—Amigo, sal rápido, haces la foto y nos vamos a otro punto del barrio— le dice el taxista al fotógrafo de Crónica cuando circula con su vehículo por delante de la mezquita de El Príncipe—. Aquí una cámara nunca es bienvenida, pero aún lo es menos ahora, con tanto inmigrante escondido por estas calles. Hay muchos vecinos dándoles cobijo. Hay quien lo hace por caridad, pero otra gente está ganando pastizales porque les alquilan bajos, garajes, azoteas... Hace un par de noches hubo una operación policial. Un tío tenía a casi 80 personas metidas en una casa... Una pasada, hermano.
—¿Cómo sois capaces de distinguir por la calle a los locales de los inmigrantes?—, pregunta ahora el reportero de este suplemento, que continúa a bordo del taxi mientras su compañero aprieta el botón de su cámara de fotografía. Click. Click. Click.
—Muchos de los inmigrantes van en chanclas, sus ropas están medio rotas, tienen cara de cansancio... Por el día salen poco a la calle, la verdad. Como esos de ahí, igual ves a tres o cuatro en un banco sentados o dando un paseo. Pero a mitad de tarde, poco antes de que caiga la noche, el barrio se convierte en una feria. Por las calles más estrechas apenas puedo pasar con el taxi. A esa hora sí que no podéis sacar la cámara. ¡Ni locos!
—¿Por los vecinos o por los inmigrantes?, insiste el periodista.
—Por todo el mundo. Por aquí se mueve mucha droga, hay bandas enfrentadas, gente armada... Y los inmigrantes no quieren que la prensa cuente cuál es su último escondite en Ceuta. Después de que se hayan levantado ya todos los asentamientos, cientos de ellos se han escondido en este barrio.
Es jueves 22 de octubre. Son las tres de la tarde. Un taxista acompaña a Crónica por las bulliciosas calles de la barriada ceutí de Príncipe Alfonso, una de las más peligrosas de España. El tema de conversación de hoy en los cafetines y en las plazas es lo ocurrido durante la madrugada del pasado martes.
Decenas de agentes de la Policía Nacional irrumpieron en una casa patera donde 74 inmigrantes irregulares convivían hacinados [de los más de 80.000 que irrumpieron los pasados días 30 y 31 de julio en Ceuta, en un asalto masivo e histórico, a través de la ]frontera del Tarajal].

Alrededor de una veintena de inmigrantes marroquíes, este pasado jueves, junto a un campo de fútbol sala de la barriada de El Príncipe.Marcos Moreno
La casa, escondida entre angostas callejuelas, sólo tenía un cuarto de baño. Ni siquiera disponía de ducha. Las 74 personas que vivían allí se aseaban con el agua que salía de un grifo de lavabo. Dormían sobre colchones tirados en el suelo, uno pegado a otro, entre bolsas con ropa y comida. La Policía identificó a diez menores de edad.
«Ya no podían dormir en la calle. Ha entrado el frío y han dejado las playas, los montes...», explica una fuente policial al tanto de la investigación. «Y tienen que buscarse la vida para no pasar por el triaje que se está haciendo a todo el que cruzó. Buscan intentar cruzar como sea a la península sin dejar constancia de que han pasado antes por Ceuta».
Cada inmigrante pagaba entre 10 y 20 euros diarios. La investigación policial sostiene que el propietario del inmueble ganaba más de 1.000 euros al día. Fue arrestado. Horas más tarde ingresó en prisión. Está acusado de un delito de explotación de menores y de actuar contra los derechos de los trabajadores.
Se trata de un vecino del barrio, relacionado con el mundo de la construcción. Tenía a varios inmigrantes trabajando en obras. A una mujer no le cobraba nada por pernoctar en su vivienda, de dos plantas. A cambio, la joven dormía con él.
«No veas, chaval», se escucha decir a un hombre de unos 30 años que junto a un amigo toma un té hirviendo en la terraza de un pequeño bar de El Príncipe. Ambos hablan de esa operación y del detenido. «No es el único que está sacando tajada», le responde el otro varón. «Hay más gente. Conozco a una mujer que tiene a dos chavales en su casa. Les da comida y cama, pero también los tiene trabajando en el negocio del marido. ¿Eso qué es? ¿Explotación o solidaridad con el desfavorecido, hermano?».
EL BARRIO SIN ORDEN URBANÍSTICO
El Príncipe nació en los años 50 del siglo XX, con chabolas y cabañas. Tres décadas más tarde, los vecinos, muchos de ellos marroquíes irregulares, cada vez más numerosos, comenzaron a levantar casas de ladrillo, pero sin ningún tipo de ordenamiento urbanístico. Las casas fueron creciendo en altura según se iban añadiendo generaciones a las familias. Hoy en día, el barrio se asemeja a un laberinto imposible en el que se hacinan miles de personas. Sólo dos calles admiten la circulación de coches, y en una sola dirección.
Se sitúa en la parte oeste de la ciudad, muy cerca de la frontera marroquí del Tarajal. En esta barriada se calcula que viven alrededor de 12.000 vecinos censados y unos 20.000 en total, aunque la cifra total es imposible de conocer.
El Príncipe arrastra la mala fama de ser uno de los barrios más peligrosos de Europa, con índices de criminalidad disparados. La mayoría de ceutíes lo consideran un gueto apartado de la ciudad, sin más normas que las impuestas por los mafiosos que residen allí.
