El tiburón martillo, un gigante que nace a la par de los manglares

2026/08/02

Tras dos días y dos noches en el mar, las lanchas regresan lentamente al embarcadero de Sipacate, en la costa del Pacífico de Guatemala. Los pescadores descargan neveras repletas de róbalos, pargos y otras especies que acomodan sobre bandejas con hielo mientras los compradores recorren el muelle buscando el mejor precio. 

Entre el pescado aparecen también pequeños tiburones. La mayoría apenas alcanza unas decenas de centímetros de longitud. Hay tiburones martillo, de punta negra, punta de zapato y mamón, aunque en estas aguas también se ha registrado la presencia de especies como el tiburón toro y el tigre. Muchas son crías que quedaron atrapadas accidentalmente en las redes mientras los pescadores buscaban otras especies comerciales. 

Conservacionistas de la Fundación Mundo Azul sostienen una cría de tiburón punta de zapato, 2 de julio de 2026, Sipacate, Guatemala.
Conservacionistas de la Fundación Mundo Azul sostienen una cría de tiburón punta de zapato, 2 de julio de 2026, Sipacate, Guatemala. © Andrés Suárez Jaramillo - France 24

La jornada ha sido buena. La venta permitirá aliviar, al menos por unos días, la economía de varias familias. 

Para Manuel Zelada, pescador desde hace más de tres décadas y hoy monitor comunitario de la Fundación Mundo Azul, el tiburón nunca ha sido una captura que se desperdicie: "Casi que toda clase de especie, porque si es el tiburón martillo, también lo filetean para comercializarlo, para comerlo; es muy buena la carne, porque yo la he comido también, se hace empanizado, se hace ceviche, es delicioso el tiburón". 

Como la mayoría de pescadores de Sipacate, Zelada creció viendo al tiburón como un recurso más del mar. Solo años después, al integrarse como monitor comunitario de la Fundación Mundo Azul, comenzó a conocer el papel ecológico que estas especies desempeñan como depredadores, indispensables para mantener el equilibrio de los ecosistemas marino-costeros. 

En esta foto de archivo tomada el 21 de enero de 2018, un bebé de tiburón martillo.
En esta foto de archivo tomada el 21 de enero de 2018, un bebé de tiburón martillo. © AFP

Esa falta de conocimiento sigue siendo uno de los principales retos para la conservación. Solo en 2025, la Fundación Mundo Azul registró la captura incidental de 10.003 tiburones y rayas en la costa del Pacífico de Guatemala.  

Lo que ocurre en Guatemala refleja una tendencia global. De las más de 130 naciones en cuyos mares habitan tiburones, el martillo figura entre las especies más amenazadas. Según la UICN, sus poblaciones han disminuido alrededor de un 80% en las últimas tres generaciones, una reducción que llevó a clasificar al tiburón martillo común como especie En Peligro Crítico.

Foto de archivo (sin fecha) de un tiburón Martillo.
Foto de archivo (sin fecha) de un tiburón Martillo. © EFE

Aunque todavía no existe una estimación precisa del número de individuos que sobreviven en libertad, la tendencia es clara: cada vez son menos. Y, sin embargo, Guatemala sigue siendo uno de los lugares clave de su ciclo de vida. Entre sus manglares del Pacífico nacen cientos de crías cada año, convirtiendo a estos bosques salobres en un eslabón fundamental para la supervivencia de una de las especies más emblemáticas y amenazadas de los océanos. 

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La conservación del mar en Guatemala: el Club de Tiburones 

Si la pesca representa el principal sustento económico de las familias costeras, la conservación enfrenta un reto que va más allá de prohibir capturas.

Para la Fundación Mundo Azul, proteger a los tiburones también implica cambiar la manera en que las nuevas generaciones entienden el mar. Bajo esa premisa nació el Club de Tiburones, una iniciativa de educación ambiental dirigida a las hijas e hijos de los pescadores de Sipacate. 

Esperanza González enseña a los niños sobre el rol de las rayas en los océanos, 2 de julio de 2026, Sipacate, Guatemala.
Esperanza González enseña a los niños sobre el rol de las rayas en los océanos, 2 de julio de 2026, Sipacate, Guatemala. © Andrés Suárez Jaramillo - France 24

Cada semana, la ingeniera ambiental Esperanza González Rojas deja atrás el ritmo de Ciudad de Guatemala y recorre cerca de tres horas por carretera hasta llegar a la comunidad costera. Poco antes de las nueve de la mañana, un pequeño grupo de niñas, niños y adolescentes comienza a ocupar los pupitres de un salón de clases. 

Cuando hace alguna pregunta relacionada con tiburones, ninguno responde, son extremadamente tímidos. Pero tras varios minutos, los niños van perdiendo el miedo y algunos se aventuran a responder que la aleta superior del animal se llama ‘dorsal’.  

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"Nuestro enfoque es que nosotros no podemos conservar si no conocemos lo que tenemos. Ese es el primer paso para que las personas, sobre todo los niños, las niñas y los adolescentes, conozcan qué tiburones y rayas tenemos aquí en el Pacífico. Luego ellos transmiten ese conocimiento a sus familias y amigos, y así todos entienden por qué es importante conservarlos", explica González. 

