El secuestro y crimen de Polly Klaas: una pijamada de chicas de 12 años, un intruso en la casa y una trágica falla de comunicación

2026/10/01

Polly Klaas (Marc Klaas)

Polly Klaas (Marc Klaas)

Qué puede salir mal en una pijamada de tres chicas de 12 años, se preguntó Eve Nichol cuando el 1 de octubre de 1993 su hija Polly le pidió permiso para invitar a dormir a sus amigas Gilliam y Kate. Algunas pequeñas molestias, la música un poco alta, gritos de entusiasmo, algo de desorden, tal vez un vaso roto, no mucho más, se respondió antes de decirle que sí. Eve se acababa de separar de su marido, Marc Klaas, y vivía sola con Polly y su hermanita menor en la casa familiar de Petaluma, una apacible ciudad de California. Las chicas habían quedado golpeadas anímicamente por la separación de sus padres y Eve pensó que a Polly le vendría bien un poco de diversión. Era viernes y al día siguiente no había clases, lo que hacía que la noche fuera ideal para el encuentro. Ese era el plan y Eve no podía imaginar cuán equivocada estaba cuando pensó que nada podía salir mal.

Después de la cena, las tres chicas se encerraron para jugar en el dormitorio de Polly y cerca de las diez Eve les pidió que bajaran la voz porque ella y su hija menor se iban a dormir. Más o menos una hora más tarde, Polly abrió la puerta del dormitorio para buscar unas bolsas de dormir. Según el relato de sus amigas, al abrir la puerta se topó en el pasillo con un hombre de barba y los brazos tatuados que llevaba un cuchillo en la mano. No alcanzó a gritar, porque el intruso se abalanzó sobre ella y le tapó la boca con la otra mano. Luego entró con Polly al dormitorio y cerró la puerta. Una vez adentro, las amenazó con el cuchillo y les ordenó tirarse al piso bocabajo. Las ató con tiras de ropa y con el cable que cortó del Nintendo de Polly, y las amordazó. Después sacó las fundas de las almohadas y se las puso a Gilliam y a Kate en la cabeza. Entonces, con voz muy baja pero amenazante les dijo que si se quedaban quietas y en silencio no les haría nada, que sólo quería robar y que saldría con Polly para que le mostrara dónde estaba guardado el dinero. Antes de salir les ordenó que contaran hasta mil.

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Gilliam y Kate, aterrorizadas, obedecieron, y solo empezaron a moverse cuando escucharon que se cerraba la puerta de calle. Tardaron unos minutos en desatarse y correr al dormitorio de la madre de Polly a despertarla. Al principio Eve creyó que se trataba de una broma, pero al ver el pánico que desfiguraba el rostro de las chicas, saltó de la cama como disparada por un resorte. Buscaron a Polly por toda la casa y, al no encontrarla, llamó al 911. Le costó explicar lo que había sucedido, solo dijo que su hija había sido secuestrada. La telefonista de la policía envió de inmediato un patrullero y después le pidió a Eve que le dejara hablar con una de las chicas. “Se llevaron a Polly de la casa”, le dijo Kate y no pudo decirle más porque se puso a llorar. Luego las dos chicas le dieron a la policía una descripción del hombre de barba.

Más tarde, la madre de Kate recordó que al dejar a su hija esa noche vio a un hombre parecido al que describían las chicas en la misma cuadra de la casa, y otros tres vecinos también contaron que habían visto merodeando a un tipo así. No quedaron dudas de que ese era el hombre que se había llevado a Polly.

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Polly Klaas con su padre y esposa (Pollu Klaas Foundation)
Polly Klaas con su padre y esposa (Pollu Klaas Foundation)

Media hora después del secuestro y en un área rural a unos 30 kilómetros al norte de Petaluma, Danna Jaffe llegó a su casa, donde la esperaban su hija de 12 años y la chica que se encargaba de cuidarla, Shannon Lynch. Las dos mujeres conversaron un rato y Shannon subió a su auto para irse. Mientras salía por el camino de entrada hasta la ruta, todavía dentro de los terrenos de la casa, vio un auto caído en una zanja y a un hombre de barba apoyado sobre el baúl. Aminoró la marcha y sin bajarse del auto le preguntó al hombre si necesitaba ayuda. El tipo se acercó y le dijo que se había encajado y que necesitaba una soga para sacar el auto de la zanja.

—Este es un camino privado —le dijo Shannon.

—¿¡Qué te pasa con este camino?! —le preguntó desafiante el hombre acercando la cara a la ventanilla.

La chica se asustó: el tipo olía a alcohol y a suciedad. Sin pensarlo dos veces, aceleró y se alejó del lugar. Manejó hasta el teléfono público más cercano y desde allí llamó a Danna, le contó que había un hombre en su terreno y le aconsejó que llamara a la policía. Danna hizo algo más: despertó a su hija, la subió a su auto y se alejó en busca de un lugar más seguro. Antes de salir del camino privado, vio al hombre barbudo y el auto encajado. Llamó al 911 desde el teléfono de la primera estación de servicio que encontró.

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Unos minutos después, un patrullero con dos policías llegó a la estación de servicio y le pidió a Danna que les mostrara dónde estaba el auto encajado. El hombre de barba seguía allí. Uno de los policías le pidió su identificación y anotó su nombre: Richard Allen Davis. Al registrar el vehículo, solo encontraron cerveza. Mientras tanto, por la radio policial les informaron que ni el hombre ni el auto tenían pedido de captura. Aun así, a los agentes no les gustó nada la situación y le pidieron a Danna que hiciera una denuncia por invasión a la propiedad privada para poder llevarlo a la comisaría e interrogarlo. La mujer se negó: les dijo que estaba agotada y que, después de todo, no había pasado nada grave.