295 INMIGRANTES: LA MITAD, A MARRUECOS
La tensión volvió a crecer en El Príncipe horas después de que este periódico se adentrase en sus calles. Sobre las cinco de la madrugada de este pasado viernes, la Policía retornó a la barriada, donde su población, mayoritariamente, es de confesión musulmana. Decenas de agentes integraron un dispositivo en el que participaron tanto agentes de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) como de la Unidad de Intervención Policial (UIP).
Después de los recientes desalojos de los asentamientos de la ciudad, como los de las playas del Trampolín o la de Benítez, se notó un aumento de la presión migratoria en las barriadas. Desde hace un par de semanas, El Príncipe se ha convertido en el barrio con mayor número de marroquíes durmiendo en sus estrechas calles, con chozas y tiendas de campaña dispuestas en aceras y dentro de garajes.
Ese segundo operativo policial estuvo formado por 320 agentes. La Delegación del Gobierno en Ceuta informó que un total de 295 inmigrantes fueron interceptados este pasado viernes. En su mayoría, se resguardaban en El Príncipe, ocultos en garajes, azoteas y viviendas. Había 60 menores y cuatro mujeres. 146 de esos inmigrantes retornaron voluntariamente a Marruecos. Las personas que decidieron quedarse en Ceuta fueron trasladadas en un autobús hacia la frontera para llevar a cabo las correspondientes labores de filiación.
La Delegación del Gobierno señaló que estas actuaciones tendrán continuidad y se extenderán progresivamente a otros puntos de Ceuta, con el objetivo de localizar a quienes todavía permanecen ocultos en diferentes barriadas, aunque en número sensiblemente menor a los que se escondían en El Príncipe.
El compromiso del delegado del Gobierno, David de la Encina, es mantener los dispositivos «barrio a barrio» hasta completar la localización de los inmigrantes que continúan en esta situación, sin pasar por ningún tipo de triaje.
Desde el pasado 10 de agosto han retornado a Marruecos 13.101 personas, según cifras aportadas por el Gobierno español, mientras que se han habilitado cerca de 8.000 plazas de acogida, de las que aproximadamente 6.100 permanecen ocupadas. También se han efectuado más de 5.400 procedimientos de triaje a adultos, destinados a identificar sus circunstancias personales y determinar si se les expulsa o se les concede asilo.
OTRA CIUDAD DESDE LA LLEGADA DE LOS REYES
La ciudad autónoma atiende ya a 3.434 menores que han sido filiados. De ellos, 114 han sido trasladados a la península mediante procesos de reagrupación familiar y otros 181 han sido derivados a diferentes comunidades autónomas. El Ejecutivo español también ha remitido a Marruecos expedientes para estudiar posibles reagrupaciones familiares, aunque hasta el momento Rabat no ha respondido a ninguno, por lo que la colaboración para la repatriación de menores es nula.
Tras las últimas operaciones policiales de esta semana en El Príncipe, la ciudad comienza ahora a asemejarse, aunque sólo sea en parte, a la Ceuta previa al asalto del 30 de julio. Este próximo viernes se cumplirán tres meses de la irrupción de casi 90.000 inmigrantes a través de la frontera con Marruecos.
En las playas de Ceuta ya no hay chabolas ni asentamientos de miles de personas. En el polígono junto a la frontera han retirado las chozas que levantaron en un descampado. El pasado domingo, al igual que esta semana en El Príncipe, la Policía realizó batidas por el barrio de Los Rosales, donde sus calles albergaban a cientos de personas tiradas sobre colchones y cartones en la acera. Este pasado jueves, cuando EL MUNDO visitó esa barriada, los inmigrantes habían desaparecido. No había rastro de ellos.

El barrio ceutí de El Príncipe. En sus callejuelas, como se observa en la foto, se cobijan y esconden todavía centenares de inmigrantes.Marcos Moreno
Sólo una decena de varones marroquíes y subsaharianos se encontraban haciendo ejercicios de gimnasia en un parque de Los Rosales situado junto a un campo de fútbol sala vallado y una bolsa de aparcamientos públicos. Explicaron que todos ellos ya habían pasado por el triaje y que se encontraban en alguno de los cuatro centros de acogida habilitados por el Gobierno en la ciudad.
«Comenzamos a ver la Ceuta de antes justo los días previos a la llegada de los Reyes [el pasado 13 de octubre]», comenta una anciana de la barriada de Los Rosales que pide no ser identificada. «Pero yo aún tengo miedo. Hay muchos inmigrantes por los montes. Temen acercarse a las barriadas y que pase como en El Príncipe, que la Policía acaba haciendo limpia cuando se acumulan cientos y cientos».
Usama Hsisen es uno de los pocos marroquíes que se dejan ver por los alrededores del barrio de Los Rosales. Está muy malherido. Él y su hermano se encuentran dentro de un coche abandonado en el aparcamiento que hay junto al campo de fútbol sala. Es un Seat gris sin varias ruedas.
El pasado 19 de octubre, Usama se encontraba durmiendo dentro de un túnel de alcantarillado cuando una fuerte corriente de agua provocada por las fuertes lluvias de esos días se lo llevaron por delante. Aquel conducto está situado junto a un terraplén de más de 50 metros de altura. Su hermano cuenta que Usama cayó por él. «Necesita ayuda médica. ¿Puede llamar a una ambulancia? Pero que no venga la Policía, por favor», le pide al reportero. «Aún soñamos con llegar a la península»