Las misioneras Milena Toledo, de 20 años, y Mónica Solís, de 31, se preparan para representar a la provincia en una experiencia deportiva extrema: la Copa Mundial de Natación en Aguas Gélidas, que tendrá como escenario el glaciar Perito Moreno, en Santa Cruz.
Durante una entrevista concedida a la FM 89.3 Santa María de las Misiones, ambas compartieron detalles de la exigente preparación física y mental que requiere competir en aguas cuya temperatura oscila entre los 0 y los 2 grados, una prueba en la que el reglamento prohíbe el uso de traje de neopreno.
“Esta competencia llega a su cuarta edición y el año pasado también se realizó en el Perito Moreno. Lo más emocionante es que una Copa Mundial se haga justamente en nuestro país. La temperatura del agua está entre 0 y 2 grados porque coincide con el deshielo y el final del invierno, por eso allí cierra el circuito mundial”, explicó Solís.
La kinesióloga intensivista remarcó que, más allá del entrenamiento físico, el aspecto mental resulta determinante. “Es una competencia donde se pone mucho en juego la cabeza. Hay que tener el valor de hacerlo. Mucha gente no quiere meterse al agua cuando está a 20 grados; imagínate hacerlo a cero”, sostuvo.
Para llegar en condiciones, las deportistas están entrenando en la pileta descubierta de la Casa del Docente, donde el agua alcanzó los 13 grados, y también en el río Paraná. Sin embargo, el desafío requería temperaturas todavía más bajas.
“Nos dimos cuenta de que necesitábamos bajar aún más la temperatura, así que compramos una pileta para inmersión. En la última sesión usamos 40 kilos de hielo y logramos llegar a los 2 grados. Hasta ahora nos estamos metiendo sin nadar, pero ya tenemos que empezar a movernos porque la prueba más larga es de 300 metros y estaremos aproximadamente cinco minutos dentro del agua.”
La joven nadadora explicó que el objetivo trasciende el resultado deportivo. “Para nosotras es algo totalmente nuevo. Más allá del tiempo que hagamos, queremos terminar la carrera, vivir la experiencia y ver cómo reacciona nuestro cuerpo.”
Solís, por su parte, explicó desde su formación profesional qué sucede fisiológicamente durante la exposición al frío extremo. Detalló que “la respuesta del cuerpo al frío genera una vasoconstricción y un aumento del tono muscular. Los músculos se vuelven más rígidos y eso modifica la movilidad. Con entrenamiento progresivo el cuerpo va desarrollando tolerancia, aunque también influyen la masa muscular, la grasa corporal y la preparación previa”.

Cómo empezó todo
El proyecto comenzó por iniciativa de Solís, quien hacía tiempo seguía este tipo de competencias y Milena se sumó a compartir el desafío.
“Cuando vi que existía esta competencia empecé a pensar en participar. Le propuse a las chicas y Milena aceptó acompañarme. Nos inscribimos con mucha anticipación, empezamos a comprar todo lo necesario y hasta mi mamá viaja con nosotras como parte del equipo de apoyo”, relató.
Toledo recordó que nada desde los cuatro años y que integró el seleccionado misionero durante su etapa escolar. Tras una pausa por sus estudios universitarios, regresó a la actividad con las competencias de aguas abiertas.
Manifestó que “siempre nadé en el río Paraná, donde el agua nunca llega a estas temperaturas. Esto significa probar los límites de mi cuerpo y también poder decir el día de mañana que nadé frente al glaciar, en agua casi congelada”
En el tramo final de la entrevista, las deportistas destacaron el acompañamiento del entrenador Gustavo Breitenbruch, quien colaboró en las prácticas. Aunque aclararon que el viaje será completamente autofinanciado y, solamente, representando a la bandera de Misiones.
En ese sentido, Toledo pidió la colaboración de la comunidad para afrontar uno de los principales costos de la preparación: “Ayer gastamos alrededor de 20 mil pesos en 40 kilos de hielo para una sola sesión y todavía nos quedan varias más antes del viaje. Si alguien quiere colaborar con hielo, será de muchísima ayuda”.
Más allá de la competencia, ambas coinciden en que el verdadero desafío es personal y demostrarse que hacer las cosas sólo depende de cada una. “Esa es la verdadera meta”, coincidieron en el cierre.
