Pocos reporteros atesoran un conocimiento tan profundo de la guerra en las sombras entre Israel e Irán como Eric Frattini (Lima, 1963). Corresponsal en Oriente Medio desde Beirut y Jerusalén, reportero de guerra y experto en servicios secretos y terrorismo, su último libro, La guerra sagrada del Mossad [Harper Collins], reconstruye la historia de espionaje, ciberguerra y diplomacia con la que la inteligencia israelí trata de cortar las 'cabezas de la hidra' del programa nuclear militar de los ayatolás.
¿Se puede decir que en Irán el programa nuclear y el liderazgo de la república islámica están estrechamente relacionados?
Absolutamente. Desde la revolución de 1979, la nueva república islámica de Ruhollah Jomeini desarrolló una visión de seguridad marcada principalmente por la rivalidad con Washington, el conflicto con Israel y la percepción de amenazas externas. Teherán entendió que el dominio de la tecnología nuclear era una expresión de soberanía nacional y de resistencia a las presiones externas.
Bajo la presidencia de Hashemí Rafsanyaní del 89 al 97, intentaron negociar, en parte porque las sanciones golpeaban duramente a la propia población y necesitaban una reforma económica después de la guerra iraní-iraquí. Con la llegada de Mohammad Jatami, otro reformista, Irán entendió que eran peores las sanciones que los posibles ataques de Israel o EEUU.
Pero la situación económica y las protestas internas provocaron la llegada al poder de un duro conservador como Mahmud Ahmadineyad, que fue el que dio el mayor impulso al programa nuclear. Su sucesor Hasán Rohani entendió que sufrirían graves consecuencias económicas. Fue el cerebro iraní detrás del ‘Plan de Acción Integral Conjunto’ (PAIC) de 2015.
Pero no hay que olvidar que el líder supremo Ali Jamenei era quien tenía la última palabra.
A ojos de Israel, ¿atacar el programa nuclear implica directamente dañar a la cúpula del régimen?
Sin duda. El asesinado Jamenei establecía las líneas generales y los límites políticos y militares. En esa decisión también tomaban parte como 'asesores' otros estamentos del poder iraní, hoy dominado por 'halcones', como el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, el propio Gobierno o la Organización de Energía Atómica liderada por Mohammad Eslami.
También influye en la toma de decisiones el todopoderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Su líder, el general Ahmad Vahidi, es un 'halcón' nuclear. Para Israel y para Netanyahu, uno va de la mano del otro.
El libro comienza explicando una paradoja: antes de la revolución islámica, Israel fue uno de los patrocinadores de la nuclearización de Irán.
Los primeros pasos tecnológicos del programa se dieron principalmente gracias a la Casa Blanca bajo Eisenhower en el 57. Lo que relato es que antes de la Revolución de 1979, Israel e Irán tenían relaciones muy estrechas. El Mossad entrenó a la temible Savak, el servicio de seguridad y represión del Sha.
En 1977 se estableció el llamado 'Proyecto Flor' en el que Irán e Israel acordaron cooperar en el desarrollo de misiles, aunque no en lo nuclear como tal. Piensa que Irán era el mayor suministrador de petróleo a Israel e incluso en 1968 llegaron a tener un oleoducto secreto conjunto que partía desde Eilat en el mar Rojo hasta Ashkelon, en el Mediterráneo.
Sobre los acuerdos de 2015 firmados con la administración Obama: ¿Irán encontró la manera de seguir desarrollando un proyecto nuclear militar?
Así es. Pero yo creo que Obama hacía la vista gorda así como John Brennan, su jefe de la CIA. Ambos sabían que los iraníes continuaban desarrollando un programa de armas nucleares. Netanyahu y su jefe del Mossad, Tamir Pardo, sabían que Teherán mostraba la cara amable a Rafael Grossi, jefe de la Agencia Internacional de Energía Atómica de la ONU (OIEA), mientras trabajaban en secreto en Natanz, Fordow, Isfahán, Arak o Parchin.
El robo masivo de documentos secretos relacionados con el programa nuclear iraní en enero de 2018 por parte del Mossad demostró que Teherán negociaba con Obama mientras su agencia de energía atómica se dedicaba a enriquecer uranio, a la investigación y la fabricación de combustible nuclear, o a la producción de plutonio apto para armas.
