Descubren en nuestro ADN las huellas de dos misteriosos linajes humanos de hasta 1,8 millones de años: el gran enigma es quiénes eran

2026/08/08

Durante años se creyó que neandertales y denisovanos eran los únicos parientes extintos que habían dejado huella en nuestro genoma. Un nuevo estudio sostiene que la historia fue mucho más compleja.

escubren que el ADN humano conserva el rastro de dos enigmáticos antepasados desaparecidos hasta ahora desconocidos
escubren que el ADN humano conserva el rastro de dos enigmáticos antepasados desaparecidos hasta ahora desconocidos. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez/Istock

Christian Pérez

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Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: 8.08.2026 | 11:46

Actualizado: 8.08.2026 | 11:46

La evolución humana se parece cada vez menos a un árbol con ramas bien definidas y más a una red de caminos que se cruzan una y otra vez. Durante la última década, la secuenciación del ADN de los neandertales y los denisovanos revolucionó la paleoantropología al demostrar que nuestros antepasados no solo coexistieron con otras especies humanas, sino que tuvieron descendencia con ellas. Ahora, una investigación publicada en Science da un paso más y plantea que esos encuentros fueron todavía más numerosos de lo que se pensaba.

El trabajo presenta una nueva herramienta genética capaz de detectar el rastro de antiguos cruces sin necesidad de disponer del ADN de los propios fósiles. Gracias a este método, los investigadores han identificado la huella de dos linajes humanos hasta ahora desconocidos que dejaron parte de su legado en el ADN de las personas actuales.

El hallazgo resulta especialmente llamativo porque ninguno de esos grupos ha sido identificado mediante restos genéticos antiguos. En otras palabras, su existencia se deduce únicamente a partir de las señales que todavía conservan nuestros genomas. Es como reconstruir la silueta de un personaje desaparecido observando únicamente las marcas que dejó en quienes se cruzaron con él hace cientos de miles de años.

Los autores consideran que esta estrategia abre una nueva etapa en el estudio de la evolución humana. Hasta ahora, la investigación dependía en gran medida de encontrar fósiles suficientemente bien conservados para recuperar ADN antiguo, algo extremadamente difícil fuera de regiones frías. Con esta aproximación, en cambio, es posible rastrear poblaciones extinguidas aunque nunca se haya secuenciado uno solo de sus huesos.

Un "linaje fantasma" compartido por toda la humanidad

Uno de los descubrimientos más relevantes del estudio es la identificación de un grupo humano completamente desconocido al que los investigadores denominan linaje fantasma. No se trata de una especie identificada en el registro fósil, sino de una población cuya existencia solo puede inferirse gracias a las señales que permanecen en el ADN moderno.

Según el análisis, este grupo se mezcló con los antepasados de Homo sapiens en África antes de la gran expansión que llevó a nuestra especie hacia Eurasia hace unos 50.000 años. Esa circunstancia explica un detalle especialmente importante: la herencia genética de ese antiguo linaje aparece tanto en poblaciones africanas como en personas del resto del mundo.

Los investigadores estiman que cada individuo conserva aproximadamente entre un 0,5 % y un 1 % de ADN procedente de este antiguo grupo humano. Aunque pueda parecer una cantidad reducida, es comparable a la proporción de ADN neandertal presente en la mayoría de las poblaciones no africanas.

Gracias al análisis de las relaciones genealógicas del ADN, TRACE identifica la huella genética oculta de antiguas poblaciones humanas extinguidas de las que nunca se ha logrado secuenciar un genoma
Gracias al análisis de las relaciones genealógicas del ADN, TRACE identifica la huella genética oculta de antiguas poblaciones humanas extinguidas de las que nunca se ha logrado secuenciar un genoma. Foto: Yulin Zhang et al, Science (2026)

Las reconstrucciones genealógicas sugieren además que este misterioso linaje se separó del tronco que acabaría dando lugar a nuestra especie hace unos 800.000 años, una fecha muy similar a la divergencia entre neandertales y denisovanos. Sin embargo, el intercambio genético con Homo sapiens habría ocurrido mucho después, cuando ambas poblaciones volvieron a encontrarse.

Lejos de tratarse de un episodio aislado, los resultados apuntan a que ese mestizaje dejó una huella estable que todavía forma parte del patrimonio genético de toda la humanidad.

La evolución humana no fue una sucesión lineal de especies, sino una compleja red de poblaciones que se cruzaron repetidamente durante cientos de miles de años.

Un segundo antepasado aún más antiguo aparece entre los denisovanos

El estudio identifica además una segunda población todavía más antigua. Los autores la describen como un linaje superarcaico, cuya separación respecto al resto de los humanos habría ocurrido hace aproximadamente 1,8 millones de años.

En este caso, la historia resulta más compleja. Los investigadores no creen que ese grupo llegara a cruzarse directamente con los humanos modernos. La evidencia indica que primero intercambió genes con los denisovanos en Eurasia y que, miles de generaciones después, una pequeña parte de ese ADN terminó llegando hasta nuestra especie cuando los denisovanos se mezclaron con los primeros Homo sapiens.

