El drama imparable del cambio climático: Sánchez llega al 29-N con un 60% menos de inversión en la oficina que lo combate

2026/10/27

Las decisiones que se tomen a nivel mundial en los próximos cuatro años determinarán en gran medida el escenario de calentamiento global al que España se enfrentará en el futuro. Y el 29-N, por tanto, también se perfila como una fecha decisiva en esta materia.

Nuestro país, en el sur de Europa y a orillas del mar Mediterráneo, se sitúa en uno de los lugares del planeta donde los efectos de esta crisis global serán, según los científicos, más evidentes. En los últimos años, los españoles han sido testigos de fenómenos extremos.

No actuar supondría una mayor frecuencia e intensidad de estos fenómenos. Los expertos han avisado de que la Tierra aumentará su temperatura media, pero todavía estamos a tiempo de frenar las peores consecuencias si reducimos nuestras emisiones.

Un bombero combate el fuego en una vivienda al norte de Atenas.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), de Naciones Unidas, ha señalado la importancia de conseguir detener el calentamiento global en 1,5 ºC más con respecto a los niveles preindustriales en el mundo.

Aunque este escenario tampoco es ideal, permitiría al ser humano una mejor adaptación a la nueva realidad climática. Alcanzar este objetivo requiere medidas valientes; el IPCC señala que las emisiones deberían reducirse a la mitad antes de 2030.

La próxima legislatura terminará, previsiblemente, en ese año, que muchos organismos internacionales se han marcado como frontera para evitar los peores escenarios. Algunos científicos se han aventurado a predecir cómo podría ser España en 2050.

La mayoría de modelos dibujan una España más árida y cálida, con una gran parte del terreno en alto riesgo de desertificación. La Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) señaló en un estudio que para 2050 podríamos perder nuestro clima mediterráneo.

En el caso de mantener las emisiones al mismo ritmo que el actual, las lluvias podrían reducirse hasta en un 20% y los días de verano y las noches tropicales aumentarían. Los autores del trabajo señalan que nuestro clima en 2050 sería, por tanto, estepario.

El problema

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha pedido en su visita a Oliva, uno de los municipios afectados por la dana Adam, un "acuerdo de país frente a la emergencia climática".

Sin embargo, en sus ocho años al frente del ejecutivo la inversión destinada a la Oficina Española del Cambio Climático, dependiente del MITECO, ha caído un 60%.

El cambio climático sitúa a España ante una posición de extrema vulnerabilidad por su ubicación geográfica, pues la cuenca mediterránea es una región que se calienta un 20% más rápido que la media mundial.

Esto no sólo acelera el riesgo de desertificación, que amenaza a más del 70% del territorio nacional, sino que también agudiza los eventos meteorológicos extremos.

El ejemplo más claro se encuentra en el levante español, donde las precipitaciones cada vez son más intensas debido, en gran medida, a las anomalías térmicas del Mediterráneo.

No obstante, la falta de lluvias continuadas ha dejado en los últimos años embalses en niveles tan bajos que acercan a España hacia un clima más árido.

Esta sequía en espacios naturales como Doñana o las Tablas de Daimiel provoca que pierdan su función como refugio de aves migratorias.

El Parque Nacional de Doñana entre septiembre de 2023 (izquierda) y abril de 2024 (derecha)

Además, los ecosistemas forestales sufren un estrés extremo que, sumado al aumento de las olas de calor, genera el escenario perfecto para los llamados incendios de sexta generación.

El agrícola es uno de los sectores que más se está viendo afectado por esta problemática debido al fuerte estrés hídrico y térmico que sufren sus cosechas.

En las ciudades también está teniendo consecuencias. Y es que el calentamiento está disparando en áreas urbanas la concentración de partículas finas y ozono, lo que agrava las enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Los hechos

1. Sequías

Aunque en los últimos años hidrológicos España ha ido recuperando agua, con desigualdades entre territorios, los expertos señalan que se convertirá en un país más seco. El período 2022-2023, en cualquier caso, fue el sexto más seco en lo que llevamos de siglo y albergó la sequía meteorológica más duradera desde 1961. Los peores augurios de la crisis climática apuntan a que en el 2050 España podría tener un 20% menos de lluvias.