La obsesión del Mossad, explica el libro, es "retrasar" el programa nuclear iraní 'decapitando' a los científicos que trabajan en él.
Michael Hayden, exdirector de la CIA, dijo que, a su juicio, las muertes de los científicos habían tenido un gran impacto en el programa nuclear iraní. El Mossad ha liquidado hasta el día de hoy a más de una veintena de científicos relacionados con el programa nuclear.
Además del asesinato en 2020 de Mohsen Fakhrizadeh, la figura clave del programa de armas, Israel llevó a cabo las operaciones 'Boda Roja' y 'Narnia' durante la Guerra de los Doce Días en 2025 en las que liquidaron a quince o dieciséis científicos de un solo golpe.
Se dice que muchos científicos han recibido suculentas ofertas para unirse al programa nuclear iraní, pero han rechazado las ofertas por miedo a ser asesinados por el Mossad.
¿Hasta qué punto se puede considerar que han tenido éxito, cuando aún conservan 450 kilos de uranio enriquecido?
La OEIA precisa que no es lo mismo tener 450 kilos de uranio enriquecido al 60 por ciento, el límite para uso civil, que tener 450 kilos enriquecidos al 90, el nivel necesario para uso armamentístico. Tal vez a Israel le interesa mantener la información sobre los 450 kilos para mantener cierta 'legalidad' para sus bombardeos contra instalaciones nucleares en Irán.

El periodista Eric Frattini.
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¿El conflicto Israel-Irán ha sido un campo de pruebas para la 'guerra híbrida' que actualmente afecta a Europa?
Lo que ha llevado a cabo Israel desde 2002, con Ariel Sharon como primer ministro y Meir Dagan como director del Mossad, no es una ‘guerra híbrida’. Es una guerra absolutamente convencional. Cumple perfectamente los criterios: ‘Abierto’ ya que existe un enfrentamiento militar declarado; ‘Simétrica’ cuando los adversarios emplean fuerzas y métodos militares comparables; y ‘No Cinética’ por el uso directo de operaciones cibernéticas o de influencia.
La ‘guerra híbrida’ es lo que está llevando a cabo Marruecos contra España. Envió 82 mil ciudadanos a cruzar nuestra frontera ilegalmente creando una 'invasión', tan solo para conocer cuál será la reacción militar de España. Como nuestro país no actúa ni políticamente, ni diplomáticamente, ni económicamente, ni militarmente, llevó a cabo otro acto de guerra híbrida. Desplegó el 16 de octubre entre 12 y 15 buques de guerra frente a Ceuta.
Rabat continuará llevando a cabo acciones cada vez más agresivas. Solo una respuesta contundente hará que se lo piense mejor. Políticamente, llamando a consultas a nuestro embajador. Diplomáticamente, llevando el caso de la 'invasión' a Bruselas, Londres, París y Washington. Económicamente, recortando cualquier ayuda financiera a Marruecos. Militarmente, reduciendo la cooperación militar y de Inteligencia, y fortificando nuestros puestos fronterizos.
Tras el 7-O, y especialmente ahora ahora en elecciones, los israelíes piden cuentas a sus servicios de Inteligencia por no prever adecuadamente el ataque de Hamás.
Yo he vivido cuatro años en Israel como corresponsal y viajo al menos cada dos años. Si me preguntas a nivel personal, te diré que no me creo que los aparatos de seguridad e inteligencia de Israel, el Shin Bet, el Mossad, el Aman o la División de Inteligencia de la Policía, no supieran absolutamente nada del preparativo de ataque por parte de Hamas a territorio israelí.
Yo entré por vez primera en Gaza en 1989 y la última en 2024. La conozco bien, y no me lo creo. Otra cosa es que no calcularan la importancia y envergadura del ataque.
En fuentes de Inteligencia, se dice que el GIS egipcio y el SSD emiratí advirtieron a Israel de que habían detectado un aumento de movimientos militares por parte de Hamas, pero al parecer se hizo caso omiso de las advertencias. Muy misterioso, sabiendo que nada se mueve en Israel o los territorios sin que el Shin Bet lo sepa.

