¿El Niño puede aumentar el riesgo de dengue en la región? Qué dicen los especialistas

2026/10/14

Un mosquito sobre una hoja verde repleta de gotas de agua mientras caen hilos de lluvia en un entorno vegetal.

El mosquito Aedes aegypti avanzó hacia el sur de Argentina y cruzó la latitud de Neuquén y Río Negro debido a la modificación del clima. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cada vez que el fenómeno de El Niño se activa, altera temperaturas, lluvias y humedad de formas distintas según la región: en algunos lugares trae calor y sequía, en otros, lluvias intensas. Esas alteraciones climáticas pueden crear condiciones favorables para que el mosquito Aedes aegypti, que transmite el virus del dengue, se reproduzca en más lugares y con mayor velocidad. La pregunta que hoy preocupa a los especialistas es concreta: ¿un El Niño intenso puede disparar una nueva ola de dengue en la región?

Los datos disponibles sugieren que sí, y que el riesgo es mayor de lo que era hace algunas décadas. El infectólogo Roberto Debbag afirmó a Infobae que la relación entre el fenómeno climático y la enfermedad es directa: “El efecto de El Niño puede incidir en aumento de casos de dengue en la región, sin ninguna duda”.

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Por otro lado, el infectólogo y epidemiólogo Hugo Pizzi advirtió a Infobae que el mosquito ya cruzó el paralelo 42 sur en Argentina (la latitud de Neuquén y Río Negro), un territorio donde antes el clima lo frenaba. El país pasó de tener predominantemente climas continental y marítimo a uno en su mayoría tropical y subtropical, y ese cambio amplió el terreno disponible para el vector del dengue, el Zika y el chikungunya.

Un estudio publicado en The Lancet Planetary Health analizó datos de 18.853.343 casos de dengue en 1.237 localidades de 21 países entre 2000 y 2019. Sus autores determinaron que, por cada desviación estándar (una medida estadística que indica qué tanto se aparta un valor del promedio) en la intensidad de El Niño del Pacífico Oriental, el riesgo de casos de dengue aumentó un 23,70%.

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Globo terráqueo centrado en el océano Pacífico y América del Sur con una franja roja y tonos amarillos en la superficie del agua.
El cambio climático provocado por la actividad humana explicó casi la mitad del incremento de casos de dengue atribuidos a El Niño. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El mismo trabajo calculó que el cambio climático provocado por la actividad humana explicó el 48,64% del incremento de casos atribuibles a El Niño. En cifras absolutas, eso equivale a 403.197 casos adicionales de dengue en las localidades estudiadas. El mecanismo es el siguiente: el calentamiento global eleva la temperatura media del océano y de la atmósfera, lo que intensifica las anomalías climáticas que El Niño ya produce por sí solo, que son olas de calor más prolongadas, lluvias más extremas, mayor humedad ambiental.

Debbag detalló el mecanismo: “¿Por qué esos cambios? Producto del aumento de la temperatura y el aumento de las lluvias que hacen que haya mayor acumulación de agua, pero no solo en los recipientes hogareños, sino en la naturaleza, en las copas de las hojas. Mayor cantidad de agua, mayor cantidad de, de calor, mayor probabilidad de reproducción de vector. Mientras más vector, más probabilidad de infección”.

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Esas condiciones son precisamente las que necesita el Aedes aegypti para prosperar. A los 25 °C, casi el 98% de los huevos eclosionan con éxito y las hembras (que son las que pican) viven hasta 66,7 días. A los 30 °C, el mosquito pica con mayor frecuencia, lo que acelera directamente la transmisión del virus. Sin embargo, por encima de los 40 °C, las larvas no logran superar la primera fase de desarrollo. Además, el insecto requiere agua estancada para depositar sus huevos. Cuando el calentamiento de fondo amplifica los picos térmicos y pluviales de El Niño, el mosquito dispone de más tiempo, más territorio y más criaderos disponibles.

Un mosquito con pequeñas gotas de agua sobre las alas se encuentra posado sobre la piel de un brazo humano.
El fenómeno de El Niño altera la temperatura, las lluvias y la humedad, factores que pueden favorecer la reproducción del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por su parte, un estudio publicado en Nature Communications incorporó datos de 57 países de América y Asia entre 1980 y 2024, y estableció que el 63% de la variación interanual en los casos de dengue puede atribuirse a las fluctuaciones del fenómeno ENSO, sigla en inglés de El Niño-Oscilación del Sur, el sistema climático que alterna fases cálidas (El Niño) y frías (La Niña) en el Pacífico tropical.

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Los cuatro episodios de El Niño más intensos de los últimos 45 años dejaron una marca concreta: cada evento sumó más casos de dengue que el anterior. Según ese trabajo, el de 1982-83 generó 200.000 enfermos adicionales por encima de lo esperable; el de 1997-98, 1,4 millones; el de 2015-16, 4,1 millones. El más reciente, el de 2023-24, fue el más grave con 9,6 millones de casos extra.