2. Inundaciones

Los fenómenos de lluvias destructivas podrían volverse más frecuentes y potentes en los siguientes años, sobre todo, en el levante español. En los años 2024 y 2026 la Comunitat Valenciana ha sido testigo de dos danas históricas con gravísimas consecuencias personales y materiales. En ambos episodios han llegado a registrarse acumulados de agua de hasta 700 litros por metro cuadrado. España registra una media anual de entre 640 y 690 litros por metro cuadrado.

3. Incendios forestales

España pasó de 26.994 hectáreas quemadas en incendios forestales a 354.793 hectáreas en 2025, el peor registro de las últimas tres décadas. Este aumento ha venido acompañado de un cambio de comportamiento, puesto que cada vez resultan más inextinguibles. Entre el pasado año y 2026 se han producido cuatro de los cinco mayores incendios de la historia de nuestro país, lo que ha causado un incremento en las emisiones de CO₂ enviadas a la atmósfera.

4. Aumento de las olas de calor

El cambio climático está provocando un aumento de los eventos meteorológicos extremos como las olas de calor. De las 82 que se han registrado en los últimos 50 años, el 44% ha tenido lugar entre 2015 y 2026. Su intensidad también se está agravando, con una cruenta consecuencia: más de 30.000 personas han fallecido como consecuencia del calor desde que el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) tiene registro.

5. Exposición a la contaminación

Las emisiones de partículas contaminantes siguen batiendo récords a nivel mundial y no sólo impactan en el agravamiento del calentamiento global, sino en la salud de los habitantes del planeta. Algunos estudios ya han relacionado estas sustancias que pueblan el aire de las ciudades de España con hasta el 11% de las defunciones que se producen y con 62.000 ingresos hospitalarios anuales aproximadamente.

6. Problemas con los cultivos

El aumento de la temperatura, de las olas de calor y de los días de verano ya están dando lugar a anomalías en los procesos de siembra y de cosecha de algunos cultivos en España como la vid. La previsible escasez de agua a la que se enfrenta nuestro país en el futuro pone en riesgo la producción de alimentos y la pervivencia de la agricultura de regadío que actualmente se expande a los largo de casi cuatro millones de hectáreas.

7. Un Mediterráneo más cálido

Las aguas del mar Mediterráneo se están viendo afectadas por un calentamiento extremo. Este verano, la boya de la isla de Sa Dragonera, al suroeste de Mallorca, registró una temperatura de 33,02 °C, batiendo un récord histórico para la red de Puertos del Estado en España. Un mar cada vez más cálido no sólo está propiciando la aparición de especies invasoras, sino que también podría estar abriendo una nueva vía de formación de ciclones en la región.

8. Protección de los espacios naturales

España es el país con mayor biodiversidad de Europa, pero también el más vulnerable. Aunque cuenta con un 36,7% de su superficie terrestre bajo alguna figura de protección legal, apenas el 0,78% del territorio terrestre español cuenta con protección estricta. En estas zonas se prohíbe casi cualquier tipo de explotación de recursos para dejar que la naturaleza evolucione por sí misma. La cifra está muy lejos del objetivo internacional que exige alcanzar el 10%.

El análisis

El adelanto electoral impacta en las políticas contra el cambio climático al ocasionar un freno legislativo. La cita con las urnas también reduce el margen de liderazgo del país en cumbres multilaterales como la COP y en las negociaciones ambientales dentro del Consejo de la Unión Europea.

La falta de actividad legislativa genera un escenario de incertidumbre que puede poner en riesgo inversiones y medidas que son fundamentales para los objetivos de 2030.

Sequías

Los modelos apuntan a que el calentamiento global dará lugar a una península Ibérica más árida, con menos días de lluvia al año, un alto riesgo de desertificación y, por lo tanto, períodos más largos de sequía. ¿A qué se debe este fenómeno?

Imagen de archivo del pantano de Sau, en Barcelona.

Imagen de archivo del pantano de Sau, en Barcelona.

Lorena Sopêna Europa Press

Si bien es cierto que el clima mediterráneo se ha caracterizado por contener períodos de falta de agua y España ha enfrentado siempre la sequía, la crisis climática ha introducido algunos nuevos elementos que hacen esta situación más desafiante.

La revista Nature publicó un estudio en 2025 que alertó de que las sequías se habían vuelto un 40% más severas desde 1981 debido al aumento de la demanda evaporativa de la atmósfera. Es decir, la atmósfera succiona humedad de los suelos y cada vez lo hace más.

Aunque los científicos están estudiando en mayor profundidad este fenómeno, se ha relacionado con el aumento de las temperaturas y el cambio climático. Y este fenómeno se añade al agotamiento de las reservas de agua subterráneas a nivel global.

