Una historia medieval, del siglo XI, llamó la atención del escritor mexicano David Toscana. La batalla de Klyuch, en el 1014 DC, entre el Imperio bizantino y el Primer Imperio búlgaro con triunfo decisivo para los primeros. Tras la contienda, el emperador bizantino Basilio II decidió castigar de manera ejemplar a los 15 mil prisioneros búlgaros. Ordenó dividir a los cautivos en grupos de 100 hombres, y cegó a 99 en cada grupo, dejando solo a un hombre tuerto para llevar al grupo a casa. Al ver de vuelta a sus soldados ciegos, el emperador búlgaro Samuel murió.
“Por supuesto me impactó la crueldad del evento, la marcha que hicieron ciegos de regreso a su patria y el hecho de que su zar Samuel muriera al ver el estado en que volvieron. Todo el evento lo cuenta un cronista bizantino en pocas palabras, pero la imaginación echa a andar de inmediato”, cuenta Toscana a Culto.
Y de ese impulso le dio vida a una novela El ejército ciego, flamante ganadora del Premio Alfaguara de Novela. La novela cuenta las historias de aquellos que quedaron ciegos a través de diversas voces. Es, en el fondo, un relato coral de aquellos vencidos y cegados, contando las vivencias de algunos de ellos sin el sentido de la vista. El jurado que la galardonó, presidido por el escritor mexicano Jorge Volpi, indicó: “La novela adquiere un tono coral y poético que mezcla leyenda y humor negro, una gran épica para los vencidos”, dijo el presidente del jurado, Jorge Volpi.
“Este episodio refleja muchas metáforas de nuestro tiempo -añadió Volpi-. Este emperador decide cegar a los prisioneros búlgaros, esa metáfora de la ceguera y a luz es profundamente actual en esta época de otros conflictos bélicos, sobre todo porque lo que David hace es centrarse en las historias particulares de cada uno de estos ciegos que reflejan lo que en nuestra época ocurre con las víctimas del poder autoritario”.

El trabajo literario de Toscana ha tenido reconocimiento. En 2002, su novela Santa María del Circo fue mencionada en Estados Unidos como una de las mejores del año. Además, en 2008 ganó el José María Arguedas por El ejército iluminado. En 2017 obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores y el Premio Elena Poniatowska 2018 por su novela Olegaroy.
Entre sus influencias ha reconocido a escritores como Cervantes, Calderón de la Barca, y los escritores latinoamericanos Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges y José Donoso. Aunque también al ruso Fiódor Dostoyevski. “Al escritor que más admiro, además de Cervantes, es a Dostoievski, pero por más que quiero ser Dostoievski, no me sale”, dijo en entrevista de 2018.
¿Cómo surgió la idea de escribir El ejército ciego?
Al principio mi interés no fue literario sino histórico. Quise saber qué había ocurrido con ellos después de que regresaron a su patria. No había respuesta. Entonces hallé un libro del historiador polaco Paweł Jasienica. Él decía que esto no era material para un historiador, sino para un escritor, pues ahí estaban todos los elementos de la tragedia clásica. A partir de entonces comencé a pensar en una novela.
¿Qué fue lo más complejo del proceso de escritura?
Lo difícil fue empezar, encontrar el tono. Tuve el proyecto en la cabeza más de diez años, pero no funcionaban los intentos realistas e históricos. Me negaba a escribir una tragedia literaria sobre una tragedia histórica. Un buen día me cayó la frase “y por eso nos volvimos locos” que pronuncia un ciego casi al inicio de la narración. A partir de ahí pude escribir. La novela sería lúdica, con humor, llena de imaginación. Pese a lo terrible, se acercaría a la felicidad. Me dije que escribiría un texto que en el tono estuviera emparentado con los cuentos infantiles clásicos.
La estructura usa capítulos cortos numerados con el alfabeto eslavo eclesiástico. ¿Qué buscaba con esta organización?
Sólo intenté situarme en ese pasado, y recordar algo que me interesó en la historia de los búlgaros: el paso de una cultura iletrada a una con alfabeto y escritura. Ellos fueron los creadores del alfabeto cirílico, que ahora se utiliza en varios países.

