El artículo 489 del Código Penal marroquí castiga con penas de entre 6 meses y 3 años de prisión los llamados "actos contra natura" entre personas del mismo sexo. Es decir, ser gay en Marruecos en el siglo XXI aún está penado con la cárcel. Quizá por eso, Ibrahim sonríe mientras habla con 20minutos en la playa ceutí del Trampolín, aunque decline posar para la cámara. Es la primera vez en su corta vida (22 años) que puede proclamar su orientación sexual sin miedo a represalias: "Soy gay", anuncia con un hilo de voz provisto aún de múltiples reservas.
La suya es una historia compartida por muchos de los que, cuando se cumplen seis semanas del asalto masivo a la frontera del Tarajal, permanecen aún en la ciudad autónoma. Alrededor de 80.000 personas cruzaron a España esos días. Las cifras oficiales estiman que 5.000 permanecen aún en sus calles, pero las fuentes consultadas por 20minutos que patrullan sin descanso esos espacios la elevan a entre 10.000 y 15.000.
Entre los marroquíes se ha corrido la voz de que no habrá asilo para ellos porque la Unión Europea considera a la patria de Mohamed VI un país seguro. Pero Ibrahim es de los pocos compatriotas que tiene la certeza de que jamás volverá a pisar la tierra que le vio nacer. El joven muestra ufano el certificado que atesora en su móvil. Es el documento que acredita su homosexualidad y, por ende, el riesgo vital que significaría su regreso a casa. "Tengo pareja en Almería, nos hemos conocido en Grindr", explica sacudiendo sus rizos morenos cuando se le pregunta sobre sus intenciones más inmediatas: "Voy a reunirme con él. La aplicación de citas para este colectivo, tal y como ha podido constatar este diario, se ha convertido estos días en una herramienta que utilizan para identificarse y darse soporte.
De hecho, 24 horas después, este periódico vuelve a encontrarse con Ibrahim en las inmediaciones de la zona portuaria. En esta ocasión ya no acude solo, sino en compañía de otros tres hombres que destilan esperanza: "Somo homosexuales", reiteran, autoconvenciéndose de que nadie les perseguirá en España por admitirlo sin ambages.
Los jóvenes empiezan a saborear las mieles de la libertad, pero batallan con otra frontera: "No queremos foto porque nuestras familias en Marruecos no lo aceptan y pueden ver el reportaje", se disculpan al declinar ser retratados por este medio. Pero lo cuentan alegres, riendo y hablando otra vez de Grindr, donde aseguran haber conocido a sus "parejas". Por primera vez tampoco ocultan su 'pluma' y visten como no hubieran podido hacerlo seis semanas atrás.
Como ellos, Ahmed (35 años) sabe bien lo que implica el rechazo de los tuyos. "Estoy aquí porque mi padre me ha echado de casa y mi hermano me ha amenazado de muerte", cuenta a las puertas de la oficina fronteriza donde lleva esperando más de dos horas para modificar la dirección que figura en los documentos de su solicitud de asilo, que comparte con este periódico. Él lleva los trámites más adelantados. "Mi pareja me espera en Málaga, voy a reunirme con él, tengo que llegar a la Península", explica durante una conversación en la que se le percibe aleccionado: "Soy vulnerable", repite una y otra vez. "Soy vulnerable porque soy gay".
Un novio alemán
En el interior de la carpeta que sostiene con el membrete del bufete de abogados que gestiona su caso hay muchos documentos. En uno de ellos figura la declaración jurada de un súbdito alemán de 45 años que se compromete a correr en Marbella con todos los gastos de estancia y manutención del joven. "Es camarero y tiene trabajo, se dedica a la hostelería".
Ahmed, por su parte, también aspira a encontrar pronto un empleo. Asegura tener el título de técnico de gestión de informática y habla un español fluido. "Lo estudié en el colegio y he vivido en España durante el covid", aclara sin dar muchos más detalles. En el mundo de los homosexuales marroquíes, la prudencia es la carta de presentación más sensata. Y Ahmed lo sabe bien. Por eso, sobre su presencia en la ciudad autónoma se limita a decir que llegó "a nado el día 30 de julio por que un amigo me avisó". Con el "aviso" se refiere a la presunta convocatoria difundida por redes.
Mi pareja es alemán, tiene 45 años y se dedica a la hostelería en Marbella
Mientras tanto, sobrevive en Ceuta haciendo uso de la aplicación de citas entre homosexuales que se ha convertido en un pasaporte para el colectivo. "Me alojan y voy cambiando de casa", reconoce. La misma en la que conectó con el hombre que le espera en Marbella. La entrevista se interrumpe de golpe porque un agente de la oficina fronteriza de asilo sale a buscarle. La directora de la Guardia Civil, Mercedes González, de visita en la ciudad autónoma, acaba de abandonar las instalaciones fronterizas sin atender a la prensa. Ha venido a inspeccionar el espigón cuya prolongación está anunciando el presidente Sánchez en una entrevista en ese mismo momento. Quienes por diferentes razones esperábamos fuera para entrar, ya podemos acceder a su interior. El joven se despide esperanzado no sin antes intercambiar su teléfono con el nuestro por si tiene necesidad "ayuda".
Sin esperarlo, volveremos a coincidir a la salida del complejo fronterizo. Ahmed no ha tenido suerte y ahora tiene que ir "a la oficina de Extranjería" para el cambio de dirección que necesita hacer constar en su documentación. Si logra llegar a Marbella, no será sin haber recorrido antes un tortuoso camino burocrático al otro lado de la frontera.