Estados Unidos anunció este lunes que elevará al 50 % los aranceles sobre vehículos, piezas automotrices y acero canadienses a partir del 1 de enero de 2027, en una nueva escalada de la guerra comercial entre los dos países tras el colapso de las negociaciones bilaterales la semana pasada. La medida llega días después de que entraran en vigor gravámenes del 50 % sobre unos USD 20.000 millones en productos canadienses, y de que Ottawa prometiera represalias equivalentes a partir del 8 de septiembre.
El presidente Donald Trump lo comunicó a través de su red Truth Social: “Canadá lleva años estafando a los Estados Unidos”, acusó, y reclamó que Ottawa ha impuesto “aranceles ridículamente altos” que han generado “durante mucho tiempo un déficit de 60.000 millones de dólares” entre ambas naciones. “¡Es insostenible y se acabó!”, escribió. Advirtió, además, que los nuevos gravámenes no aplicarían a vehículos o acero fabricados en territorio estadounidense.
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Trump reiteró su tesis de que Washington no depende de su vecino del norte: “¡Nosotros no necesitamos a Canadá; ellos nos necesitan a nosotros! Ellos realizan el 95 % de sus negocios con EE.UU.”, afirmó.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, respondió que las nuevas amenazas arancelarias “no son una sorpresa” y acusó a Washington de haber intentado “destruir” los sectores canadienses del automóvil y del aluminio durante las negociaciones. “Era un mal acuerdo”, sostuvo ante los medios al explicar por qué Ottawa abandonó la mesa. Subrayó que un eventual acuerdo “tiene que respetar la soberanía de Canadá” y rechazó cualquier marco que trate al país “como una subsidiaria de EE.UU.”.
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Carney descartó la afirmación de Trump de que Estados Unidos no necesita nada de su vecino: “No es verdad. Somos proveedores energéticos. Proporcionamos minerales críticos y productos clave para su cadena de suministro”, enumeró. No descartó adoptar medidas adicionales si la situación lo requiere —incluyendo posibles restricciones a exportaciones de electricidad y petróleo—, aunque precisó que Canadá mantendrá una postura “calmada” y “positiva”. También situó a Estados Unidos junto a Rusia como excepciones al referirse a la búsqueda de socios comerciales confiables.
La ruptura de las negociaciones se produjo el viernes 21 de agosto, cuando Canadá abandonó las conversaciones al considerar “inaceptables” las condiciones incorporadas por Washington en las últimas horas antes del vencimiento del plazo. Según Carney, esas exigencias amenazaban la soberanía canadiense, limitaban la capacidad de Ottawa para negociar acuerdos con terceros países y perjudicaban sectores estratégicos como el automotriz.
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Entre las demandas que Ottawa calificó de “línea roja” figuraba la exención de plataformas digitales estadounidenses —como Netflix o Amazon Prime Video— de las normas canadienses que obligan a promover contenidos locales, incluidos los producidos en francés. La propuesta también habría condicionado la autonomía de Canadá para diversificar sus relaciones comerciales, en un momento en que Ottawa acelera su acercamiento económico a China y otros mercados.

El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, ofreció una versión distinta ante CNBC: aseguró que Washington había reducido a la mitad los aranceles sobre el acero y el aluminio, y los había rebajado en automóviles y madera blanda, pero que los canadienses “querían más”. “No sé si se trataba de una cuestión política para ellos (…) tienen algunas elecciones parciales próximas”, insinuó, al tiempo que descartó que las demandas canadienses tuvieran “sentido económico”.
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Carney rechazó con firmeza el comentario de Greer sobre la protección del francés, al que el negociador estadounidense calificó de “dato curioso”: “No es una broma divertida. No es un dato curioso para los canadienses. Es un derecho”, respondió.
Los gravámenes del 50 % que entraron en vigor en la madrugada del sábado 22 de agosto recaen sobre más de 500 productos y representan aproximadamente el 5 % de las exportaciones canadienses hacia Estados Unidos. Los sectores más afectados son equipos electrónicos y eléctricos, con exportaciones gravadas por unos USD 4.400 millones; plásticos y caucho (USD 3.200 millones); y muebles (USD 2.500 millones).
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También están incluidos maquinaria, productos químicos, papel, madera, bebidas alcohólicas, textiles, lácteos, cerveza, vino y licores, así como artículos de madera contrachapada. Los automóviles y camionetas quedaron fuera de esta ronda, aunque sí se incluyeron algunos componentes automotrices, motocicletas y ciclomotores.
Los aranceles anunciados este lunes para enero de 2027 ampliarían la cobertura al sector automotriz completo: los gravámenes actuales del 25 % sobre vehículos que no cumplen los términos del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se duplicarían y abarcarían la totalidad de los autos canadienses. En el caso del acero, Washington ya aplica un 50 % sobre algunos productos; la nueva medida extendería ese porcentaje a todo el rubro.
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El conflicto arancelario entre los dos aliados se inició en marzo de 2025, cuando Washington gravó acero, aluminio y automóviles canadienses. En julio de 2026, Trump anunció los aranceles del 50 % sobre una amplia canasta de productos, aunque el 18 de agosto aplazó tres días su entrada en vigor para dar margen a un acuerdo.
Las conversaciones colapsaron el 21 de agosto y los gravámenes entraron en vigor pasada la medianoche. La decisión de Carney de romper las negociaciones fue respaldada por autoridades provinciales, sindicatos, medios de comunicación y miembros de la oposición, incluido el líder conservador Pierre Poilievre, quien afirmó que no se podía aceptar “un mal acuerdo” y reclamó unidad nacional. Carney dejó abierta la puerta a retomar el diálogo: “Cuando los estadounidenses vayan a la mesa negociadora con la actitud adecuada hacia nuestras industrias y hacia una verdadera asociación, por supuesto volveremos a las negociaciones”, concluyó.
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