Para encontrar esta señal genética, el equipo analizó especialmente poblaciones de Oceanía, donde la herencia denisovana es considerablemente mayor que en otras regiones del planeta. Fue allí donde detectaron segmentos extremadamente antiguos incrustados dentro del propio ADN heredado de los denisovanos.

Los autores calculan que esa contribución representa solo una pequeña fracción del ADN denisovano conservado en los humanos actuales. Aun así, constituye una evidencia de que la cadena de intercambios genéticos entre distintos grupos humanos fue mucho más larga y compleja de lo que se había imaginado.

Aunque el estudio no puede identificar con certeza quiénes fueron esos antiguos protagonistas, los investigadores consideran compatible la cronología con poblaciones africanas del Pleistoceno Medio para el linaje fantasma y, de forma más especulativa, con grupos próximos a Homo erectus para el linaje superarcaico. El propio trabajo señala que estas identificaciones siguen siendo hipótesis abiertas que deberán contrastarse con futuros descubrimientos.

Los investigadores estiman que alrededor del 2 % del genoma humano procede de antiguos linajes arcaicos, incluidos dos grupos que hasta ahora eran completamente desconocidos.

La herramienta que permite descubrir humanos sin encontrar sus fósiles

La gran innovación del estudio no reside únicamente en los resultados, sino también en la metodología utilizada.

El equipo desarrolló un sistema denominado TRACE (TRacking Archaic Contributions via ARG Estimation), diseñado para reconstruir la historia evolutiva de cada fragmento del genoma humano utilizando únicamente ADN de personas vivas.

En lugar de comparar directamente los genomas modernos con los de neandertales o denisovanos, TRACE reconstruye enormes árboles genealógicos conocidos como grafos ancestrales de recombinación. Estas reconstrucciones permiten seguir el recorrido de cada segmento de ADN hacia el pasado y localizar aquellos cuya historia se remonta mucho más atrás de lo esperado.

Cuando un fragmento presenta una genealogía extraordinariamente profunda y además conserva determinadas características propias de una antigua mezcla entre poblaciones, el sistema puede señalarlo como posible herencia de un linaje arcaico.

Esta estrategia resulta especialmente útil porque evita una de las principales limitaciones de la paleoantropología genética: la enorme escasez de ADN fósil. En regiones cálidas, como buena parte de África, las condiciones dificultan enormemente la conservación del material genético durante cientos de miles de años. Gracias a TRACE, esas poblaciones desaparecidas pueden empezar a estudiarse incluso aunque nunca aparezcan restos aptos para secuenciar.

Gracias al estudio de las relaciones genealógicas presentes en el ADN, TRACE logra identificar la huella genética de antiguas poblaciones humanas extinguidas de las que nunca se ha obtenido un genoma
Gracias al estudio de las relaciones genealógicas presentes en el ADN, TRACE logra identificar la huella genética de antiguas poblaciones humanas extinguidas de las que nunca se ha obtenido un genoma. Foto: Meaghan Marohn

El ADN humano conserva fragmentos heredados de antiguos linajes extinguidos incluso cuando no existe ningún genoma fósil con el que compararlos.

Un pasado mucho más mezclado de lo que imaginábamos

Durante décadas predominó la imagen de una evolución humana basada en especies sucesivas que apenas mantenían contacto entre sí. Sin embargo, cada nuevo avance genético dibuja un escenario muy distinto.

Los resultados de este trabajo refuerzan la idea de que diferentes poblaciones humanas convivieron durante cientos de miles de años y que el intercambio genético fue un fenómeno repetido. En lugar de una evolución lineal, emerge un mosaico de migraciones, encuentros y mezclas que afectó a numerosos grupos repartidos por África y Eurasia.

Los investigadores también observaron que buena parte de estos fragmentos heredados se concentran en regiones del genoma relacionadas con funciones inmunológicas y metabólicas. Aunque el estudio no demuestra que todos ellos fueran beneficiosos, sí plantea que algunos pudieron contribuir a la adaptación frente a nuevos patógenos o cambios ambientales, del mismo modo que ya se había propuesto para ciertos genes heredados de neandertales y denisovanos.

Al mismo tiempo, TRACE detectó ADN del linaje fantasma incluso en zonas del genoma donde tradicionalmente se pensaba que apenas existía herencia arcaica. Este resultado obliga a replantear algunas interpretaciones previas sobre cómo actuó la selección natural tras los distintos episodios de mestizaje.

Los autores consideran que el desarrollo de nuevas bases de datos genómicas y la posible obtención de más genomas fósiles permitirá comprobar si todavía quedan otros linajes humanos ocultos entre los miles de millones de letras que forman nuestro ADN. Si se confirma esa posibilidad, la historia evolutiva de nuestra especie podría resultar todavía más compleja de lo que hoy somos capaces de reconstruir.

Referencias