Otro estudio de Nature de 2024 apunta a que el 71% de los acuíferos del mundo han perdido volumen desde 1980 y el 30% de ellos lo hacen de forma acelerada. Y en este trabajo los científicos han incluido el caso de los acuíferos de Doñana.

Sergio Vicente trabaja en el Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC y es el autor principal del capítulo del informe del IPCC dedicado a los eventos climáticos extremos.

Los acuíferos del entorno de Doñana tienen una tendencia negativa debido a la alta explotación que reciben y esto compromete los entornos naturales que dependen de ellos. Y todo ello unido a un previsible descenso de las lluvias en los próximos años.

La UPC señaló en un estudio que para el 2050 las lluvias podrían decaer en España entre un 14% y un 20% si no actuamos. Nuestro país, por tanto, necesita prepararse para un contexto más seco y ser capaz de seguir abasteciendo agua a la población.

Inundaciones

Si bien las predicciones apuntan a que las precipitaciones van a ser menos frecuentes en España según avance el calentamiento global, los episodios de lluvias torrenciales, como las últimas danas históricas en la Comunidad Valenciana, pueden ser más habituales.

Aunque las lluvias torrenciales fueron siempre frecuentes en las regiones del Mediterráneo, las observaciones meteorológicas permiten asegurar que su incidencia se ha triplicado desde la década de 1970. Además, estas son cada vez más destructivas.

Desde la década de 1990, la corriente en chorro que recorre el hemisferio norte con vientos fríos ha tendido a ondularse llegando a visitar nuestras latitudes. Este fenómeno inyecta bolsas de aire frío y de bajas presiones en España que son muy peligrosas en verano.

Y es que en los últimos años estamos observando cómo los océanos y mares, y en especial el Mediterráneo, están alcanzando temperaturas récord. Al alcanzar altas temperaturas, el mar se carga de energía y aporta grandes cantidades de humedad a la atmósfera.

Esto es lo que potencia las lluvias. De esta manera, en la dana de Valencia de 2024 y en la que hace escasos días puso en jaque a la zona de Oliva se han llegado a registrar datos de lluvia acumulada de hasta 700 litros por metro cuadrado (l/m2).

A principios de 2026, Nature Communications publicó un estudio que señaló que el cambio climático intensificó un 21% las tasas de precipitación en seis horas durante la dana de Valencia de octubre de 2024.

Vista de los destrozos provocados por las inundaciones a consecuencia del paso de la dana Adam en la localidad alicantina de Els Poblets.

Aumentó un 19% el volumen total de lluvia en la cuenca del Júcar y amplió un 55% la superficie afectada por precipitaciones extremas superiores a 180 l/m2. Las lluvias intensas siempre han ocurrido, pero de una forma más aislada. Existe una tendencia al alza.

Incendios forestales

Una de las principales amenazas ambientales para España son los incendios forestales. Los expertos ya advierten que trabajan con escenarios que no son muy halagüeños.

Entre las causas por las que se ha llegado a esta situación aparece el aumento de las temperaturas. Y es que se crean condiciones propicias para los llamados incendios de sexta generación, aquellos que se caracterizan por ser altamente destructivos.

El abandono rural también ha frenado la gestión que se solía hacer de los montes, lo que genera una acumulación masiva de vegetación seca que actúa como combustible para los incendios.

Imagen del pirocúmulo que se ha formado en el incendio de Lleida.

En los últimos siete años, según las cifras del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), las hectáreas quemadas en incendios forestales han aumentado un 1.214%.

Este incremento se explica por el cambio de comportamiento de los incendios, que cada vez son más inextinguibles y no se pueden apagar hasta que no baja la temperatura y sube la humedad.

Otro dato que refleja que cada vez son más agresivos es que cuatro de los cinco mayores incendios de la historia de España se han producido entre 2025 y 2026.

Lo alarmante es que su impacto va más allá del propio medio natural. En 2025, los incendios generaron alrededor de 19 millones de toneladas de CO2. Se trata de la cifra más alta desde que hay registro.

Bomberos trabajando en la extinción de un incendio en Parafita (Galicia) en 2025.

Bomberos trabajando en la extinción de un incendio en Parafita (Galicia) en 2025.

