22 de agosto, 2026 - 06h30
Hace casi dos décadas conocí en detalle una investigación periodística de alto nivel en la cual se demostraba cómo una gran industria de golosinas utilizaba fórmulas químicas exitosas de una filial tabacalera para generar ansias de consumir sus productos, sobre todo en la población infantil de los Estados Unidos. Era la época en que ese país incluso elevó a la obesidad a la categoría de epidemia, al tiempo que veíamos por televisión el rescate de los más pobres afectados por un huracán que necesitaban de tres personas para poder ser subidos a un bote.
Adicción a la comida fue la gran sospecha de entonces. En el contexto del consumo excesivo de azúcares añadidas y altas calorías, y una avalancha publicitaria que hacía consumir frente al televisor un paquete grande de galletas como si fuera una bolsa de canguil. Y como si no fuera suficiente, la investigación descubrió que la respuesta empresarial de lanzamiento de versiones ligth de esos productos lo único que tenía ligth era el color de los empaques.
Recuerdo esto justo ahora que en California ha empezado un juicio contra Meta, la marca actual del mundo Facebook, porque la fiscalía de por allá alega que el gigante tecnológico diseñó sus plataformas para fomentar conductas adictivas entre los jóvenes, explotándolos con fines de lucro y engañando al público sobre los riesgos. Y uno de los primeros impactos de esta medida ha estado en Wall Street, donde las acciones de Meta cayeron un 4,4 por ciento.
A quienes sientan interés en el tema, por tener en algún dormitorio a consumidores juveniles de redes, vale que en las próximas semanas le pongan algo de interés a lo que sucederá. Los acusadores dicen que se podrá escuchar cómo Meta, supuestamente, intentó retener a esos niños, “cuánto los deseaba a toda costa, cuán jóvenes los quería”. La empresa de Mark Zuckerberg, como es apenas lógico, niega los cargos, afirmando que ha tomado medidas para abordar los riesgos asociados con el uso de las redes sociales y proteger a los usuarios más jóvenes. Sus abogados creen que varios documentos internos presentados por la fiscalía como prueba de la responsabilidad de la empresa demuestran, de hecho, su compromiso con la seguridad. Meta también impugna las exigencias financieras de los estados demandantes, que considera desproporcionadas, y argumenta que cuestiones como la verificación de edad afectan a toda la industria. En el caso de los usuarios menores de 13 años, la defensa también argumenta que las restricciones de retención de datos dificultan el desarrollo de sistemas capaces de identificarlos y excluirlos de las plataformas.
Sin embargo, en caso de que se comprueba que se hayan afectado las leyes federales de privacidad infantil, los acusadores pretenden exigir la eliminación de los datos personales de los usuarios menores de 13 años y de los algoritmos entrenados con esa información. Otro riesgo para Meta es la amenaza de multas que, al menos en teoría, podrían alcanzar los 1,4 billones de dólares y exigen cambios sustanciales en el funcionamiento de Facebook e Instagram. Se prevé que el juicio en el tribunal federal de Oakland dure entre seis y ocho semanas. Para coger palco. (O)