Sin poder hacer más, los policías llamaron a una grúa para que sacara el auto de la zanja y dejaron que Davis se fuera del lugar. No podían imaginar que habían estado frente a frente con el secuestrador de Polly Klaas porque el aviso se había transmitido solamente por el canal de la Patrulla de Carreteras de California (CHP), al que sus radios no tenían acceso. Después del caso de Polly estos avisos se transmiten por todos los canales policiales a través de un sistema centralizado de despacho del 911.

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Richard Allen Davis lleva treinta años encerrado en el corredor de la muerte del Centro de Adaptación de la Prisión Estatal de San Quentin, en California
Richard Allen Davis lleva treinta años encerrado en el corredor de la muerte del Centro de Adaptación de la Prisión Estatal de San Quentin, en California

Durante casi dos meses no hubo novedades sobre el paradero de Polly, de cuya búsqueda participaron miles de personas. La actriz Winona Ryder, criada en Petaluma, ofreció una recompensa de 200.000 dólares para quien la encontrara sana y salva. El caso dio un giro sorprendente el 27 de noviembre y fue entonces cuando la policía cayó en la cuenta de que el secuestrador se les había escapado por un pelo. Ese día, mientras estaba controlando el trabajo de unos obreros que desforestaban su campo, Danna Jaffe encontró en el suelo, debajo de unos matorrales, unas prendas infantiles. El lugar estaba a pocos metros de donde había quedado encajado el auto.

De inmediato llamó a la policía, que envió un equipo dirigido por el detective Mike McManus. Los agentes revisaron los alrededores a conciencia y encontraron más prendas. Al analizarlas en el laboratorio de criminalística del FBI se las comparó con otras que habían sido recogidas de la casa de Polly y se encontraron coincidencias. Al día siguiente, horrorizada, la madre de Polly confirmó que la ropa hallada en el campo era de su hija. Se montó un operativo rastrillo del que participaron más de quinientas personas para buscar los restos de la chica secuestrada dentro de los campos de Dana Jaffe, pero el resultado fue nulo.

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Richard Allen Davis fue detenido el 4 de diciembre y confesó el crimen en el primer interrogatorio al que fue sometido. También indicó que había enterrado el cuerpo en una fosa poco profunda en el Condado de Sonoma. Lo más estremecedor de su declaración fue la certeza de que la policía podría haber rescatado con vida a Polly si hubiera actuado de otra manera. Davis les dijo que cuando llegó el patrullero al lugar donde el auto había quedado encajado, la chica todavía estaba viva a pocos metros de allí, porque él le había ordenado, amenazándola de muerte, que se escondiera entre los matorrales y se quedara en silencio. Contó también que, luego de que los policías se fueran, volvió al lugar, subió a Polly nuevamente al auto y la llevó a otro descampado donde la asesinó.

El padre de Polly, Marc Klaas, decidió honrar la memoria de su hija y al año siguiente creó la Klaas Kids Foundation. También logró introducir una modificación en la ley para que los reincidentes por crímenes aberrantes tengan penas desde 25 años a cadena perpetua (Captura "The Story of Polly Klaas")
El padre de Polly, Marc Klaas, decidió honrar la memoria de su hija y al año siguiente creó la Klaas Kids Foundation. También logró introducir una modificación en la ley para que los reincidentes por crímenes aberrantes tengan penas desde 25 años a cadena perpetua (Captura “The Story of Polly Klaas”)

Después de un juicio largo y tumultuoso, que fue seguido con atención por la prensa de todo el país, el 18 de junio de 1996 Davis fue declarado culpable de asesinato en primer grado, agravado por robo, allanamiento de morada, secuestro e intento de acto lascivo de una menor. Por esos delitos, un jurado del Tribunal Superior de San José lo sentenció a muerte. Lejos de mostrarse arrepentido, al escuchar la condena, Davis se burló de la familia de Polly mostrando los dedos medios de las dos manos a una cámara de la sala del tribunal. También dijo que antes de morir la chica le contó que había sido abusada por su padre.

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A pesar de la ira y el dolor desgarrador, el padre de Polly, Marc Klaas, decidió honrar la memoria de su hija y al año siguiente creó Klaas Kids Foundation. “Lo hice para darle un sentido a la muerte de mi pequeña hija y crear un legado en su nombre para proteger a las generaciones por venir”, contó al presentar la fundación. También logró introducir una modificación en la ley para que los sentenciados reincidentes por crímenes aberrantes tengan penas desde 25 años a cadena perpetua.

Richard Allen Davis lleva treinta años encerrado en el corredor de la muerte del Centro de Adaptación de la Prisión Estatal de San Quentin, en California. Durante todo ese tiempo sus abogados han presentado decenas de pedidos de conmutación de la pena. Todas le fueron rechazadas, pero la ejecución sigue en suspenso debido a la moratoria indefinida de la pena capital votada en ese estado en 2019.

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Marc Klaas continúa al frente de la fundación, pero asegura que nada puede llenar el vacío que le dejó la pérdida de su hija. “Creo que su legado es importante, de verdad, pero aun así lo cambiaría por un solo abrazo de Polly”, dijo el año pasado en una entrevista.