¿Qué encontró en ese ejército de hombres cegados que no encontraba en los héroes habituales de la literatura?
En Bulgaria conocen bien la historia de los ciegos, pero está petrificada, se detiene en el momento en que llegan a su patria y el zar muere. Es la historia de una derrota. Yo pensé que debía de haber vida y dignidad después de la derrota y la ceguera. Quizás no se alejan mucho de los héroes habituales. Pero literariamente tienen la fuerza de que viven en un mundo de palabras, más que de imágenes.
La novela se presenta como una “gran épica de los vencidos”. ¿Qué significa para usted dar voz y dignidad a los derrotados, a esos hombres que regresan no como héroes sino como una carga humillante?
En general, la historia habla de los ganadores, pero también hay una tradición histórica de los vencidos. En cambio para la literatura los derrotados han tenido siempre un papel principal. La más antigua de las tragedias griegas trata de los derrotados: Los persas, de Esquilo. También sobre la derrota es Las troyanas, de Eurípides, y así hay incontables ejemplos.
¿Cómo influyó su mirada mexicana en esta recreación de un episodio bizantino-búlgaro?
Difícil saberlo, tal como es difícil saber qué tan mexicana es mi mirada, pero me doy cuenta de que los búlgaros nunca novelaron este pasaje de su historia. Si en México manejamos la ironía, el humor negro y la desacralización de la historia, entonces esa es la cuota de mexicanidad en esta novela.
La novela habla de una guerra medieval, pero ¿qué tan inevitable es que una historia del pasado termine hablando del presente?
Las guerras han cambiado. Hoy los jefes de Estado bravuconean y se esconden. En aquel entonces estaban presentes en el campo de batalla. Salvo los arqueros, las peleas eran mayormente cuerpo a cuerpo. La población civil podía ser el botín, pero no el objetivo de un ataque. Hablar de una guerra del pasado es hablar de las de hoy con generalidades: muerte, crueldad, sufrimiento, venganza, sacrificio, poder, heroísmo…
¿Se considera un amante de la Historia?
Sí, no sólo por la propia historia, sino porque mucha literatura proviene de ella y la complementa.

¿Qué significa para usted haber obtenido el Premio Alfaguara de Novela?
Cuatro cosas: el reconocimiento de un jurado, un dinerito con el que compro tiempo, la difusión de la novela y una serie de viajes emocionantes en los que veré amigos, conoceré gente y que me han dado un feliz boleto para visitar Santiago después de casi treinta años.
En otro ámbito, ¿cómo ve usted el estado actual de la literatura latinoamericana?
No estamos en un boom, pero hay una literatura, sobre todo de mujeres, que se está leyendo por todo el mundo. Y es que en Latinoamérica las mujeres tienen mucho que contar.
¿Conoce escritores chilenos? ¿Alguna lectura reciente de la literatura chilena que le haya llamado especialmente la atención?
Siempre he declarado mi amor por la obra de José Donoso. En tiempos más recientes, tengo dos amigos que admiro: Arturo Fontaine y Carlos Franz.
En otro plano, ¿cómo ve a México hoy con el gobierno de Claudia Sheinbaum?
Paso a pasito nos alejamos de la democracia y nos acercamos a una crisis económica.
En estos momentos se desarrolla el Mundial de Fútbol 2026. ¿Cuál es su nexo con el fútbol y con este tipo de espectáculos mundiales?
El futbol es un deporte muy bonito, mejor para jugarlo que para verlo. El mundial es una fiesta estrafalaria que me interesa muy poco.
David Toscana visitará Chile en las próximas semanas. Presentará El ejército ciego el próximo miércoles 29 de julio a las 19:00 horas en el Centro Cultural de España (Avenida Providencia 927), donde conversará con el escritor Arturo Fontaine y la periodista Paula Escobar.
