Descubren compuestos en la orina de los gatos que conservan su identidad olorosa

2026/08/22

Un gato atigrado de pelo corto olfatea la arena en un arenero de color beige, sobre una mancha húmeda flotan estructuras químicas azules translúcidas.

Un estudio sobre gatos domésticos identificó 13 ácidos grasos de cadena ramificada en la orina felina como una firma química estable (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los gatos domésticos usan la orina para dejar señales en su entorno, pero hasta ahora no estaba claro qué compuestos les permiten sostener una marca olorosa reconocible durante horas y asociarla a un individuo concreto.

Esa pregunta, que combina comportamiento animal y biología del olfato, cobró interés a partir de un nuevo trabajo de investigadores de Japón, Alemania y España sobre la forma en que los felinos identifican rastros ajenos y propios.

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Un gato blanco con ojos azules orina en el suelo, fuera de un arenero gris con arena, en un entorno interior con luz natural.
La investigación sostuvo que la orina de los gatos conserva durante horas información útil para el reconocimiento individual (Imagen Ilustrativa Infobae)

En esa línea, Popular Science citó un estudio publicado en la revista Current Biology que aporta nueva evidencia y que también podría resultar útil para investigaciones veterinarias y de conservación.

El trabajo identificó 13 ácidos grasos de cadena ramificada en la orina felina y propuso que esa mezcla funciona como una firma química estable.

Se trata de moléculas grasas que se evaporan más lentamente que otros componentes del olor y que, por esa persistencia, podrían conservar información sobre quién dejó la marca.

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La novedad no reside en que los gatos usen la orina para comunicarse, algo ya conocido, sino en la detección de sustancias concretas que podrían sostener ese mensaje en el tiempo.

Un gato atigrado gris y blanco se sienta en el césped de un jardín, con ilustraciones de microorganismos flotando a su alrededor en un fondo verde borroso.
Los perfiles químicos de la orina variaron entre distintos gatos, pero se mantuvieron relativamente constantes dentro de cada individuo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación avanza sobre un problema preciso. Muchas moléculas olorosas se degradan o desaparecen poco después de quedar sobre una superficie. Si una señal social debe servir para identificar a otro animal tiempo después, necesita conservar cierta estabilidad.

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Según se detalla en el estudio, los 13 compuestos detectados variaron entre distintos gatos, aunque mantuvieron un perfil relativamente constante dentro de cada individuo.

Ese punto ordena la relevancia del paper: la mezcla no actúa como un simple olor genérico, sino como una combinación con rasgos propios. Dicho de otro modo, cada gato tendría un patrón químico con cierta continuidad.

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Un gato atigrado naranja se agacha junto a un arenero gris en el suelo de baldosas blancas, con la cola levantada y el cuerpo tenso, listo para orinar fuera.
El estudio detectó que los perfiles de orina de gatos emparentados eran más parecidos, aunque persistieron diferencias individuales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores también observaron que los perfiles resultaban más parecidos entre animales emparentados, aunque las diferencias individuales seguían presentes.

El trabajo sumó un dato concreto sobre persistencia. En muestras de orina conservadas a unos 25 ℃, esos perfiles siguieron detectables durante al menos 24 horas. El estudio señala que esa mayor duración los distingue de otros compuestos urinarios más volátiles, cuya presencia cambia con rapidez después del depósito.

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Los investigadores no se limitaron al análisis químico. También realizaron pruebas de comportamiento para evaluar si los gatos diferenciaban entre una muestra ya conocida y otra nueva.

Primer plano de un gato doméstico atigrado con pelaje suave, orejas erguidas y ojos verdes muy abiertos, mostrando una expresión de alerta en casa.
Las muestras de orina felina conservaron perfiles detectables durante al menos 24 horas a unos 25 grados, a diferencia de compuestos más volátiles (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando un animal olía varias veces la misma orina, el tiempo de exploración disminuía. Al presentar una muestra perteneciente a otro gato, el interés volvía a aumentar. Según el estudio, esa secuencia indica que los animales reconocen diferencias entre olores individuales.

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El equipo observó además la respuesta de flehmen, una conducta en la que el gato entreabre la boca al captar ciertos olores y facilita así el análisis de señales químicas.

En las pruebas, esa reacción apareció con más frecuencia frente a orina ajena que ante la propia y volvió a caer tras exposiciones repetidas a la misma muestra.

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Un hombre acaricia a su gato pelirrojo sobre una mesa de examen en una clínica veterinaria, frente a una veterinaria sentada con bata blanca.
Las pruebas de comportamiento mostraron que los gatos reducen la exploración ante una orina conocida y recuperan el interés frente a una muestra nueva (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Después de confirmar que los gatos pueden distinguir los olores urinarios de distintos individuos, usamos la respuesta de flehmen como pista para identificar moléculas urinarias que podrían contribuir al reconocimiento olfativo entre individuos”, afirmó Masao Miyazaki, bioquímico de la Universidad de Iwate y coautor del trabajo, según el comunicado de prensa.

El estudio añade que esa respuesta volvió a aumentar cuando los animales, ya habituados a una muestra, recibieron otra diferente. Ese esquema experimental sostiene la columna vertebral de la historia: el paper no solo describe moléculas, también intenta vincularlas con una conducta observable.

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Gato adulto blanco y negro sentado en el regazo de una persona que lo acaricia. La persona viste jeans azules y un suéter claro. Fondo de sala de estar luminosa.
Las pruebas de comportamiento mostraron que los gatos reducen la exploración ante una orina conocida y recuperan el interés frente a una muestra nueva (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio localizó esos ácidos grasos de cadena ramificada en los riñones de los gatos, pero no en otros tejidos examinados por el equipo.

Esa observación lleva la discusión hacia la salud animal, porque pone el foco en las gotas lipídicas renales, pequeñas reservas de grasa presentes en ese órgano cuyo papel no estaba del todo aclarado.

Las gotas lipídicas en el riñón del gato se conocen desde hace más de un siglo, pero seguía sin aclararse por qué estos animales tienen tantas”, señaló Miyazaki, según el comunicado de prensa. “Nuestros hallazgos sugieren que una de sus funciones podría ser sostener una firma química estable en la orina”, agregó.

Un gato aparece tumbado encima de una alfombra marrón en lo que parece ser un cuarto de baño. A su lado está su arenero, desprovisto de arena. El gato lo mira con desconfianza.
El trabajo localizó estos compuestos en los riñones de los gatos y abrió nuevas preguntas sobre salud animal, comunicación química y conservación de felinos (Canva)

La proyección del resultado todavía es limitada y el propio material disponible no habilita conclusiones definitivas sobre aplicaciones clínicas. Aun así, el estudio señala que compuestos similares aparecieron en leones, leopardos, tigres, linces y jaguares.

Ese punto ubica el hallazgo en una agenda más amplia: la biología de la comunicación química en felinos, el estudio de enfermedades renales en animales domésticos y el desarrollo de herramientas no invasivas para seguir rastros de grandes especies silvestres.

Con ese alcance, la novedad no pasa por un dato llamativo sobre el olor de la orina de los gatos, sino por la identificación de una base química concreta para el reconocimiento individual.

Los próximos pasos, según planteó el equipo en el estudio y en el comunicado de prensa, apuntan a determinar cómo esos compuestos almacenados en el riñón terminan liberados en la orina.