Violeta Santos Moura Reuters

Aumento de las olas de calor

En los años 70 lo habitual era que cada verano tuviera una única ola de calor, con unos cuatro días de duración. Ahora, lo extraño no es solo que haya una sino que además dure tan poco tiempo.

En España las olas de calor han aumentado su frecuencia: 36 de las 82 que ha registrado la Aemet en los últimos 50 años se han producido desde 2015.

Pero es que también lo ha hecho su intensidad: cada ola se ha extendido de media en la última década durante 7,2 días, en comparación con los cinco días de las cuatro décadas anteriores.

Estos episodios extremos no solo han contribuido a agravar los incendios forestales, sino que también se ha vuelto un factor a tener más en cuenta en relación con la salud de la población.

Desde que el MoMo contabiliza las muertes asociadas al calor se han producido un total de 32.796. La cifra más alta es precisamente la de este año, con 5.232 muertes.

El impacto más importante de la ola de calor se da en mayores de 65 años, ya que tienen una menor capacidad termorreguladora y un umbral de sudor más elevado, y eso los hace más susceptibles a los efectos del calor.

Radiografía de las muertes por la ola de calor en España: mayores de 65, enfermos y pobres

El envejecimiento de la población podría agudizar esta problemática. Algunos estudios calculan que en 2100 se triplicarán las muertes por calor en Europa. En España podrían fallecer hasta 20.194 personas.

Exposición a la contaminación

Muchas de las partículas que se asocian al cambio climático también son perjudiciales para la salud de los humanos. Reducirlas, por lo tanto, no sólo es una cuestión de futuro, sino también una cuestión sanitaria muy presente.

Imagen de archivo de una ciudad durante un episodio de alta contaminación atmosférica.

Imagen de archivo de una ciudad durante un episodio de alta contaminación atmosférica.

Quique García EFE

El Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) calculó en 2025 que la contaminación produce más ingresos hospitalarios que las olas de calor y de frío. Hasta 62.000 hospitalizaciones urgentes a corto plazo al año se deben a esta causa.

No sorprende, en este sentido, que las grandes ciudades sean los núcleos de población en los que se producen la mayoría de estos eventos. El ISCIII señaló que Madrid, Barcelona y Valencia, en ese orden, son las ciudades con más ingresos por contaminación.

En este sentido, un estudio publicado en Nature identificó a las partículas finas de contaminación atmosférica, las PM2.5, como agente relacionado con el desarrollo del cáncer de pulmón. Estas partículas resultan de la combustión de materiales fósiles.

En concreto, un estudio canadiense estimó que la alta exposición a estas partículas PM2.5 aumentaba la incidencia del cáncer de pulmón del 40% al 73%. También en las personas que no fuman. Por supuesto, la contaminación también se asocia a fallecimientos.

Una imagen de la contaminación en la ciudad de Madrid.

En el año 2021 una investigación firmada por las universidades de Harvard, Birmingham y College de Londres determinó que el 11% de las muertes en España de personas mayores de 14 años se debían a la contaminación.

Estas partículas PM2.5 no sólo se asocian con los tubos de escape de vehículos, sino que también incrementan su presencia en el ambiente tras los incendios, otra de las grandes preocupaciones derivadas de este calentamiento global.

Problemas con las cosechas

El escenario que dibuja en el horizonte el calentamiento global en España con más días de verano y menos lluvias, con más olas de calor y tormentas destructivas puede poner en jaque la agricultura en nuestro país. Estos efectos ya se están notando.

Cosechas que se adelantan, como la vendimia de este 2026 que se ha adelantado al mes de agosto por el calor extremo en España, siembras que se retrasan o demandas diferentes de riego son situaciones que se pueden repetir en las siguientes temporadas.

Manzanas del supermercado.

El aumento de las temperaturas afecta a los ciclos que conocíamos de las distintas plantaciones, pero también pueden motivar la aparición de algunas plagas o hacer inviable la supervivencia de algunas especies de plantas.

En este sentido, la agricultura de regadío es uno de los grandes retos en España. El experto Sergio Vicente, investigador del CSIC, recordó a EL ESPAÑOL que nuestro país tiene hasta cuatro millones de hectáreas destinadas a este tipo de cultivos.

Se trata, por tanto, de un sector que demanda hasta el 85% del agua en España y se ha convertido en el factor más estresante para la disponibilidad de recursos hídricos. La ciencia trabaja para encontrar cultivos nutritivos que se adapten mejor a la realidad del futuro.

