El olvido ganó a la peste: un documento de 1497 explica por qué apenas aparecía en los recuerdos medievales

2026/08/02

Las normas de aislamiento reducían de golpe el trato cotidiano, porque cualquier visita a la casa enferma podía ampliar el contagio por toda la aldea. El vecino que descubría la peste junto a su vivienda solía limitar el contacto, evitar objetos procedentes de aquella casa y esperar decisiones sobre entierros, asistencia o paso por la zona.

El miedo también alteraba la relación con los enfermos, pues ayudar podía exponer a su propia familia, mientras apartarse dejaba cadáveres y tareas básicas sin atender. Esa tensión explica por qué la enfermedad modificaba costumbres vecinales antes de llegar a los tribunales.

Un estudio relaciona los recuerdos con la utilidad de cada testimonio

Esa alteración de los usos funerarios aparece en una investigación de A. T. Brown, historiador de la Universidad de Durham, publicada en Journal of Medieval History. Brown estudió declaraciones de la Inglaterra bajomedieval para averiguar por qué la peste dominaba ciertos recuerdos y apenas figuraba en otros, y situó el origen de esa diferencia en la finalidad jurídica de cada testimonio.

Los historiadores ya habían llegado a conclusiones distintas sobre cómo se recordaba la Peste Negra. Ben Dodds defendió que la epidemia permaneció muy presente en los recuerdos personales de quienes la vivieron, pero Margaret Harvey señaló que muchas referencias conservadas en Durham aparecían dentro de pleitos por entierros y pagos funerarios.

Otros historiadores encontraron muchas menos referencias personales a la Peste Negra en los documentos medievales. Bronach Kane señaló que “los recuerdos personales de la epidemia eran escasos en las declaraciones, quizá porque el trauma emocional condicionaba hasta qué punto se recordaban aquellos hechos”. Jeremy Goldberg llegó a una conclusión parecida, mientras Joel Rosenthal apenas halló menciones en las pruebas de edad inglesas, aunque la enfermedad era conocida, mortal y estaba muy extendida.

Un entierro fuera de la parroquia cambió el valor del recuerdo

La explicación podía hallarse también en el temor a nombrarla. Rosemary Horrox, historiadora de la peste medieval, recordó una creencia extendida según la cual pensar en la enfermedad podía transmitirla. Esa asociación ayudaba a entender el silencio de algunos supervivientes, aunque Nicole Archambeau observó que los testigos hablaban más de la epidemia de 1361 que de la primera gran mortalidad. John Arnold advirtió, además, que interpretar declaraciones judiciales constituye uno de los problemas recurrentes de la historia social medieval.

Los expedientes de prueba de edad muestran hasta qué punto las fórmulas legales condicionaban el recuerdo. De más de 10.000 testimonios examinados, únicamente 13 mencionaban expresamente la peste, mientras bautizos, bodas y muertes familiares aparecían con mucha mayor frecuencia. Brown localizó incluso dos procesos de 1435 que atribuían a un mismo testigo recuerdos incompatibles sobre una enfermedad, un indicio de que algunos escribanos reutilizaban fórmulas previas.

Un litigio convirtió los entierros en la prueba decisiva

El pleito de Blacktoft permite entender por qué la peste apareció con tanta fuerza en unas declaraciones judiciales de 1497. Los monjes de la catedral de Durham reclamaban a un capellán de Howden los diezmos de unas tierras cercanas al río Ouse, y para resolver el conflicto había que averiguar a qué parroquia pertenecía una casa llamada Grothe Hows. La respuesta podía deducirse a partir del lugar donde se habían pagado los derechos funerarios de sus habitantes.

Durante el proceso, Sir Thomas Metham declaró que la esposa de Herrison y sus dos hijos habían muerto de peste. También aseguró que había mandado enterrarlos en un lugar cercano para impedir que la enfermedad llegara a Howden. A partir de esa declaración, los demás testigos empezaron a discutir la causa de las muertes: algunos confirmaron que se trataba de peste, otros lo negaron y uno habló de otra enfermedad.

Los documentos medievales ofrecían recuerdos muy distintos sobre la epidemia

Thomas Lawty, un vecino de 66 años, ofreció el relato más detallado cuando aseguró que nadie quería enterrar a la familia. Según su declaración, los cuerpos habrían quedado expuestos a los cuervos sin la intervención de Metham. Este recuerdo adquirió importancia porque ayudaba a justificar por qué los fallecidos habían sido enterrados fuera del lugar habitual y, por tanto, a decidir qué parroquia tenía derechos sobre aquellas tierras.

El caso demuestra que la peste quedaba registrada en los documentos cuando servía para resolver una cuestión legal. Margaret Harvey explicó esa relación al señalar que “si la muerte por peste llenaba tanto de temor a la gente, resulta más comprensible que los derechos funerarios causaran problemas especiales durante las epidemias”. Los tribunales conservaban así los recuerdos relacionados con pagos, entierros y jurisdicciones, mientras muchas experiencias personales desaparecían de los expedientes.