Elecciones en Brasil: dos ideas de país para la gran potencia de América Latina

2026/10/24

Brasil elige hoy domingo presidente y lo hace tras una vibrante, extensa y accidentada campaña que reflejó el vigor de la democracia en el quinto país más grande del mundo. Era evidente este fin de semana, a las puertas de un centro comercial en el centro de Sao Paulo, que la pelea voto a voto se extendió hasta el mismo día de la elección, en lo que se prevé como una ajustada disputa entre el actual jefe de Estado, Luiz Inácio Lula da Silva, y el aspirante, Flávio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro.

"¡Nunca trabajó en su vida!", gritaba el joven blandiendo una pila de volantes. "¡No, nunca!", respondía eufórica a su lado una vendedora ambulante. "¡Vamos gente, vamos la gente que trabaja! Todavía tenemos tiempo de impedir esto!".

Ese "nunca trabajó" es parte de la revigorizada campaña anti-Flávio, que incluyó una fuerte campaña del miedo, por parte de la izquierda nucleada en torno al Partido de los Trabajadores (PT). De Flávio Bolsonaro, senador de 45 años, se dice que nunca tuvo un trabajo de verdad, que nunca se subió a un autobús, que todo lo que obtuvo y tiene es por ser el hijo del líder de la derecha brasileña, hoy en prisión por liderar un fallido golpe de Estado, y a quien su hijo amnistiará si accede al poder.

De Lula, que este martes cumplirá 81 años, no se puede decir lo mismo: nacido en un miserable hogar del nordeste del país, donde los nueve integrantes de la familia compartían a turnos un único colchón, se mudó a Sao Paulo para trabajar en la siderurgia, se convirtió en un potente dirigente sindical y en 2002 ganó por primera vez la presidencia tras tres intentos fallidos. Ahora quiere ser elegido por cuarta vez para gobernar de los 81 a los 85 años.

¿Lo logrará? Las encuestas marcan un virtual empate, pero la primera vuelta fue para Bolsonaro por 47% a 45%, y la actual era democrática brasileña, iniciada en 1985, no registra ningún caso en el que el perdedor en la primera vuelta haya ganado la segunda.

El panorama es radicalmente diferente a lo que el propio Lula decía un año atrás al cumplir 80 años: "Va a ser muy difícil que alguien nos gane las elecciones en 2026, el Gobierno va a terminar muy bien. Brasil está viviendo un momento excepcional, posiblemente uno de los mejores momentos en la historia de este país".

No, las grandes cifras son buenas para Brasil -salvo el déficit fiscal que roza el 10%-, pero no es uno de los mejores momentos en la historia del país, porque los brasileños están insatisfechos y la polarización es extrema. Medio Brasil reza para que todo haya llegado a su fin, y medio Brasil, para que no, para que Lula haga el milagro.

Bolsonaro, hijo mayor del ex presidente, logró atravesar la campaña sin mayores inconvenientes, pese a la sucesión de escándalos que lo rozaron o involucraron. Acorraló a Lula en el debate de hace una semana y salió indemne del de este viernes. Es mucho más de lo que incluso los propios esperaban de él meses atrás.

Para ello contó con la invalorable ayuda de Lula y su equipo, que, en acertada síntesis de TV Globo, antes de la primera vuelta "se preocuparon mucho por destacar su legado y poco por proponer cosas de cara al futuro".

Janja da Silva, la esposa del presidente, omnipresente hasta hace tres semanas, pasó a un tercer plano.

Hay diferencias fundamentales entre las propuestas de ambos candidatos: Lula apuesta a la fuerza y el presupuesto del Estado para mejorar la situación de los más desfavorecidos y por erigirse como líder cuasi mundial de la menguante izquierda internacional, además de plantarse ante los Estados Unidos de Donald Trump.

Bolsonaro quiere recortar fuertemente el gasto y reducir subsidios, además de facilitar el acceso a las armas, combinando estas medidas con una política de mano dura contra la delincuencia. Estados Unidos, si gana, será su gran aliado. Y al sur tendrá en Javier Milei, presidente argentino, a su gran socio regional.

"El ladrón de celular (móvil) va a estar ocho años preso y trabajará en prisión", fue quizás la promesa más llamativa de Bolsonaro en el debate final de este viernes. El candidato de la derecha fue calificado repetidamente de "mentiroso" por Lula, que insistió en presentarlo como un incapaz que depende de su padre.

"Las bobadas que este joven habla... No conoce Brasil. La imagen que tienen de él en Manaos es la del padre de él riéndose de la gente que no tenía oxígeno [durante la pandemia de 2020]. Nunca trabajó, nunca. Y todo el mundo sabe su relación con el mundo de la milicia", desgranó Lula, que pretende mantener a la izquierda en el poder ganando la Presidencia por cuarta vez. "Él no se acuerda de la última vez que fue al supermercado", contraatacó Bolsonaro al aludir a la larga estancia en el poder del actual presidente.

Tras pedir disculpas por haber votado en su momento en contra de extender la licencia de maternidad y por llamar "nueve dedos" a Lula, que perdió uno en sus tiempos de operario metalúrgico, Bolsonaro prometió un "Banco de la Prosperidad" y "crédito barato", además de "devolver dinero al bolsillo" de los ciudadanos.

"Quiero que la gente vaya con el celular por las calles sin ser asaltada. Lula, ¿por qué defiendes a los ladrones de celulares y a las organizaciones narco terroristas?", lanzó el candidato de la derecha, que prometió "autonomía a los pueblos indígenas".

El tiempo de las promesas se acabó y llega el de la decisión: 159 millones de ciudadanos están llamados a decidir si Brasil se suma a la ola azul de gobiernos de derecha en América Latina o si se mantiene, junto al pequeño Uruguay y al gigante México, como bastión de la izquierda en la región.