Las clases combinan juegos, videos animados, títeres y actividades prácticas. Los niños aprenden a identificar las distintas especies de tiburones y rayas, reconocen la función de sus aletas y descubren que no todos los tiburones son iguales. 

Pescadores regresan a Sipacate tras jornadas de dos días y dos noches mar adentro, 2 de julio de 2026, Sipacate, Guatemala.
Pescadores regresan a Sipacate tras jornadas de dos días y dos noches mar adentro, 2 de julio de 2026, Sipacate, Guatemala. © Andrés Suárez Jaramillo - France 24

El tiburón martillo suele despertar la mayor curiosidad. Su característica cabeza, conocida como cefalofolio, parece salida de una ilustración fantástica, pero es el resultado de millones de años de evolución. La amplia separación entre sus ojos le proporciona un campo visual excepcional y mejora su capacidad para detectar las señales eléctricas que emiten otros animales bajo el agua, una ventaja que lo convierte en un eficiente cazador. 

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Imagen de portada: © France 24

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Pero el objetivo del Club de Tiburones va más allá de enseñar biología. La apuesta de la Fundación Mundo Azul consiste en sembrar una transformación cultural en comunidades donde, durante generaciones, el tiburón ha sido visto como un recurso alimenticio. La esperanza es que esos niños, cuando algún día hereden las lanchas, las redes o las decisiones de sus familias, también hereden una nueva manera de relacionarse con el mar. 

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La miel de mangle: cuando conservar también significa generar ingresos 

A unas tres horas de Sipacate, hacia el sureste de la costa del Pacífico guatemalteco, se encuentra la comunidad de Las Lisas. Allí, los manglares de mangle rojo y negro forman un entramado de canales por donde las pequeñas embarcaciones se desplazan lentamente entre raíces que emergen del agua.  

Lucía Guerrero, apicultora local, sostiene un panal de abejas – 3 de julio de 2026, Las Lisas, Guatemala.
Lucía Guerrero, apicultora local, sostiene un panal de abejas – 3 de julio de 2026, Las Lisas, Guatemala. © Andrés Suárez Jaramillo - France 24

El zumbido de cientos de abejas rompe el silencio de la mañana. Vestida con un traje blanco de apicultora y protegida por un velo que apenas deja ver su rostro, Lucía Guerrero espera a que una de sus compañeras disperse humo sobre la colmena antes de retirar cuidadosamente uno de los panales.  

Como ocurre con muchas familias de Las Lisas, los ingresos de su hogar han dependido históricamente de la pesca. Sin embargo, la disminución de los recursos marinos y la necesidad de reducir la presión sobre especies amenazadas llevaron a la Fundación Mundo Azul a buscar alternativas económicas dentro de la propia comunidad. 

La apicultura apareció entonces como una opción capaz de generar ingresos sin alterar el ecosistema del manglar. Mientras sostiene el panal cubierto por cientos de abejas, Lucía resume el impacto que el proyecto ha tenido para las mujeres de la comunidad: 

Miel Flor de Mangle, el proyecto comunitario para generar nuevos ingresos a las familias pesqueras, – 3 de julio de 2026, Las Lisas, Guatemala.
Miel Flor de Mangle, el proyecto comunitario para generar nuevos ingresos a las familias pesqueras, – 3 de julio de 2026, Las Lisas, Guatemala. © Andrés Suárez Jaramillo - France 24

"Es importante para nosotras las mujeres porque nos permite poder tener una entrada extra de dinero para nuestro hogar, colaborar y no solo ser la ama de casa, ya que nosotros acá en nuestra comunidad subsistimos más de la pesca". 

Los resultados comenzaron a hacerse visibles en 2025. Veintitrés apicultores -16 mujeres y siete hombres- lograron la primera cosecha de miel de mangle: 45,5 galones, equivalentes a 344 botellas de 500 mililitros. Más allá del volumen obtenido, el proyecto demostró que el manglar también puede convertirse en una fuente de ingresos distinta a la pesca. 

Aún es imposible saber cuántos tiburones martillo sobreviven hoy en libertad en Guatemala. Lo que sí muestran los registros recopilados por Fundación Mundo Azul es que miles de ejemplares juveniles siguen siendo capturados por la pesca artesanal.  

Medición de una raya para el registro de especies vulnerables y en peligro crítico, 2 de julio de 2026, Sipacate, Guatemala.
Medición de una raya para el registro de especies vulnerables y en peligro crítico, 2 de julio de 2026, Sipacate, Guatemala. © Andrés Suárez Jaramillo - France 24

De modo que el futuro del tiburón martillo no depende únicamente de lo que ocurra mar adentro. También se decide entre las raíces del manglar, en las aulas donde aprenden los hijos de los pescadores y en las colmenas donde mujeres como Lucía Guerrero, quien se hidrata con un gran vaso de limonada tras haber trabajado en las colmenas, han encontrado una nueva forma de vivir del mismo ecosistema que buscan proteger. 

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