Actualizado Miércoles, 30 septiembre 2026 - 14:05
La gran distribución española destina cada año 240 millones de euros a hacer frente al coste del absentismo, una cifra que equivale al 21% de toda su inversión anual y que retrata con crudeza la magnitud de un problema que ya no puede tratarse como algo pasajero. Las ausencias laborales se han convertido así en un lastre de primer orden para un sector que, a diferencia de otros, no puede sostener su actividad a distancia ni aplazar el trabajo, porque depende de que cada día haya personas en las tiendas, en los almacenes y frente al cliente para que el negocio siga funcionando.
Es la radiografía que dibuja el informe Absentismo en retail y gran distribución, publicado este miércoles por Anged y The Adecco Group, que ya sitúa la tasa de absentismo del sector en torno al 8%, por encima incluso del 7,6% de media nacional, que ya marca por sí solo el nivel más alto de toda la serie histórica. Y la curva sigue al alza: más del 80% de las compañías de Anged, como El Corte Inglés, Ikea, Carrefour, Alcampo, Eroski o Leroy Merlin, asegura que el absentismo ha crecido en los últimos tres años. El impacto se multiplica, además, en un sector que depende por completo de la presencia física de sus plantillas, donde cada ausencia imprevista desbarata los turnos, retrasa la reposición, complica la logística y pone en riesgo la continuidad del servicio.
El problema se concentra en las tiendas, sobre todo en los puestos operativos y de atención al público, mientras que la logística y los servicios centrales se mantienen más controlados. "El absentismo no es solo una tasa, es un síntoma", resume la presidenta de la asociación, Matilde García Duarte y compara con la fiebre, "no indica qué falla, pero avisa de que algo no funciona".
Las contingencias comunes son el principal foco de presión. El 91% de las empresas considera su incidencia alta o muy alta, y explican alrededor del 75% de las horas no trabajadas. En el conjunto del comercio minorista se iniciaron el año pasado 734.522 procesos de incapacidad temporal por contingencias comunes, un 60% más que en 2018, con una duración media de 45,33 días. Equivalen a 158.805 personas que no acuden ni un solo día al trabajo en todo el año, 19.000 de ellas en las empresas de Anged.
La salud mental dispara las bajas
Las bajas por salud mental ya suponen el 20% del total y se han duplicado en los últimos años. El trato directo con el público se asocia a cuadros de ansiedad y estrés. Además, estas bajas son más largas y recurrentes, y su duración media pasó en un año de 99 a 136 días, según se expuso en la presentación.
Otro de los datos que revela el informe es que son los menores de 30 años el colectivo más afectado. "Ya hay un problema social, educativo y cultural que acaba repercutiendo en las empresas", señala Calos Arcas, director de The Adecco Group. Algunas compañías ya incorporan psicólogos que atienden a trabajadores y familiares, de forma presencial u online.
Las empresas apuntan también a otros factores, como las dificultades de conciliación, los problemas de salud leves, el efecto lunes y los puentes, además de ausencias difíciles de justificar. Los ponentes se refirieron al absentismo voluntario, ligado a la falta de compromiso con la empresa.
Para cubrir las ausencias, las compañías reorganizan los equipos o recurren a la contratación temporal. Pero en muchos casos el sustituto no llega a tiempo, porque es imposible anticipar la baja. Repartir la carga tiene además "un efecto perverso", ya que quienes asumen el trabajo del ausente son "los futuros trabajadores que acaban cogiendo una baja", advierte Arcas. Por eso el sector insiste en tomar medidas. Propone revisar los complementos de incapacidad temporal en contingencias comunes, para ajustar los incentivos económicos asociados a las bajas. También pide que las mutuas puedan adelantar las pruebas a las que no llega la sanidad pública y dar el alta en determinados supuestos, con todas las garantías para los trabajadores.
Anged reclama además reforzar la colaboración público-privada, avanzar en la digitalización de la información sanitaria y pasar de cubrir bajas a planificar la disponibilidad real de la plantilla, interviniendo antes de que se cronifiquen.
"No se trata de que nadie vuelva a trabajar antes de estar curado", concluyeron. "Se trata de que quien está enfermo sea diagnosticado antes, tratado antes y pueda reincorporarse antes".