un periodo fértil promedio entre los 12 y 50 años, una mujer enfrentaría unos 456 ciclos, lo que implicaría el uso de entre 6.800 y 9.100 toallas sanitarias.

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Entonces, una toalla promedio cuesta $ 0,15 por unidad, lo cual significa que gastaría entre $ 1.020 a $ 1.365 en todo su ciclo, de aproximadamente 38 años de vida menstrual.

¿Qué debe considerarse en el cálculo?

El costo total de la vida menstrual va mucho más allá de la compra de toallas o tampones. Parreño señala que “el cálculo depende de la edad de la primera menstruación y de la menopausia, duración y frecuencia de los ciclos, cantidad de sangrado, número de productos utilizados por día, tipo de producto y su precio”.

A estos factores biológicos se suman necesidades de infraestructura y salud que suelen invisibilizarse. La experta enfatiza que “el costo real de la salud menstrual puede incluir analgésicos, ropa interior, agua, jabón y otros elementos de cuidado”.

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Por ello, el acceso a servicios básicos es una variable crítica; de nada sirve un producto si no hay condiciones de higiene. En este sentido, aunque las opciones ecológicas parecen un ahorro a largo plazo, Parreño advierte que “‘reutilizable’ no significa automáticamente ‘accesible’: se necesita dinero para la compra inicial y condiciones adecuadas de agua, privacidad, lavado, secado o higienización”.

¿En qué momento se agrava?

La situación se agrava en hogares de escasos recursos. La falta de capacidad adquisitiva obliga a muchas familias a priorizar necesidades básicas sobre la salud menstrual. Parreño afirma que “el costo sí constituye una barrera para algunas niñas, adolescentes y mujeres”.

Esta brecha económica limita la posibilidad de elegir productos adecuados o adquirir medicamentos para el dolor, configurando lo que se conoce como pobreza menstrual.

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Parreño hace énfasis en la eliminacion del impuesto al valor agregado (IVA) a las toallas sanitarias, tampones y copas menstruales desde octubre de 2025. Dice que es un gran avance. Sin embargo, puntualiza que es vital generar estadísticas oficiales para diseñar mejores políticas públicas: “Sin datos nacionales sobre pobreza menstrual, es difícil dimensionar las brechas y orientar adecuadamente los recursos públicos”.

Agrega que el siguiente paso debería ser avanzar desde la reducción del precio hacia la garantía efectiva del acceso: disponibilidad gratuita o subsidiada de productos para niñas, adolescentes y mujeres en situación de vulnerabilidad; provisión en establecimientos educativos y determinados servicios públicos; educación sobre diferentes alternativas; acceso a agua, saneamiento y privacidad; y promoción de productos reutilizables cuando existan condiciones para utilizarlos de manera segura. (I)