Un Mediterráneo más cálido

La temperatura superficial en el mar Mediterráneo está marcando niveles de récord en los últimos años. Sus consecuencias van desde avivar las lluvias torrenciales hasta la aparición de especies invasoras.

Cambios en el otoño.

Los meteorólogos llevan tiempo advirtiendo que las aguas del Mediterráneo tienen una temperatura por encima de lo normal. Este mismo verano se ha batido un récord que avala su aviso.

Ha sido en la boya de la isla de Sa Dragonera, al suroeste de Mallorca, donde se ha registrado una temperatura de 33,02 ºC. El anterior récord, de un grado menor, se produjo en agosto de 2024.

Esta concentración de récords es un indicador de que el cambio climático hace habitual el calentamiento de las aguas mediterráneas, que podría estar abriendo una nueva vía de formación de ciclones en la región. Así lo señala un reciente análisis de las lluvias torrenciales en Cataluña.

Otro trabajo también ha relacionado el aumento de las temperaturas marinas con históricas granizadas como la que se produjo en Girona en 2022.

Además, puede redefinir los ecosistemas marinos, amenazando a las especies autóctonas y favoreciendo la aparición de especies exóticas que se están convirtiendo en invasoras.

Y pese a que destaca el Mediterráneo, el fenómeno del incremento de la temperatura marina superficial está siendo generalizado. Las aguas atlánticas que bañan la Península también han registrado temperaturas por encima de lo habitual.

Protección de los espacios naturales

La conservación de los espacios naturales es fundamental para proteger la biodiversidad, mantener los ecosistemas y asegurar el bienestar humano.

Este objetivo es clave en España ya que es el país con mayor biodiversidad de Europa, como demuestra que el 36,7% de su superficie terrestre y el 12,3% de la marina estén protegidos bajo la Red Natura 2000.

Sin embargo, apenas el 0,78 % del territorio terrestre español cuenta con protección estricta según los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

En las zonas que están bajo esta categoría se prohíbe casi cualquier tipo de alteración humana para dejar que los ecosistemas se autorregulen. La cifra dista mucho del objetivo internacional que exige alcanzar el 10% de protección estricta.

De las zonas que sí están protegidas, sólo se evalúa la efectividad de sus medidas en un 18% de los casos. Esto genera espacios protegidos sobre el papel que en la práctica carecen de planes de prevención.

Esta falta de protección ya está teniendo sus consecuencias. Y es que el 75% de las especies en España presentan un estado de conservación desfavorable.

Los científicos también están advirtiendo que sin corredores ecológicos las especies que se encuentran atrapadas en espacios aislados no van a poder adaptarse a las nuevas realidades climáticas.

Las propuestas

España es especialmente vulnerable al calentamiento global por su posición geográfica: la cuenca mediterránea se calienta más rápido que la media mundial, el riesgo de desertificación afecta a más del 70% del territorio y los fenómenos extremos (sequías, danas, incendios de sexta generación y olas de calor) ya se manifiestan con claridad.

Sin embargo, la respuesta de los últimos ocho años ha sido desigual: se ha pedido un "acuerdo de país" mientras la inversión en la Oficina Española del Cambio Climático caía un 60%.

La próxima legislatura debe priorizar medidas concretas de adaptación y mitigación eficaces, basadas en la evidencia y en la ejecución, no en anuncios.

De arriba a abajo, Jorge Mira Pérez, José María Martín-Olalla y Guillermo López Lluch, junto con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Las siguientes propuestas buscan preparar a España para un clima más árido y extremo, reducir emisiones de forma realista y proteger tanto a la población como al tejido productivo.

1. Pacto de Estado por la adaptación climática y la gestión del agua

España necesita un acuerdo de largo plazo que fije objetivos verificables de resiliencia hídrica, prevención de incendios y reducción de riesgos de inundación, con financiación plurianual que no dependa de cada presupuesto prorrogado.

El pacto debe incluir planes de interconexión y modernización de infraestructuras hidráulicas, recuperación de acuíferos y medidas de eficiencia en el regadío (que consume alrededor del 85% del agua), priorizando la seguridad del abastecimiento y la viabilidad de la agricultura frente a escenarios de menor precipitación.

2. Gestión forestal activa y prevención de incendios de sexta generación

El abandono rural y la acumulación de biomasa seca han convertido los incendios en fenómenos cada vez más inextinguibles.