El mecanismo detrás de esta relación es climático y biológico a la vez. Según el análisis de The Lancet, las temperaturas más altas asociadas a El Niño aceleran el desarrollo de las larvas del mosquito y acortan el ciclo gonotrópico (el tiempo que transcurre entre que una hembra se alimenta de sangre y deposita sus huevos): pasa de 7 días a 24 °C a 5 días a 30 °C. Además, tanto las sequías como las lluvias intensas propias de El Niño pueden crear criaderos: la sequía en zonas húmedas lleva a almacenar agua en recipientes, mientras que las lluvias en zonas áridas generan acumulaciones de agua estancada.

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Para América Latina en su conjunto, el riesgo derivado de un súper Niño es transversal, según Pizzi. El especialista recomendó que las autoridades sanitarias monitoreen la evolución de isobaras (líneas que unen puntos de igual presión atmosférica), isohietas (líneas que conectan zonas con igual nivel de lluvia) e isotermas (líneas que marcan igual temperatura). Esas tres variables permiten anticipar las condiciones climáticas que favorecen la proliferación del mosquito.

Primer plano de un pequeño mosquito negro y blanco posado sobre la piel morena del brazo de una persona, con un fondo verde borroso.
El aumento de la temperatura ambiente acorta el ciclo reproductivo del mosquito vector y acelera la transmisión del dengue. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pizzi también recomendó la colocación de ovitrampas en las zonas de riesgo. Son unos dispositivos sencillos (generalmente un recipiente oscuro con agua y una superficie donde el mosquito deposita sus huevos) que permiten detectar la presencia del Aedes aegypti antes de que aparezcan los primeros casos.

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Debbag coincidió y señaló que es necesario “controlar el vector a través de ovitrampas y a través del estudio de las poblaciones de mosquitos”. Según explicó, el aumento de estos dispositivos y de insectos en un área permite seguir el efecto de los cambios climáticos. El tercer eje del monitoreo, según Pizzi, es el contacto permanente con los efectores de salud (médicos, enfermeros y agentes sanitarios en territorio) para detectar de forma temprana la aparición de casos sospechosos.

El trabajo de The Lancet refuerza esta urgencia con datos geográficos concretos: los países de América del Sur, el sureste asiático y Centroamérica concentran la mayor proporción del incremento de casos atribuible al cambio climático. Brasil registró el aumento de riesgo más pronunciado ante El Niño del Pacífico Oriental: un 37,94% por cada desviación estándar de intensidad del fenómeno. El estudio de Nature Communications añade que países como Perú y Malasia podrían experimentar incrementos superiores al 90% en sus casos de dengue bajo el escenario de mayores emisiones proyectado para el siglo XXI.

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Ante este escenario, Pizzi subrayó que la vacunación contra el dengue es una herramienta fundamental, con especial urgencia para quienes ya padecieron la enfermedad. El motivo es virológico: el dengue tiene cuatro serotipos (variantes del virus), y una infección previa con un serotipo diferente al de la segunda exposición puede derivar en un cuadro grave.

Manos con guantes azules de nitrilo sostienen un frasco ampolla transparente y una jeringa con aguja insertada.
La vacuna contra el dengue requiere la aplicación de dos dosis separadas por un intervalo de tres meses. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Debbag sostuvo que “la vacuna contra el dengue reduce sin ninguna duda el impacto de las infecciones por dengue” y la definió como “una de muchas herramientas integrales” para enfrentar la enfermedad. El infectólogo añadió que su efecto puede ser mayor en poblaciones en situación de pobreza, donde eliminar recipientes y otros espacios que acumulan agua presenta mayores dificultades.

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El Ministerio de Salud de la Nación definió una estrategia de vacunación focalizada en los departamentos con mayor incidencia de casos, con base en criterios epidemiológicos, geográficos, socioeconómicos y de acceso a la salud. La población objetivo comprende personas de entre 15 y 39 años, con inicio en el rango de 15 a 19. Las provincias priorizadas son Catamarca, Chaco, Córdoba, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Santa Fe y Santiago del Estero, todas pertenecientes a las regiones del NOA, NEA y Centro.

La vacuna disponible requiere dos dosis separadas por tres meses, y la protección se activa dos semanas después de la primera aplicación. El Ministerio advierte que la vacuna no previene el 100% de las infecciones y no reemplaza las demás medidas de prevención: eliminación de criaderos, uso de repelente y protección contra picaduras.

La Comisión Nacional de Inmunizaciones (CoNaIn) recomienda priorizar a la población seropositiva (quienes ya tuvieron dengue) y establecer la vacunación antes del período de mayor circulación viral para completar el esquema a tiempo. El Ministerio de Salud también recuerda que ante síntomas como fiebre de 38 °C o más, dolor de cabeza, muscular o en las articulaciones, y sarpullido, la indicación es no automedicarse y concurrir al centro de salud más cercano.