Hernán Pérez Loose: El Plan Maestro | Columnistas | Opinión

2026/10/20

20 de octubre, 2026 - 06h00

La crisis eléctrica que atraviesa el país no se debe al incumplimiento del llamado Plan Maestro. La pregunta que debemos hacernos, para comenzar, es si ese plan y otros planes similares tienen alguna probabilidad de concretarse en un país como el Ecuador. Y es que las autoridades del sector eléctrico pueden aprobar los planes más ambiciosos del mundo, y promulgar los más audaces objetivos eléctricos, que de nada servirán si no toman en cuenta el ecosistema donde deben implementarse. La dirigencia ecuatoriana debe enfrentar esta realidad si no desea que la crisis eléctrica persista año tras año, hasta que el país estalle en un escenario de parálisis total. No hay al parecer la voluntad o el liderazgo de entender que el actual modelo ya no es el adecuado, ya fue abandonado por los países de la región, con excepción quizás de Venezuela y Bolivia.

Uno de los ejercicios claves que deben hacerse es indagar qué elementos del ecosistema donde debe establecerse el sistema eléctrico impiden que este se desarrolle de manera sostenible. Allí podrán encontrarse algunas importantes respuestas. Allí podremos aprender de nuestras debilidades institucionales y jurídicas. Otro ejercicio muy sencillo es indagar cómo funcionan los sistemas eléctricos en países como Colombia, Perú o Chile. En todos ellos el sistema eléctrico de corte estatista, que es el que hoy impera en el Ecuador, fue sustituido por uno en el que el sector privado, especialmente inversores extranjeros, se convirtieron en sus actores principales. Cómo se llevó a cabo ese proceso de transición, cuáles fueron sus aciertos y cuáles sus errores, cuáles fueron los costos y cuáles sus beneficios. Y así por el estilo. Una tercera fuente de información podrían ser las entidades financieras, privadas y públicas, internacionales. Al fin y al cabo, el desarrollo eléctrico demanda de un financiamiento enorme y que por lo tanto implica riesgos.

Finalmente, bien podría indagarse sobre las iniciativas privadas que han tenido lugar en el Ecuador y de las razones por las que ellas terminaron en un fracaso o nunca despegaron. A ello habría que añadir una evaluación de las razones por las que la ley de 1996 no pudo cumplir sus objetivos fundamentales. Iguales preguntas podrían hacerse sobre las razones de que el enorme potencial energético del gas del golfo sigue allí sin ser explotado, contrario a lo hecho en el Perú.

Alguien debería preguntarse si es coincidencia el hecho de que, en el sector de las telecomunicaciones, un área estratégica por antonomasia, no existe hoy una situación de crisis como la que existe en el eléctrico. De por qué ahora, que el servicio de telefonía móvil está concesionado a dos multinacionales privadas, no brotan escándalos de corrupción que afectan al erario nacional, como sucedía en el pasado. Aún muchos recuerdan con indignación cómo los familiares del caudillo de turno se jactaban de que eran los dueños de las empresas estatales de telecomunicaciones.

Claro que la otra alternativa es solo mirar para otro lado y seguir buscando culpables aquí y allá. Los unos apostando a que la crisis pase sin atacar sus raíces, y los otros apostando a que la crisis estalle para convertirse en cenáculos de sabiduría. Pero ninguno dando respuestas serias. (O)