Por Cartas al director6 SEPTIEMBRE 2026

SEÑOR DIRECTOR:
Dos hechos recientes, ocurridos durante la presentación de resultados de programas educativos de la Corporación Bien Público, pueden marcar un punto de inflexión en la forma en que el Estado financia las políticas sociales.
El primero fue la realización, por parte de la Dirección de Educación Pública, de una feria de programas con evidencia de resultados positivos en los aprendizajes. El segundo fue el llamado público del subsecretario de Evaluación Social a destinar más recursos a programas respaldados por evidencia robusta.
Ambas señales expresan un doble cambio copernicano. Por una parte, el gobierno comienza a validar no a las instituciones por su carácter público o privado, sino por las evaluaciones que demuestran el impacto real de sus programas. Lo relevante deja de ser quién ejecuta y pasa a ser qué resultados consigue.
Por otra, se abre paso una concepción más exigente del gasto público: financiar aquello que funciona y revisar aquello que no produce los efectos esperados. La Corporación Bien Público promueve el pago por resultados para tensionar el modelo tradicional, centrado en financiar servicios y contabilizar personas atendidas, sin comprobar si sus vidas mejoraron.
El pago por resultados es una herramienta, no un fin. Lo esencial es que la evidencia de impacto oriente las decisiones presupuestarias. Ante necesidades crecientes y recursos limitados, gastar mejor no es solo eficiencia fiscal: es una obligación ética con quienes necesitan que las políticas públicas funcionen.
Rafael Rodríguez
Gerente. general Fundación San Carlos de Maipo
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