El regreso de una de las sagas de fantasía más importantes de la historia tras 23 años de silencio. Jamás imaginé que Warcraft 3 resucitaría de esta forma

2026/09/21

Sé que el anuncio de WoW Forever causó conmoción entre millones de jugadores de todo el mundo durante la pasada BlizzCon 2026, pero nada comparable a la emoción que desató el regreso de Warcraft 3 con una nueva campaña 23 años después de que este clásico de la estrategia en tiempo real dijera su última palabra. Y es sorprendente, porque llega tras la debacle del fallido Warcraft 3 Reforged, que llevó a Blizzard a vivir uno de sus episodios más oscuros. Sinceramente, es algo que jamás creí posible. Y os lo dice alguien que se ha pasado años preguntando al estudio por un posible Warcraft 4. No quiero dejarme llevar por el optimismo, pero después de lo que he visto en The Forsaken Kingdom, ese sueño roto vuelve a cobrar vida. Y estoy realmente emocionado.

Creada por un equipo formado por miembros destacados de la comunidad de Warcraft 3, esta expansión recupera el tono trágico y sombrío del clásico, haciéndonos vivir de primera mano la caída de Lordaeron, hasta convertirnos en uno de los Renegados que junto a Sylvanas Brisaveloz dieron forma a la mítica Undercity (en la cronología de Warcraft, nos lleva a los días previos a WoW Forever) Como fan, es casi imposible no emocionarse con esto. Y no lo digo sólo por lo que vives en esta nueva campaña, que por supuesto, sino principalmente, por lo que transmite.

Volver a Azeroth de esta forma te conecta directamente con los recuerdos de aquel legendario Warcraft 3, sorprendiendo con un gran diseño de misiones, situaciones de combate simplemente espectaculares y un nivel de desafío que exige de ti lo mejor. Es verdad que el tramo final de la aventura pierde bastante el rumbo, sintiéndose más como la típica historia de Marvel y no tanto como la triste epopeya que asocias a este capítulo concreto de Azeroth (ver a Arthas de nuevo cometiendo el regicidio es espectacular), pero incluso así, es un viaje que vale la pena. Con algunos matices, eso sí.

Warcraft Iii Reforged

El regreso de Warcraft, cuando nadie lo esperaba

Vaya por delante que esta nueva expansión me parece bastante buena y muy recomendable si, como yo, te has pasado los últimos 20 años rezando a todos los dioses antiguos por el regreso de esta saga de estrategia. Visto así, Reino Olvidado se siente como un regalo… pero algo caro, la verdad. Son 30 euros por unas 30 horas de historia, que visto así no parece mal plan (50 euros si compras Reforged al completo). El problema es que si lo comparas com The Frozen Throne, la hasta ahora única expansión de Warcraft 3, por el mismo precio ofrecía tres campañas con tres razas jugables distintas, además de la ya mítica campaña con espíritu RPG de Rexxar (La fundación de Durotar), que es precisamente a la que más se parece este nuevo capítulo de historia.

Volver a Azeroth de esta forma te conecta directamente con los recuerdos de aquel legendario Warcraft 3

Esto último es importante porque, en realidad, apenas hay construcción y gestión de grandes ejércitos. La campaña de The Forsaken Kingdom se siente más como una aventura de rol en la que cada unidad cuenta; y su muerte, la de un simple soldado, puede abocar la misión al fracaso. Esto te obliga a jugar con sumo cuidado aprovechando las ventajas tácticas de cada unidad y, sobre todo, la de los héroes, que cuentan además con un árbol de talentos al estilo WoW para personalizar aún más su forma de pelear. A mi me ha encantado porque las misiones, como decía, están en general fantásticamente bien diseñadas, con montones de objetivos secundarios y objetos ocultos con los que puedes aumentar tu poder y el de todo el ejército. Y es un juego bastante difícil.

Si no mides bien tus pasos sufrirás más bajas de las debidas y entonces, cuando llegue una batalla desafiante, y las hay a montones, te encontrarás ante un muro prácticamente insalvable. Esta rigidez en el diseño puede no ser del agrado de todo el mundo, especialmente de los que buscan una experiencia más cercana a un RTS tradicional, pero como digo, encaja bastante bien con la esencia Warcraft 3. Simplemente, me habría gustado que hubiera algo más de equilibrio entre su lado RPG y el estratégico. Pero incluso así, cuesta resistirse a lo que plantea Blizzard en este nuevo episodio de Warcraft.

