Sin sorpresas, sin pausa. El Banco Central Europeo (BCE) ha anunciado este jueves que sube un cuarto de punto los tipos de interés hasta el 2,5%. El mercado ya había descontado este incremento, que daba por seguro, al igual que pasó con el endurecimiento de la política monetaria en la reunión del pasado junio con el argumento de la subida de los precios por la reanudación de la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz.
La institución monetaria señala en un comunicado que “el conflicto en Oriente Medio sigue generando presiones inflacionistas y está previsto que la inflación se mantenga muy por encima del objetivo durante un periodo prolongado”. Además añade que “las perspectivas siguen siendo muy inciertas, con riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico. En relación con el shock energético, los escenarios actualizados elaborados por los expertos del BCE ilustran la amplia variedad de resultados posibles sobre la evolución del crecimiento y la inflación en función de distintos supuestos acerca de su intensidad y duración, así como de sus efectos indirectos y de segunda ronda”.
El freno en el aumento de tipos de la última reunión a finales de julio solo fue un espejismo. La inflación se disparó al 3,3% en agosto de 2026 en la zona euro, frente al 2,9% registrado en julio. Con este dato se han consolidado las posiciones más duras dentro del consejo de gobierno de la institución monetaria para subir los tipos de interés.
Además, la economía de la zona euro había dado una tímida alegría con un crecimiento del 0,6% en el segundo trimestre de 2026, pese a las turbulencias sobre los precios que ha provocado la guerra de Irán. Hay que recodar que en los tres primeros meses del año, la eurozona no tuvo ningún crecimiento debido al impacto de los precios energéticos por el conflicto en Oriente Medio.
Nuevas previsiones al alza de inflación y PIB
En este sentido, el BCE ha modificado ligeramente las previsiones de inflación al alza para 2027 y 2028 y las mantiene en 2026 . Así los precios se incrementarán un 3% en 2026, el 2,5% en 2027 y el 2,1% en 2028. Para la inflación subyacente, que excluye los productos más volátiles como la energía y los alimentos, la previsión apunta al 2,5% en 2026, el 2,6% en 2027 y el 2,3% en 2028.
Respecto al crecimiento económico, la institución monetaria hace una revisión al alza de las previsiones para 2026 como para 2027, debido principalmente a la mayor resistencia de la economía de la zona euro de la esperada. Así la previsión del PIB de la zona euro es que llegue al 0,9% en 2026, el 1,4% en 2027 y el 1,5% en 2028.
Debate sobre los próximos pasos
Ahora el debate que se abre entre los miembros del consejo de Gobierno del BCE y los analistas es si son necesarias otras dos alzas de tipos de 25 puntos básicos: una en diciembre y otra antes de mediados de 2027. Lo normal es que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, mantenga el principio de 'esperar y ver' que ha caracterizado la estrategia de la institución monetaria en los últimos meses ante la continua incertidumbre que reina en la economía mundial.
En el consejo de la institución monetaria se mantiene el debate entre halcones y palomas. Mientras que el representante de Lituania Gediminas Simkus avisa de que una subida hasta el 2,5% no será suficiente para devolver la inflación al objetivo del 2%, Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, advierte de que no se debería endurecer excesivamente la política monetaria para evitar daños a la economía.
Jari Stehn, economista jefe para Europa de Goldman Sachs, apunta para los próximos meses que “la enorme incertidumbre sobre las perspectivas y algunos indicios de división dentro del Consejo de Gobierno hacen probable que deje completamente abierta la trayectoria de los tipos de interés”.
Entre las previsiones más negativas, el economista de JPMorgan, Greg Fuzesi, apunta que “a menos que la previsión para 2028 se sitúe por debajo del objetivo, especialmente en el caso de la inflación subyacente y de la inflación excluida la energía, servirá para validar las algo más de tres subidas de tipos que ya se contemplan en las proyecciones”.
Sin embargo, Mabrouk Chetouane, estratega jefe de mercados globales de Natixis, puntualiza que “la zona euro se enfrenta a un shock inflacionario moderado que, por el momento, no muestra señales de ser especialmente persistente. Los riesgos asimétricos —al alza en materia de inflación y a la baja en términos de actividad económica— deberían reajustarse, dado que el shock energético no se está trasladando a la inflación subyacente (bienes manufacturados y servicios) y que el ciclo económico sigue mostrando resiliencia. Lo esperable es que la institución de Frankfurt señale una pausa prolongada en su ciclo de endurecimiento monetario durante el resto del año, con el objetivo de contener las expectativas del mercado respecto a nuevas subidas de tipos”.
En la misma línea, Manuel Pinto, analista jefe de XTBE, comenta que “la función del BCE es impedir que el encarecimiento energético se extienda de forma persistente a salarios, servicios y expectativas de precios. Sin embargo, subir los tipos para responder a un shock de oferta, sin evidencias suficientes de esa propagación, nos parece un error de política monetaria. Una financiación más cara no aumenta la disponibilidad de gas ni resuelve las restricciones en Ormuz, pero sí reduce la capacidad de consumo de los hogares y de inversión de las empresas. Lagarde necesita distinguir entre una economía que genera inflación por un exceso de demanda y otra que soporta precios más altos porque su suministro energético se ha encarecido. El riesgo es añadir una restricción financiera a una economía que ya está absorbiendo una pérdida de renta por la energía”.