Tenía todo el sentido que una serie como Los años nuevos, cocreada por Rodrigo Sorogoyen, Paula Fabra y Sara Cano, terminara con un plano secuencia de 45 minutos. A fin de cuentas, retrataba el paso del tiempo y cómo este va haciendo mella en la trayectoria de la pareja que tan felizmente encarnaron Iria del Río y Francesco Carril.
La ya mítica toma en tiempo real clausuró por todo lo alto una serie excepcional que, para Del Río (Barcelona, 1987), supuso la consagración absoluta. Aunque era una ficción para entrar a vivir, como si lo más natural hubiese sido seguir reencontrándonos con ellos de año nuevo en año nuevo, el tiempo ha seguido su curso en la vida real para la actriz catalana, que nos sorprende con un cambio de registro de lo más radical en Mala bèstia, la excepcional opera prima de Bàrbara Farré, que llega a los cines el 31 de julio.
'Mala bèstia' transcurre en un orfanato femenino, entre onírico y distópico
“Está claro que es un gran cambio, porque Los años nuevos era una apuesta por el naturalismo más absoluto, mientras que Mala bèstia es una fábula atemporal”, confirma Iria del Río, que nos coge el teléfono en una pausa del rodaje de otra película tan secreta como “muy experimental” sobre la que no quiere soltar prenda.
La directora Farré (Barcelona, 1994) es una cineasta atípica. Ha tardado casi una década en dar el salto al largo después de graduarse en la Escac con La última virgen (2017), un corto que dio muchísimo que hablar por abordar la vida sexual de las treceañeras. Pero no ha dejado nunca de rodar. Vinculada a la productora barcelonesa Canada, ha filmado anuncios y videoclips para divas como Bad Gyal (Internationally), Amaia (El relámpago) o Rosalía (F*cking Money Man): “Trabajar para otros artistas me ha permitido ir descubriendo mi propio imaginario”, comenta la directora.
Se trata de un imaginario muy particular. Mala bèstia transcurre en un orfanato femenino, entre onírico y distópico, donde las niñas visten una blusa blanca hasta que les viene la regla, momento en el que pasan a vestir una negra. A poco de cumplir los dieciocho, son invitadas a dormir solas en un misterioso altillo del que saldrán convertidas en mujeres...

La gran revelación de la película es María Schwinning (València, 2007), actriz que empezó a apasionarse por el teatro a los seis años, gracias a una extraescolar, y que ya debutó, a las órdenes del siempre polémico Juanma Bajo Ulloa en la reciente El Mal. Se ha sentido más próxima de Farré porque “Bàrbara es más joven y lo que cuenta a través de Atenea me toca más. Ensayamos durante dos meses antes de empezar a rodar, y ahí fuimos creando el personaje. Fue como si se hubiera abierto ella misma, y de ahí hubiera surgido la película. Me identifiqué mucho con esa niña que se siente sola y tiene mucho miedo, así como con su proceso de aceptación de la incertidumbre. La adolescencia es un paso grande, un momento de ver cómo funciona el mundo y cómo funcionas tú”, recuerda la actriz. Al ver la película por primera vez Schwinning se fijó “en todo lo que podía estar mal en mi interpretación. Pero a la segunda la disfruté mucho como espectadora. Es una película íntima que trata de lo visceral, de todo aquello que no entendemos”, concluye.
En este contexto de fábula, Iria del Río es “como la proyección de lo que Atenea se imagina que podría ser mujer, que se le aparece como un cuento dentro del cuento”, transmite la actriz. “También es un personaje que me permitía cultivar una cierta ambigüedad, jugar con un tono extraño que genera incomodidad. Reflejo el mundo adulto como un lugar que puede ser amable y peligroso al mismo tiempo, siempre desde el punto de vista de Atenea”.
A Iria del Río la adolescencia ya le queda un poco más lejos, “aunque pude reconocerme en el recuerdo de entrar en la vida adulta a través de la primera menstruación o el despertar del deseo sexual”, comenta. “Tu cuerpo experimenta un cambio asociado a muchas narrativas que te llegan desde fuera cuando todavía eres una niña. De repente, todo tu alrededor considera que ya eres una mujer cuando eso nunca sucede de un día para otro”.
Del Río ya ha regresado a Barcelona después de una década en Madrid. “En todo ese tiempo hice muchos amigos, entre cineastas, historiadores y productores, con los que sigo trabajando”. En los últimos tiempos, también ha rodado otra opera prima, Una cabeza en la pared, de Manuel Manrique: “Es la historia del último torero de una España en la que por fin se han abolido los toros. Ha sido muy bonito encadenar dos debuts, porque implica trabajar con directores que dan un salto al vacío”, explica.
“No pienso mi carrera como algo que ha de tomar una dirección determinada, sino en poder extraer algún tipo de aprendizaje creativo de los proyectos que me van saliendo”. Además de participar en el anuncio de Estrella, que ha dirigido Nicolás Méndez –uno de los tres fundadores de Canada–, tiene otros dos proyectos que la esperan a partir de septiembre, “uno más de autor y otro más comercial”, sobre los que tampoco quiere decir nada.
“De momento, cuando acabe este rodaje me iré a pasar unos días a Galicia, que es la tierra de mis padres. No soy muy fan de viajar como turista, pero me gusta mantener esa conexión y visitar a los amigos que viven en los pueblos”. Eso sí, no descarta volver a reencontrarse con Francesco Carril y Sorogoyen para volver a sumar más años nuevos. De momento, ya ha pasado un año nuevo sin la pareja formada por Ana y Óscar. “Imagino que Ana está ahora mismo muy tranquila y serena. Ya lo descubriremos… Quizás algún día nos volvamos a juntar todos. ¡Nunca digas nunca!”
My favourite things
Un libro: Químicas piedades, de Marta Echaves. Es una investigación tan fascinante como espeluznante sobre la
ketamina. No la conozco personalmente, pero tenemos amigos comunes.
Un accesorio: Me encantan los sombreros. ¡Ojalá hubiera nacido en una época en la que se llevasen más!
Un plato: Un arroz cerca del mar o un centollo en Galicia.