Warcraft Iii Reforged

El juego está plagado de momentos brillantes, con especial mención para las batallas contra jefes que plantean sus propios desafíos con mecánicas específicas, muy al estilo de lo que podrías esperar de WoW. Esto significa que no basta con lanzar a todas las tropas contra el enemigo de turno: hay que esquivar ataques de área, realizar acciones específicas y proteger siempre a los héroes para que no sufran una muerte prematura. La campaña de Reino Olvidado es igualmente variada, con situaciones de juego muy de estilo MOBA (capturas torres que generan oleadas de tropas aliadas), batallas que te obligan a resistir en tu posición, la exploración de Stratholme que parece casi una mazmorra de WoW, o hasta escenas de sigilo.

Si lo comparas con The Frozen Throne, por el mismo precio ofrecía tres campañas con tres razas jugables distintas

La parte menos positiva es que mientras el prólogo plantea un ritmo trepidante, la campaña pierde fuerza en su tramo intermedio, con largos viajes de ida y vuelta por mapas gigantescos en los que te verás haciendo muchas tareas rutinarias, en lugar de estar batallando en combates imposibles. También es una pena que haya pocas novedades a nivel de facciones o nuevas tropas. Lo que vas a encontrar son unidades personalizadas para La Cruzada Escarlata o los Renegados, no ejércitos completamente nuevos, que habría hecho que el contenido fuera incluso más atractivo por el peso que le habría dado al multijugador competitivo.

Está genial ver las variaciones y otras criaturas neutrales que pueblan esta región de Azeroth, pero al precio al que se vende, sabe a poco. Ni tan siquiera la llegada del Paladín Renegado como nueva clase heróica cambia mucho las cosas en este sentido.

Warcraft Iii Reforged

Los nuevos gráficos de Warcraft 3 Reforged

Creo que ningún fan de Warcraft 3 superará nunca la decepción que supuso el estreno de Reforged. Por muchas razones indefendibles, además, aunque pocas tan dolorosas como los gráficos del remake. Lejos, muy lejos de lo que prometió Blizzard en su tráiler de lanzamiento, hoy al menos podemos celebrar que el juego luce, como poco, bastante bien y sobre todo, fiel al original. La razón es el nuevo modo Definitive Edition que introduce una opción gráfica diseñada para recuperar el estilo visual del clásico, pero con mayor definición. Cuando juegas con la vista alejada el resultado es más que bueno incluso con algunas imperfecciones en la iluminación o algunas texturas planas. De alguna forma se siente como estar disfrutando de nuevo del mítico Warcraft 3 tal y como lo recordabas.

La parte menos positiva es que las cinemáticas siguen sin replicar la épica y drama de la historia que nos cuentan, quedando lejísimos de lo que prometieron en la BlizzCon 2018. Al acercar el zoom al campo de batalla también salen a relucir varios defectos que nos recuerdan que a fin de cuentas, hablamos de un juego con más de 20 años de vida a sus espaldas. Aún así se agradece el esfuerzo, aunque no se entiende que no puedas usar los gráficos del modo Definitive Edition en la campaña original y The Frozen Throne, que sólo admiten los gráficos de Reforged o los del clásico.

Al final del día, lo que te puedo decir es que ha sido maravilloso volver a Warcraft 3. El arranque de esta nueva campaña, viendo cómo Arthas arrasa con el que fuera su hogar, es uno de esos que golpean con fuerza a la nostalgia, apoyándose también en una banda sonora increíblemente buena que hace que todo se sienta aún más épico y emocionante. No es perfecto, le falta un mayor equilibrio entre RPG y estrategia, y por supuesto le habría venido genial introducir alguna nueva raza con la que experimentar; pero si su lanzamiento significa que hoy Warcraft 4 está más cerca que ayer, entonces, no puedo más que celebrarlo. Ojalá muy pronto este sueño imposible se haga realidad.

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