Cada año, por la fragmentación de los algoritmos, es más complicado determinar la canción del verano, sin embargo, hay un puñado de buenas candidatas
Como cada verano de los últimos años, casi a modo de tradición, llega la estación estival a nuestro país y los locutores y críticos se preguntan cuál puede ser esa canción discutible y transversal, narradora oficiosa de nuestra canícula, que podamos llamar canción del verano.
Hace años, era sencillo averiguar el título porque las radios musicales, especializadas en éxitos de corta y larga duración, solían otorgarlo basándose en la fórmula del tiempo de emisión en sus propias ondas, el impacto de la canción en la calle y la cantidad de discos o singles vendidos en las tiendas especializadas; ahora, sin embargo, con un mundo fragmentado por un algoritmo cada vez más individualizante y atomizado, es complicado sacar a las claras la canción del verano porque un grupo de amigos pueden estar quemando en TikTok un tema inexistente hasta para un vecino de su pueblo.
Sin embargo, sí se pueden extraer todavía algunos patrones comunes para alumbrar la canción del verano, y el más claro es el idioma. En un país como España, donde el 65% de las canciones que se consumen, según cifras de la Sociedad de Artistas, Intérpretes o Ejecutantes, son en castellano, es lógico pensar que una canción tan arraigada al sentimentalismo veraniego deba ser en nuestro idioma; la canción debe poder tararearse y cantarse en los chiringuitos de la playa, en las verbenas de los pueblos, en las discotecas al aire libre, en los cierres de los festivales y en los botellódromos de la costa, y el idioma predilecto para hacerlo sigue siendo el nuestro.
Una de las canciones que se posicionan como candidatas es Superestrella, de Aitana. El tema de la catalana ha resurgido del fondo de su catálogo gracias a la Selección Española, que, en año de conquista mundialista, la ha usado como himno oficial con el que celebrar sus victorias. Todo esto ha llevado a que la cancioncilla se asocie con un momento de felicidad y euforia extrema, como es el alzamiento de la Copa del Mundo, y que empiece a sonar en bucle en chiringuitos y en cierres de discoteca.
Otra de las principales candidatas es La graciosa, de Quevedo y Elvis Crespo. Si en este artículo fuéramos de números puros, tendríamos que regalarle inmediatamente la corona, pues es la canción inamovible del número 1 del Top 50 España de Spotify, el marcador más preciso, por número de oyentes, para leer el pulso musical de nuestro país. La canción viene de El Baifo, el nuevo disco del canario, y su estribillo – "en su corazón cabe poquita gente, como en La Graciosa" – es tan pegadizo como reconocible.
También de Quevedo, y también de El Baifo, suena como candidata Al golpito, muy cerca de La graciosa. No para de sonar en los altavoces de los chavales, tanto, que es la segunda en el Top 50 España, lo que convierte a Quevedo en el emperador de éxitos del Spotify nacional.
Por salir de España, aunque no del español ni del Mundial, podríamos poner en esta lista Dai Dai, de Shakira y Burna Boy. Fue la canción oficial mundialística, parida directamente en las entrañas de la FIFA, y ha conseguido pegarse por medio mundo, sin embargo, con el inconveniente de enfrentar el éxito más orgánico de Superestrella. Al haber ganado España la competición y tener su propio himno, el nuevo intento de la colombiana por monopolizar las listas ha pinchado en hueso, aunque sea innegable que la canción está sonando lo suficiente para aparecer en cualquier lista seria.
Volviendo a España, Lola Índigo y Lucho RK han pegado una bachata, El bachatón de la L. La canción está colocada en TikTok con tanta precisión que no ha habido una sola influencer que no la haya bailado. El junte granaino-canario funciona porque tanto Lola como Lucho son dos artistas con gran influencia en sus respectivos nichos que han aprovechado su buen estado físico para retroalimentarse.
Y también de Lola, aunque esta vez con su amiga Ana Mena, está sonando muchísimo pa ti toa 3 – sí, se escribe así –. Una buena parte del posicionamiento se lo deben a los ganadores de la Copa del Mundo, quienes subieron a las artistas a cantar al escenario de Cibeles donde festejaron el trofeo, sin embargo, es de justicia decir que la canción ya estaba funcionando perfectamente por su cuenta, sin necesidad alguna de empujón.
Ya por último, no podemos olvidarnos de algunos clásicos del verano, como el mallorquín Rels B, que ha colocado Tú Vas Sin en los puestos más altos gracias a su estilo suave y melódico; KOKO, del puertorriqueño Omar Courtz, quien trae este año la esencia misma del reguetón de pura cepa; o De lejitos, de Jay Wheeler. Tampoco hay que olvidar a Bad Bunny, quien, pese a no haber sacado disco, ha monopolizado este año parte de la conversación musical por su actuación de medio tiempo en la Super Bowl y la impresionante residencia musical que hizo en el Metropolitano de Madrid, por lo que está incrustado en las listas de reproducción del verano ad perpetuam, como la marca de un hierro candente en la piel de una vaca.
Sea como fuere, habrá que esperar a terminar el verano para ver cuál de estas canciones se convierte en la reina indiscutible del relato estival, si es que acaso alguna lo consigue.