
En la costa de Guipúzcoa, entre el cabo que separa Zarautz de Zumaia, un pequeño puerto pesquero guarda el origen de uno de los nombres más importantes de la alta costura del siglo XX. Getaria, con apenas dos mil habitantes, fue el lugar donde Cristóbal Balenciaga cosió sus primeras prendas antes de convertirse en una referencia mundial de la moda.
El pueblo se asienta sobre un tómbolo que une el casco urbano con el monte San Antón, conocido popularmente como el ratón de Getaria por la silueta que dibuja su perfil sobre el mar Cantábrico, según describe el portal especializado Costa de Getaria. Ese promontorio protege un puerto pesquero activo, donde aún se descarga anchoa entre abril y junio, bonito del norte entre julio y octubre, y chipirón durante el otoño. Además, los que recorran sus calles tienen la oportunidad de degustar la mejor ensaladilla rusa nacional.
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La localidad combina esa vocación marinera con un hito de la navegación. Juan Sebastián Elcano, primer navegante en completar la vuelta al mundo en 1522, nació en Getaria, y el pueblo mantiene un monumento en su memoria a pocos metros del puerto.
Cristóbal Balenciaga nació en Getaria en 1895. Su padre, patrón de una embarcación de vigilancia costera y alcalde del pueblo, murió cuando el niño tenía once años y dejó a la familia en una situación económica difícil. Su madre, Martina Eizaguirre, trabajó entonces como costurera para las familias adineradas de la zona, según recoge la investigación de Miren Arzalluz publicada en un libro.
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El niño acompañaba a su madre en los encargos que realizaba para la marquesa de Casa Torres, abuela de quien más tarde sería la reina Fabiola de Bélgica. En el Palacio Aldamar, residencia de verano de la familia con arquitectura vasco-inglesa, Balenciaga descubrió los armarios con alta costura parisina de la marquesa y le pidió permiso para copiar uno de los vestidos.
“Imagina mi alegría cuando la vi al domingo siguiente saliendo de la iglesia con mi vestido”, recordó el propio Balenciaga en una entrevista concedida a la revista Paris Match en 1968, al rememorar aquel episodio de su infancia. A partir de ese momento no le faltaron ni clientas ni mecenas que impulsaran su carrera.
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El Museo Cristóbal Balenciaga ocupa hoy el Palacio Aldamar, el mismo edificio donde el modisto tuvo su primer contacto con la alta costura. Inaugurado en 2011, fue el primer museo del mundo dedicado en exclusiva a un diseñador de moda, según su web oficial. El edificio combina la estructura original de ladrillo visto con un anexo cuya fachada de aluminio negro se pliega sobre sí misma como una tela.
La colección permanente organiza las piezas en seis bloques temáticos, entre ellos inicios, día, noche y novias, con horarios que se amplían en verano hasta las 20:00 y se reducen en invierno a la franja de 10:30 a 17:00, según el detalle de horarios y tarifas del museo. Entre las piezas conservadas, procedentes en su mayoría de donaciones de antiguas clientas, destaca el llamado vestido infanta, considerado una síntesis del rigor técnico que marcó su trabajo. Balenciaga se retiró de la alta costura en 1968 y murió en 1972; está enterrado en el cementerio de Getaria, a pocos metros del taller donde empezó todo.
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El casco antiguo desciende hasta el puerto por calles empedradas que desembocan en la iglesia de San Salvador, templo gótico del siglo XV con el suelo en pendiente para adaptarse a la roca sobre la que se construyó, de acuerdo con la guía de turismo de Barceló. Esa misma actividad pesquera sostiene la reputación gastronómica del pueblo, encabezada por el restaurante Elkano, distinguido con una estrella Michelin por sus pescados a la brasa.
Junto al puerto se extienden las playas de Malkorbe y Gaztetape, con arena y aguas resguardadas que permiten piragüismo y submarinismo en temporada estival, según los datos de Euskadi Turismo. Entre el eco de las redes que aún se remiendan en el muelle y el silencio del cementerio donde descansa Balenciaga, Getaria conserva intactos los dos oficios que lo hicieron trascender, el de la mar y el de la aguja.
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