El periodista Eric Frattini.
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¿Trump y Netanyahu tenían distintos objetivos cuando lanzaron los ataques del 28 de febrero? Se habló de 'cambio de régimen' el primer día y el tema nuclear no se planteó hasta días después.
Desde la Guerra de los Doce Días, tanto Netanyahu como el memuneh [jefe del Mossad] David Barnea intentaron convencer a Trump y a John Ratcliffe, director de la CIA, de ir conjuntamente a la guerra contra Irán. Pero Trump acababa de llegar a la Casa Blanca en su segundo mandato y no quería una crisis abierta en Ormuz. Cuando Israel avisó de que tenían a tiro al líder supremo de Irán, Trump dijo 'No'.
En febrero de 2026, Israel volvió a tener a tiro a Jamenei. En esta ocasión no pidieron permiso y se lanzaron al ataque bajo la operación 'Rugido del León'. El ataque coordinado por el Mossad, la Unidad 8200, los hackers del ejército y las Fuerzas Aéreas Israelíes (IAF) dieron como resultado la liquidación de toda la cúpula de la República Islámica de Irán.
Fue un golpe maestro. Murieron el propio Jamenei; Aziz Nasirzadeh, ministro de Defensa; Mohammad Pakpour, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria; Abdolrahim Mousavi, jefe del Estado Mayor; Ali Shamkhani, asesor de seguridad del líder supremo; Mohammad Shirazi, responsable de la oficina militar; Saleh Asadi, alto responsable de inteligencia militar; Hossein Jabal Amelian, vinculado a la investigación nuclear; y al menos otros 30 altos cargos religiosos, civiles y militares.
Finalmente, ¿en qué estado se encuentra la relación entre el Mossad y la Inteligencia española, el CNI?
Se trata de una relación histórica, muy estrecha y de gran comunicación. Incluso con la inteligencia de la Guardia Civil y la Policía Nacional. La CIA y el Mossad recurrieron a nuestro Centro Nacional de Inteligencia para ayudar a desertar a un científico norcoreano que había trabajado en el programa nuclear de Irán.
También relato un encuentro entre Meir Dagan y Alberto Sáiz, director del CNI bajo el gobierno de Zapatero, debido a que los israelíes habían detectado dos barcos que habían partido de puertos africanos con material nuclear prohibido por la OEIA con destino a Irán. Al parecer los barcos fueron interceptados por la Guardia Civil a petición de Israel.
El Mossad ha sido siempre un gran aliado desde la época de la guerra contra ETA. La CIA y al Mossad ayudaron a la Guardia Civil en la operación que desveló los famosos 'papeles de Sokoa', uno de los hallazgos documentales más importantes en la lucha policial contra ETA. Se descubrieron el 5 de noviembre de 1986 en una cooperativa de muebles situada en Hendaya, cerca de la frontera española.
¿Está rota la relación? Israel ha insinuado que podría haber ayudado a España con la crisis de Ceuta si compartiesen información.
La relación debe ser complicada cuando miembros de nuestro gobierno lanzan discursos antisemitas, anti-israelíes, pro-Hamás e insultantes contra la figura de su primer ministro. Pero hay que tener cuidado: lo que sí se ha estrechado de forma muy importante son las relaciones entre el Mossad y la DGED y DGST marroquíes.
También entre Tel Aviv y Rabat, y entre el rey Mohamed VI y Benjamín Netanyahu. Barnea tuvo una relación muy estrecha con Mohammed Yassine Mansouiri (DGED) y con Abdellatif Hammouchi (DGST). Entiendo que ahora el nuevo memuneh, Roman Gofman, también mantendrá esas relaciones.
En estos momentos Rabat negocia la adquisición a Israel de misiles antiaéreos, drones de ataque como los Heron 1, los Hermes 900, plataformas WanderB, misiles balísticos LORA de más de 400 km de alcance, o la adquisición de satélites israelíes de reconocimiento militar tipo Ofek-13, desarrollado por Israel Aerospace Industries (IAI). Marruecos no está perdiendo el tiempo. España sí.