Hay que recuperar la gestión activa de los montes (clareos, pastoreo controlado, cortafuegos y aprovechamientos forestales), aumentar la inversión en medios de extinción y en tecnología de detección temprana, y vincular la prevención a la actividad económica del medio rural.

Las cifras de hectáreas quemadas en 2025 demuestran que la pasividad actual no es una opción; la gestión del territorio es la medida más eficaz y de menor coste a medio plazo.

Imagen de archivo de varios bomberos trabajan en la extinción de un incendio en Chiclana de la Frontera (Cádiz).

Imagen de archivo de varios bomberos trabajan en la extinción de un incendio en Chiclana de la Frontera (Cádiz).

Román Ríos EFE

3. Infraestructuras de adaptación frente a inundaciones y calor extremo

Las danas de 2024 y 2026 en la Comunitat Valenciana y otras zonas han mostrado la necesidad de actualizar los planes de ordenación del territorio, mejorar los sistemas de alerta temprana y reforzar las infraestructuras de drenaje y laminación en zonas de riesgo.

En las ciudades, hay que acelerar las medidas de mitigación del calor (sombra, renaturalización selectiva, eficiencia energética en edificios) y los planes de salud pública para proteger a la población vulnerable, especialmente mayores.

Estas inversiones tienen retorno directo en vidas y en reducción de daños materiales.

4. Agricultura y sector primario adaptados al estrés hídrico y térmico

El sector agrícola ya sufre adelantos de cosechas, mayor demanda de riego y riesgo de plagas. Hay que apoyar la investigación y la adopción de variedades más resistentes, modernizar los sistemas de riego (riego por goteo, reutilización y desalación donde sea viable) y revisar la planificación de cultivos en función de la disponibilidad real de agua.

Las ayudas deben orientarse a la eficiencia y a la adaptación tecnológica, no a mantener modelos inviables a largo plazo.

La seguridad alimentaria y la viabilidad del medio rural dependen de ello.

5. Reducción de emisiones realista y tecnológicamente neutra

España debe cumplir sus compromisos internacionales, pero priorizando las tecnologías que realmente reducen emisiones de forma coste-eficiente (renovables gestionables, nuclear donde sea viable, captura de carbono, eficiencia energética e hidrógeno).

Hay que evitar medidas puramente restrictivas que penalizan la competitividad sin reducir emisiones de forma significativa a escala global.

La inversión en I+D y en descarbonización industrial debe medirse por toneladas de CO₂ evitadas y por impacto en el empleo y la productividad, no sólo por anuncios de objetivos.

6. Protección efectiva de espacios naturales y biodiversidad

España tiene el 36,7% de su territorio bajo alguna figura de protección, pero apenas el 0,78% con protección estricta y sólo se evalúa la efectividad de las medidas en una minoría de casos.

Hay que aumentar la protección estricta de forma selectiva, crear corredores ecológicos que permitan la adaptación de las especies y garantizar planes de gestión reales con recursos y evaluación periódica.

La protección sobre el papel no sirve si los ecosistemas (Doñana, Tablas de Daimiel u otros) siguen degradándose por falta de agua o de gestión.

Marisma del Rocío, perteneciente al Parque Nacional de Doñana.

Marisma del Rocío, perteneciente al Parque Nacional de Doñana.

Europa Press

7. Medición de resultados y rendición de cuentas

Las políticas climáticas deben disponer de indicadores públicos y vinculantes: evolución de las emisiones, hectáreas quemadas y su intensidad, disponibilidad de recursos hídricos, muertes atribuibles al calor, daños por inundaciones y grado de ejecución de las inversiones comprometidas.

La caída del 60% en la inversión de la Oficina Española del Cambio Climático demuestra que los anuncios no bastan.

Las medidas que no mejoren estos indicadores deben revisarse. El criterio no puede ser el número de declaraciones ni la retórica de la emergencia, sino la reducción real de riesgos y de emisiones.

***

Estas propuestas no niegan la evidencia científica ni prometen soluciones mágicas o decrecentistas. Tampoco esconden una agenda política radical.

Buscan lo que el diagnóstico indica que falta: adaptación prioritaria a la realidad mediterránea, gestión activa del territorio, inversiones que se ejecuten y un enfoque tecnológicamente abierto que no sacrifique la competitividad ni el medio rural en el altar del ecologismo.

Mientras la política climática se limite a anuncios y a recortes presupuestarios en los órganos responsables, España seguirá siendo especialmente vulnerable a los efectos del calentamiento global.