
Hace frío lejos de Vallecas. El estadio no es solo un edificio en la Avenida de la Albufera 114 para las peñas, afición y seguidores del Rayo Vallecano, que comenzará la temporada 2026/27 con una pregunta que pesa más que cualquier objetivo deportivo: ¿volverán a jugar en el barrio? El equipo de Beñat San José debuta este 15 de agosto en el Ramón Sánchez Pizjuán frente al Sevilla y, aunque su primer partido sea como visitante, las cabezas están puestas en la jornada 2, el jueves 20 de agosto, cuando el equipo de la franja actuará como local, en Butarque, recibiendo al Deportivo Alavés a las 21:00, lejos de casa, lejos de Vallecas.
No es una mudanza en sí. El club se ha quedado sin su estadio después de que la Comunidad de Madrid, propietaria del mismo, extinguiera la concesión del recinto y ordenara su suspensión cautelar e inmediata, tras una auditoría que detectó deficiencias graves en seguridad, mantenimiento y salubridad. Lo más llamativo es que el Rayo es un equipo de la zona media de la tabla que ha llegado hace apenas dos meses a su primera final europea.
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La situación no ha hecho más que endurecerse con el paso de los días. Ayer, sin ir más lejos, la Ciudad Deportiva apareció empapelada de carteles contra Martín Presa, presidente del equipo. “Fuera de Vallecas”, se podía leer en ellos.

El informe de la Comunidad de Madrid describe una situación de “obsolescencia generalizada”, señalando varias deficiencias en elementos fundamentales como los sistemas de protección contra incendios, el alumbrado de emergencia, las instalaciones eléctricas y las condiciones higiénico-sanitarias, con riesgo incluido de legionela. También se detectaron carencias en la documentación relacionada con las inspecciones periódicas y los planes de mantenimiento.
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“El Rayo no está capacitado para ser concesionario de un espacio público”, defendió el consejero de Cultura, Turismo y Deporte, Mariano de Paco Serrano. Ahora, será el Gobierno regional quien asumirá todas las actuaciones necesarias para ponerlo en condiciones “en el menor tiempo posible”. Sin embargo, no existe una fecha concreta de reapertura.
A esa incertidumbre se suma otra cuestión pendiente. Una vez completadas las actuaciones urgentes, la Comunidad tendrá que tramitar una nueva concesión del estadio, y De Paco ya ha avisado de que tendrá “requerimientos más duros para que esto no se vuelva a repetir”. Además, el consejero ya ha avisado de que el Rayo no tendrá preferencia.
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La única certeza sobre la mesa, de momento, es Butarque. El acuerdo con el CD Leganés permite al Rayo disputar allí su primer partido como local de la temporada, y no es la primera vez que recurre a ese campo: la pasada temporada ya tuvo que jugar en Butarque un encuentro ante el Atlético de Madrid por el mal estado del césped de Vallecas. Entonces el club mostró su “absoluta disconformidad” con el traslado y habló de “grandísimos perjuicios sociales, deportivos y económicos”.
No obstante, ya no se trata de un problema puntual. Lo más probable es que sea la nueva ‘casa rayista’ durante la primera parte de la temporada. Pero el estadio del Leganés no lo resuelve todo. Todavía el Rayo debe definir dónde jugará sus partidos como local (al menos los primeros), algo que dependerá también de los tiempos que maneje el Gobierno de Ayuso en Vallecas.
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Para los abonados, el cambio supone bastante más que recorrer unos kilómetros de más. El Estadio de Vallecas forma parte de la identidad del club y de su relación con el barrio, y jugar en otro escenario altera las rutinas de la afición y elimina, al menos temporalmente, uno de los grandes argumentos del equipo: el ambiente de su grada.
Por eso, las peñas rayistas han dado un paso al frente y han anunciado que no acudirán a Butarque para el partido ante el Alavés. Además, han reclamado al club la devolución de la parte proporcional del abono correspondiente a los partidos que no se disputen en Vallecas, al considerar que la situación supone una “modificación contractual” del abono: “Entendemos que esta situación es una modificación contractual de nuestro abono y consideramos que el club es el responsable de este desenlace, tal y como prueba la auditoría de la Comunidad”, han señalado en un comunicado. Si no reciben respuesta, han avisado de que estudiarán “otras vías para reclamar” esas cantidades a lo largo de toda la competición.
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La crisis del estadio ha generado además críticas entre parte de la afición por la gestión económica del club. Este verano el Rayo ha cerrado las dos ventas más altas de su historia: Pep Chavarría se ha marchado al Chelsea por 19 millones de euros más tres en variables, y Nobel Mendy ha fichado por el Hull City por 25 millones, el traspaso más elevado en la historia del club. Entre ambas ventas se superan los 40 millones de euros, a los que habría que sumar los cerca de 17 millones de bonificaciones de la Conference League.
Frente a estas cifras, el gasto en fichajes ha sido mucho menor. No llega a 1,5 millones en Jozhua Vertrouwd, mientras que Kumbulla llega cedido y Giorgi Tsitaishvili como agente libre. El contraste entre dinero ganado y dinero invertido ha alimentado el malestar del rayismo, más aún cuando se puede usar para mejorar y conservar el estadio.
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Pero esto no es algo nuevo. En octubre de 1972, el viejo Campo de Vallecas fue declarado inseguro por el estado de su graderío y tuvo que cerrarse. El Rayo se marchó entonces al Estadio de Vallehermoso, en el distrito de Chamberí, un recinto pensado para el atletismo y no para el fútbol. Aquel exilio duró casi cuatro temporadas, con quejas constantes de jugadores y aficionados por las condiciones del terreno de juego, además de la afición por la distancia del estadio con el barrio.
El actual estadio de Vallecas se inauguró el 5 de enero de 1976. 50 años después, coincidiendo con su aniversario, el Rayo se ve obligado de nuevo a abandonar su casa por problemas relacionados con su estado. Sin embargo, hace medio siglo, los rayistas se marcharon para construir lo que hoy es su estadio. Ahora, en 2026, se van sin saber siquiera si podrán volver.
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