El costo de la vida es la principal preocupación de los votantes estadounidenses en la campaña para las elecciones legislativas de medio mandato, que se celebrarán el 3 de noviembre en Estados Unidos. El presidente Donald Trump no ha cumplido su promesa de bajar los precios. Muchos estadounidenses, incluso dentro de su propio campo, se lo reprochan. En Carolina del Norte, un estado tradicionalmente conservador que lleva 20 años sin enviar demócratas a la Cámara Alta, la inflación podría permitir que un candidato demócrata resulte elegido senador.
Primera modificación: 20/10/2026 - 13:38
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Por:
Marine de La Moissonnière
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“Make stuff cost less” (“Que las cosas cuesten menos”). El lema de campaña de Roy Cooper, de 69 años, y, en términos más generales, su discurso sobre el costo de la vida, seducen a los votantes de Carolina del Norte. A la cabeza de las encuestas frente a un allegado de Donald Trump, el exgobernador demócrata de este estado de la costa este de Estados Unidos promete bajar el precio de los alimentos, la electricidad, la gasolina, la atención médica, la vivienda y el cuidado infantil.
En sus redes sociales, publica regularmente lo que presenta como testimonios de habitantes de Carolina del Norte. “¡La gasolina, el precio de la gasolina, es una locura!”, exclama un agricultor en uno de estos anuncios de campaña. “Ha subido un 200%. Todo sube por culpa de los impuestos y de la guerra. Todas las granjas de Carolina del Norte se enfrentan a la misma situación”. Y concluye: “Roy Cooper entiende nuestros problemas y está decidido a luchar por nosotros en el Senado”.
No solo en este estado rural el costo de la vida constituye una preocupación central. Es el principal tema para los votantes estadounidenses en esta campaña, después de que Donald Trump fuera elegido con la promesa de bajar los precios. Es cierto que la inflación es hoy menor que durante el mandato de Joe Biden. Pero los precios vuelven a subir: un 3,7% interanual en septiembre, mientras que, cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales, hace dos años, la inflación se situaba en el 2,7%. Los costos de la energía, en particular, se disparan.
Un problema que Donald Trump parece no ver
La mayoría de los estadounidenses ha comprendido qué impulsa los precios al alza: la guerra arancelaria y la guerra en Irán, ambas desencadenadas por Donald Trump. Sin embargo, el presidente estadounidense había jurado que no volvería a involucrar a su país en conflictos en el extranjero.
Esta otra promesa incumplida genera malestar, incluso dentro del campo republicano, señala Antoine Yoshinaka, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo. “Esta promesa resultaba muy atractiva para los votantes republicanos porque encajaba perfectamente con el mensaje populista de ‘Estados Unidos primero’. Algunos republicanos están decepcionados y se sienten traicionados. De hecho, hay legisladores republicanos en el Congreso que votan contra Donald Trump para intentar poner fin a la guerra”.
Donald Trump no parece tomar la medida del descontento actual. A menudo, minimiza la magnitud de la inflación o, sencillamente, niega su existencia. Cuando acudió a apoyar a su amigo Michael Whatley, el rival de Roy Cooper, en un mitin de campaña a mediados de septiembre, habló sobre todo de inseguridad. “Antes, nadie consideraba que Carolina del Norte fuera un estado peligroso. Se decía: ‘¡Carolina del Norte es maravillosa!’. Hoy es uno de los estados más violentos del país, uno de los peores. ¡Y todo es culpa de Cooper! Protege a los asesinos. ¡Ha puesto en libertad a 3.500 asesinos y delincuentes!”, exclamó enfurecido. Según datos del FBI, en 2024 Carolina del Norte era el decimonoveno estado más peligroso del país, de un total de 50.
“Donald Trump vive en una realidad paralela y, muy a menudo, sus seguidores le creen a pies juntillas”, observa el politólogo Antoine Yoshinaka. El domingo 11 de octubre, el presidente estadounidense anunció una próxima bajada del precio del diésel gracias a la reanudación de las importaciones rusas, pese a las sanciones impuestas a Moscú. Pero estos suministros no serán suficientes para tener un impacto real, estiman los expertos. No importa. Lo único que cuenta es que los agricultores estadounidenses que cargan diésel en sus tractores sí le crean.