El pueblo medieval más bonito de Teruel no es Albarracín: una joya palaciega con siglos de historia

2026/09/03

Una calle con casas marrones y estética medieval de piedra.

La villa aragonesa está atravesada por el meridiano de Greenwich, lo que hace que haya dos momentos al año en los que el túnel del Equinocio se ilumine de cabo a rabo, y uno de ellos es septiembre. (Turismo de Aragón)

En la provincia de Teruel, la villa de Albarracín concentra buena parte de las miradas turísticas gracias a sus fachadas rojizas y su trazado medieval. Sin embargo, a menos de una hora de Alcañiz, en el extremo oriental de la provincia, otro municipio levantado sobre un promontorio entre dos valles esconde una joya palaciega con siglos de historia que pocos viajeros incluyen en su itinerario por Aragón.

Se trata de Valdealgorfa, un municipio de más de 500 habitantes situado en la comarca del Bajo Aragón, a pocos kilómetros de la entrada natural a la comarca del Matarraña. Su casco histórico trepa por la ladera de un cerro alargado y reúne portadas de sillería, casonas renacentistas y un entramado de bodegas excavadas en la roca que, según describe el portal oficial Turismo en Aragón, sirvieron durante siglos para conservar alimentos y vino.

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De casona señorial a hotel de lujo, la nueva vida del Palacio del Barón de Andilla

Fachada de piedra con balcones de hierro forjado, arcos en la parte superior y una placa de piedra inscrita con Palacio Barón de Andilla.
El Palacio Barón de Andilla ha pasado por las manos de diferentes propietarios pero el ayuntamiento del municipio lo convirtió finalmente en un hotel. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El edificio más representativo del pueblo se levanta en la plaza del Sagrado Corazón de Jesús, conocida popularmente como la plaza del Mercado. Lo construyó a finales del siglo XVI el maestro Antonio Puig por encargo de una familia local, y su rasgo más reconocible es la galería superior de arcos rebajados sobre columnas dóricas que corona la fachada principal, según detalla la web oficial del Ayuntamiento de Valdealgorfa. En el siglo XVIII, la propiedad pasó a manos del barón de Andilla, título con el que se conoce el palacio en la actualidad.

Tras décadas de abandono, el consistorio adquirió el inmueble y emprendió una restauración de varios años que culminó en 2024 con la apertura de un hotel boutique de diez habitaciones y el restaurante La Baronía, especializado en producto local. El proyecto no tardó en obtener reconocimiento. En diciembre de 2025 recibió los premios a Mejor Hotel de Lujo y Best Romantic Villa en los Premios a la Excelencia Turística.

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El resto del núcleo histórico conserva parte de los antiguos portales de acceso, entre ellos el de Alcañiz y el de San Roque, este último con una pequeña capilla del siglo XVII sobre el arco. La iglesia parroquial, dedicada a la Natividad de Nuestra Señora, data de 1703 y combina mampostería y sillería en estilo barroco. Bajo las calles, el municipio guarda además un nevero del siglo XVII y una red de bóvedas de frío que hoy se visitan con recorridos guiados, según informa el Ayuntamiento.

Un puente con arcos rodeado de árboles en un valle.
Uno de los tramos de la Vía Verde, un antiguo trazado de ferrocarril que unía el interior aragonés con el Mediterráneo. (Wikimedia Commons/Karl Schlemmer)

A las afueras arranca la Vía Verde del Val de Zafán, gestionada por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, el trazado del antiguo ferrocarril que unía el interior aragonés con el Mediterráneo hasta su cierre en 1973. A pocos metros de la estación, el sendero se adentra en el túnel del Equinoccio, una galería recta de 2.136 metros que atraviesa el meridiano de Greenwich. Solo dos veces al año, el 26 de marzo y el 17 de septiembre, la luz del amanecer penetra en línea recta por toda su longitud y crea un haz que ilumina el túnel de extremo a extremo, según precisa el organismo en su descripción oficial de la ruta.

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Esa coincidencia astronómica convierte a septiembre en el mes idóneo para visitar Valdealgorfa. Además de coincidir con el fenómeno del túnel, las temperaturas suavizan el recorrido por los olivares y almendros que rodean el pueblo. La localidad se encuentra a hora y media en coche desde Zaragoza por la N-232, y su cercanía con el Matarraña permite combinar la visita con las localidades de piedra que dan nombre a esa comarca, conocida por sus paisajes de colinas y viñedos.