En línea con el examen, escribe Ángel Gilberto Adame

2026/08/08

En 1985 presenté mi examen de ingreso a la Facultad de Derecho de la UNAM en el Estadio Azteca. Recuerdo que miles de aspirantes llenamos las gradas, mientras nos entregaban las preguntas y se nos ordenaba comenzar. En ese entorno, era posible sospechar que alguien quisiera copiar, dado que los que nos vigilaban apenas se daban abasto ante tantos aspirantes. Sin embargo, nunca hubo mayor queja.

Los años pasaron y la tecnología nos rebasó, por lo que la UNAM tomó la decisión de aplicar en línea su examen para la licenciatura. Lejos de ser una solución, esta modalidad ha causado gran revuelo debido a los resultados que se registraron, a causa del notable aumento de puntuajes sobresalientes, lo que indicó que hubo prácticas deshonestas. De hecho, algo similar sucedió en el concurso a nivel bachillerato, sin embargo, las alarmas se encendieron hasta ahora.

Con el paso de los días, diversos medios descubrieron que algunas personas ayudaron a los aspirantes a hacer trampa, suplantando su identidad, asesorándolos en tiempo real para contestar e incluso dándoles una copia de la prueba. Aunado a esto, varios concursantes compartieron en redes sus artimañas para burlar al sistema, como el uso de Inteligencia Artificial.

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Si bien vale la pena señalar las dificultades que suponía la vigilancia de los alumnos que se encontraban en la comodidad de sus hogares, esto no justifica la falta de ética por parte de los participantes, pues más que ayudarlos los afecta en su aprendizaje y habilidades. No permite evaluar sus capacidades reales, genera lagunas de conocimiento y da pie a la pérdida de disciplina a la hora de estudiar, sin hablar del deterioro de la moral y sin contar que el supuesto “título profesional” que se obtenga no les servirá al enfrentarse a la realidad laboral.

Asimismo, estas tretas, contrariamente, ocasionaron que la Universidad tenga que realizar un nuevo esfuerzo para la valoración. Por si fuera poco, las clases han sufrido cambios en su temporalidad, lo que ha supuesto inconvenientes tanto para docentes como para los estudiantes, no sólo de nuevo ingreso sino también de grados superiores, quienes tendrán que ceñirse al nuevo plan, a pesar de no tener responsabilidad.

Ahora bien, no toda la culpa recae en los concursantes, pues sus acciones son un síntoma de la presión por tener una carrera, de la falta de recursos para estudiar y el miedo a fallar. De igual manera, resulta difícil medir el conocimiento por medio de un sólo examen, debido a que la puntuación obtenida puede variar debido a factores como la ansiedad y el estrés, sin embargo, a la fecha, es la forma más sencilla de obtener una valoración del alumno.

Hay algunos desvergonzados que están pidiendo un amparo en contra de la reaplicación de la prueba, pues consideran que se está violando el proceso y que se deberían aceptar los resultados. Por si esto fuera poco, la Universidad enfrenta un problema sin precedentes, pues la pérdida de “control institucional” supone un inconveniente “político, administrativo y moral, también jurídico”.

Aunque la UNAM haya decidido realizar la prueba de control de forma presencial, se espera que en los años venideros se continúe avanzando en la evaluación a distancia, pues de no hacerlo esto supondría un verdadero retroceso. A pesar de todo esto, este tropiezo tristemente no asegura que los futuros aspirantes se conduzcan con honestidad, provocando que la institución se vuelva una verdadera policía del hogar, un nuevo gran hermano.

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