La UE quiere volver a crecer, pero todavía no hay pleno acuerdo sobre cómo hacerlo. El canciller alemán Friedrich Merz mantiene su propuesta de una membresía asociada a la UE para Ucrania, Moldavia y los países de los Balcanes Occidentales, es decir, Albania, Bosnia y Herzegovina, Kosovo, Montenegro, Macedonia del Norte y Serbia.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Los críticos reprochan que se trate de una especie de 'sala de espera' o de una membresía de segunda categoría. Gunther Krichbaum les responde que, al parecer, todavía no han entendido el modelo.
Para el ministro de Estado para Europa en el Ministerio de Asuntos Exteriores se trata de un compromiso claro. Explica: "¿Por qué no vamos a ofrecer a estos países, que tendrían entonces el estatus de miembro asociado, por supuesto sin derecho de voto, la posibilidad de participar en las sesiones del Parlamento Europeo? Eso no nos cuesta ni un euro ni un céntimo".
Según Krichbaum, sería también una señal clara para China, Rusia y otros países y mostraría: "Estos países pertenecen a nuestro ámbito, la Unión Europea".
De este modo, se podría transmitir a los países candidatos que ya son en cierta medida "parte del club", explica Krichbaum. Considera esencial acercar e integrar a estos Estados.
Nuevo sistema por etapas para la ampliación de la UE
Con ello se sitúa en la misma línea que el canciller alemán Friedrich Merz y su homólogo francés Emmanuel Macron, que en la última cumbre UE-Balcanes Occidentales en Montenegro, a comienzos de junio, se pronunciaron a favor de acelerar el proceso.
Krichbaum reclama también más velocidad, pero considera que ahora es además el momento adecuado para revisar de forma crítica el método de adhesión.
Hay muchos aspectos del modelo actual que ya no le convencen: "Organizamos los procesos de adhesión como si fueran un concurso de salto de altura. El listón está situado en 1,50 metros, es decir, el llamado 'acquis communautaire', todas las normas jurídicas, todo el acervo legal de la Unión Europea a 1,50 metros, y los países tienen que saltarlo. En realidad, este 'acquis communautaire' ya no está en 1,50 metros, sino en 2,10 metros, porque en los últimos diez, veinte años se han endurecido todas las regulaciones y se han añadido otras nuevas".
A modo de explicación, el llamado 'acquis communautaire' designa el conjunto del acervo jurídico de la Unión Europea, es decir, todas las leyes, normas y obligaciones vigentes que un país candidato debe asumir íntegramente.
Según Krichbaum, se han incorporado muchas reglas nuevas, por ejemplo en materia de protección de los consumidores y del medio ambiente. El conjunto ya no es comparable con los estándares de antes. Y para los países candidatos, incluso los 1,50 metros suponen ya un gran desafío. Para él, está claro: "Tenemos que abandonar este concurso de salto de altura".
Propone una especie de escalera o sistema por etapas y recalca que en ningún caso se trataría de un callejón sin salida: la 'Final Destination', la estación término, es y seguirá siendo la plena pertenencia a la Unión Europea.
Pero, ¿qué ocurre con los costes de la ampliación de la UE? ¿Pueden asumirlo aún los países contribuyentes netos? Krichbaum lo considera asumible, recuerda que todo se financia dentro del presupuesto y que antiguos países receptores son hoy contribuyentes netos.
La Polonia de hoy, por ejemplo, no se parece al país que era en el momento de su adhesión a la UE. "La economía polaca está en plena expansión", subraya Krichbaum.
No es el caso de todos los países europeos. En Alemania, por ejemplo, las previsiones de crecimiento para 2026 son moderadas. Eso repercute, lógicamente, en la relación con Bruselas. Krichbaum insiste en que los márgenes son limitados y que los Estados miembros de la UE lo notarán durante las todavía muy complejas negociaciones del marco financiero plurianual para 2028-2034.
Nuevas prioridades para el futuro presupuesto de la UE
De hecho, los países que ya forman parte del club de la UE están ahora inmersos en el debate sobre el futuro presupuesto europeo. El volumen propuesto por la Comisión Europea asciende, según explica Krichbaum, a 1,7 billones de euros para siete años. Berlín reclama un recorte drástico del presupuesto de la UE de 400.000 millones de euros.
Para Krichbaum, la clave es sobre todo cómo se reparte el dinero, dónde deben situarse las prioridades.
Pide un cambio de mentalidad, o más bien un nuevo comienzo: "Si hoy volviéramos a inventar la Unión Europea y, teóricamente, tuviéramos un botón de reinicio que pudiéramos pulsar, no empezaríamos por la política agrícola. Sin lugar a dudas, fue la decisión adecuada en la segunda mitad del siglo pasado. Pero hoy los temas centrales son la seguridad, la defensa, la ciberseguridad y, por supuesto, el espacio, la inteligencia artificial y la competitividad. Todos ellos son ámbitos de los que creemos que, dentro de cinco, diez, 15 y 20 años, saldrá nuestra prosperidad".
Aboga por redefinir las prioridades y propone agrupar la política de cohesión y la política agrícola en un mismo apartado, en una especie de columna presupuestaria.
Después serían los Estados miembros quienes decidirían cómo repartir el peso entre ellas. La agricultura seguiría siendo importante, pero el foco debería dirigirse también a otros ámbitos.
También en este terreno, al igual que en la ampliación de la UE, considera necesaria mayor velocidad. Krichbaum confía en que se alcance un acuerdo sobre el nuevo presupuesto europeo antes de final de año.
Y añade: "Lo espero por muchas razones, porque quizá podamos prever lo que ocurrirá aún en este año 2026. Pero no puedo prever todo lo que pasará en 2027, y entonces un acuerdo podría ser todavía más difícil. Es decir, ahora ya es suficientemente complicado. Creo que tenemos un gran interés en haber cerrado de verdad, a finales de este año, las negociaciones sobre el marco financiero plurianual".