
El cáncer de mama es una enfermedad maligna de las glándulas mamarias que puede aparecer en hombres y mujeres a cualquier edad, aunque se presenta con más frecuencia entre la cuarta y la quinta década de la vida.
Este 19 de octubre, Día Internacional del Cáncer de Mama, se refuerza el llamado a la detección temprana, controles y acompañamiento psicológico.
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Bogotá registró 1.533 casos de morbilidad por cáncer de mama en mujeres en lo que va del 2026, según el Observatorio de Salud de Bogotá, SaluData. El grupo entre 45 y 49 años concentró la mayor cifra, con 189 diagnósticos, seguido por las mujeres de 50 a 54 años, con 188.
La detección temprana puede permitir la curación de la enfermedad, explicó a Infobae Colombia Claudia Cubillos Prieto, cirujana general de la Universidad Javeriana y especialista en cirugía de seno y tumores de tejidos blandos.
La profesional, con 18 años de experiencia en la subespecialidad y formación en el Instituto Nacional de Cancerología, indicó que el tumor puede manifestarse de distintas maneras. “Pueden ser bolitas, nódulos, calcificaciones y diferentes cosas que se encuentran en la glándula mamaria”, afirmó.
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Los antecedentes familiares están presentes en cerca del 30% de las pacientes. Otros factores asociados incluyen el tabaquismo, la primera menstruación antes de los nueve años, la menopausia después de los 55, no haber tenido hijos o no haber amamantado antes de los 30 años.
La mamografía, de acuerdo con la normativa colombiana citada por Cubillos Prieto, corresponde cada dos años desde los 50, mientras que guías internacionales recomiendan hacerla cada año después de los 40.
Si existe un antecedente familiar directo, los estudios deben empezar 10 años antes de la edad en que se detectó el caso más temprano. La ecografía sirve para complementar una sospecha o una mamografía, pero no reemplaza los estudios de tamizaje.
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Los bultos recientes, sobre todo si no generan dolor, requieren consulta. También deben revisarse las secreciones espontáneas transparentes o rojizas, el engrosamiento de la piel conocido como “piel de naranja” y las retracciones nuevas, como si la mama tuviera un “pellizco”.
El tratamiento depende del tamaño del tumor, los ganglios, la presencia de enfermedad a distancia y la biología de la lesión. Después de la fase activa, las pacientes pueden requerir controles cada tres o cuatro semanas y luego seguimientos trimestrales o semestrales. “La evaluación psicológica y el acompañamiento psicológico son importantes”, sostuvo Cubillos Prieto.

Para la psicóloga Jennifer Avellaneda, el miedo después de superar la enfermedad tiene una explicación desde la psicooncología. Se conoce como Fear of Cancer Recurrence, o FCR, y se refiere a la preocupación ante una posible reaparición del tumor.
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La profesional señaló que este temor puede afectar al 70% de quienes atravesaron algún tipo de cáncer. “No es debilidad, no es algo negativo, sino una respuesta natural a la supervivencia humana”, explicó.
Antes de recibir un diagnóstico, muchas personas sienten que su cuerpo es seguro, sano y confiable. Esa percepción puede cambiar después de una cirugía, una quimioterapia, una radioterapia o un tratamiento prolongado. Una cefalea, una mancha, un mareo o una molestia física pueden activar el temor a una recaída.
“El cerebro actúa de manera hipervigilante debido a esos sucesos”, indicó Avellaneda. Los recuerdos de los tratamientos, los hospitales, las consultas y los momentos de dolor quedan asociados a una memoria emocional que puede activarse frente a controles médicos o síntomas cotidianos.
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La reacción puede considerarse esperable cuando la persona siente nervios antes de una cita, pero logra mantener sus actividades, vínculos y seguimiento clínico. El problema aparece si los pensamientos sobre una posible recurrencia ocupan gran parte del día, alteran el ánimo o llevan a evitar las consultas.
Dejar de asistir a controles por miedo representa una señal de alerta, porque el seguimiento médico forma parte de la etapa posterior al tratamiento. El aislamiento, la pérdida de interés por viajar, trabajar o reunirse con amigos también pueden indicar que la preocupación comenzó a limitar la vida cotidiana.
Entre 5 y 10 días antes de una mamografía, una consulta o una fecha relacionada con el diagnóstico, algunas personas pueden presentar llanto, irritabilidad, insomnio, pesadillas, náuseas, tensión muscular, fatiga o presión en el pecho. “Yo vuelvo a sentir lo mismo” es una frase que puede aparecer cuando la persona relaciona esas sensaciones con la experiencia previa.
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La incertidumbre sobre el futuro también puede afectar los proyectos. Algunas sobrevivientes dejan de hacer planes porque creen que la enfermedad puede volver. Otras adoptan una hiperproductividad ansiosa, con la sensación de que deben resolver todo de inmediato.
Avellaneda diferenció el miedo a la recurrencia de otros trastornos. En este caso, la preocupación se centra en el retorno del cáncer. El trastorno de ansiedad generalizada abarca múltiples áreas, como el trabajo, el dinero, las relaciones o la seguridad personal.

La depresión puede expresarse mediante falta de motivación y pérdida de sentido. El estrés postraumático puede llevar a revivir el diagnóstico o evitar hablar con el oncólogo.
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La psicóloga recomendó nombrar lo que ocurre, identificar los síntomas que requieren atención médica y evitar interpretar cualquier dolor como una señal de recaída. También aconsejó técnicas de respiración diafragmática, escritura de pensamientos, lectura, yoga y apoyo de personas cercanas.
“Hay que aprender a llevar el miedo en la maleta o en el bolsillo, sin que él conduzca y sea el dueño de nuestra vida”, afirmó.
La consulta con psicología, psicooncología o psiquiatría es necesaria si el insomnio ocurre tres o cuatro noches por semana durante un mes, si hay ataques de pánico, vómitos, pensamientos catastróficos o incapacidad para retomar actividades habituales. La medicación puede evaluarse en determinados casos, aunque la experta precisó que no elimina el miedo por sí sola.
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La familia puede acompañar sin minimizar lo que siente la persona. Frases como “no pienses en eso” o “ya estás curado” pueden invalidar una emoción real. Avellaneda propuso reemplazarlas por mensajes como: “Entiendo que tengas miedo, ¿en qué te puedo ayudar?” o “Yo te voy a acompañar”.
“Es muy importante que nosotros podamos tener en cuenta estas recomendaciones. Es un tema muy sensible, pero es un tema real en el cual debemos hablar sin temores, sin miedos y debemos también, saber que sobrevivir de cáncer también es un logro enorme, pero que allí no termina la lucha de cada una de las personas y familias que viven este proceso, sino que debemos seguir adelante transitándolo, preparándonos y sobre todo disfrutando, abrazando la vida en cada momento”, finalizó Avellaneda.